miércoles, enero 10, 2007

EL SOÑADOR

EL 3 DE ENERO DE 2005 FALLECÍA EN FLORIDA, A LOS 87 AÑOS, EL CREADOR DE "THE SPIRIT". HASTA HACÍA BIEN POCO, SU BUENA SALUD LE PERMITÍA MANTENER UNA ASOMBROSA ACTIVIDAD: PUBLICABA UN ÁLBUM AL AÑO, VIAJABA A SALONES INTERNACIONALES Y SEGUÍA ENTREGANDO ANUALMENTE LOS PREMIOS DEL CÓMIC NORTEAMERICANO QUE LLEVAN SU NOMBRE, EL DE UNO DE LOS HISTORIETISTAS MÁS IMPORTANTES DE LA HISTORIA. SOBRE SU MESA, UN NUEVO ÁLBUM YA TERMINADO, “THE PLOT”, AÚN INÉDITO. PERO NADIE ES ETERNO. ¿O SÍ?

Las cosas se empezaron a torcer a mediados del pasado mes de diciembre, cuando Will Eisner se vio obligado a someterse a un cuádruple by-pass. Su recuperación posterior estaba siendo satisfactoria... hasta una inesperada complicación coronaria. No hubo funeral, por expreso deseo de Eisner. “Will y yo odiábamos los funerales”, declaró su esposa Ann.


“¿PERO QUIÉN ERA ESE TAL EISNER?”

Como si del comienzo de “Ciudadano Kane” se tratase, vamos a intentar recomponer las piezas del rompecabezas Eisner para saber quién fue y qué hizo con su vida. Anécdota 1: al día siguiente de su muerte, un amigo periodista me contaba, con exasperación, que su jefe en el periódico casi no le deja dedicar a su obituario la primera página de la sección de Cultura. “¿Pero este tío era tan importante como para eso?”. Anécdota 2: en la redacción de otro importante periódico local quisieron ilustrar un texto sobre The Spirit. Buscaron algo en Google... y publicaron una imagen de la película de animación “Spirit” (sí, la del caballo). No me lo invento, está impreso. Y estamos hablando de uno de los cuatro historietistas más influyentes de la historia -los otros tres serían posiblemente Hergé, Jack Kirby y Osamu Tezuka-, y el único que quedaba vivo de la época dorada de los cómics, cuando se vendían por centenares de miles. No cuento esto a modo de lamentación, al contrario: cuando el joven Eisner empezó, el cómic era mucho menos digno y muchísimo más infantil que hoy día, y eso no le impidió dedicar su vida a él. Precisamente, si en la actualidad el medio vive, no tengo la menor duda, el mejor momento artístico de su historia, es gracias a pioneros como él.

William Erwin Eisner nació en Brooklyn un 6 de marzo de 1917. Hijo de judíos emigrantes, creció en los tenements del Bronx, esos ingentes bloques de apartamentos cuya vida vecinal retrataría en sus obras de madurez. Se le dio bien el dibujo desde pequeño, y con 19 años publicó su primera historieta en una revista, `WOW What a Magazine!´, que cerraría poco después. Inasequible al desaliento, Eisner creó junto a Jerry Iger un estudio para producir comic-books donde el artista llegó a firmar con cuatro seudónimos distintos para aparentar que contaban con más dibujantes en plantilla. El estudio tuvo éxito y creció: por la factoría Eisner-Iger pasaron jóvenes artistas luego famosos, como Jack Kirby, quien tres décadas después revolucionaría el género de superhéroes, o Bob Kane, creador de Batman. Este período inspiró buena parte de la novela de Michael Chabon “Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay” (Mondadori), y el propio Eisner lo contó en su inolvidable álbum autobiográfico “El soñador” (1986, Norma): en una de sus viñetas, su socio se preocupaba de que los dibujantes del estudio no dieran abasto. Un trasunto de Eisner respondía: “¡Oh, lo harán! ¡Porque los cómics son fantasías, sueños hechos por soñadores...! Para ellos, esto no es trabajo. ¡Es lo que más les gusta hacer!”.

TODO POR UN SUEÑO

Sin embargo, y aunque el estudio iba viento en popa, en 1939 Eisner vendió su partipación a su socio y se marchó. “Ha sido una buena sociedad -decía Eisner en “El Soñador”-... pero para mí hay algo más que el dinero”. El joven neoyorquino tenía un sueño, el de llegar no sólo al público infantil, también al adulto. Por eso aceptó una oferta para producir un novedoso suplemento dominical en formato comic-book que se distribuiría en periódicos de todo el país, para el cual crearía en 1940 al personaje y la serie que le haría famoso, "The Spirit": un detective enmascarado que no tenía superpoderes, porque la idea era humanizarlo frente a otros héroes coetáneos. Así explicaba Eisner sus motivaciones de aquella época: “Quería conseguir un nivel de calidad que elevara el estándar de los cómics, un trabajo de valor literario. Era, en más de un sentido, un explorador. Y estaba decidido a que mi experimento con un nuevo tipo de cómic tuviera éxito”.

En 1942, era llamado a filas y dejaba “The Spirit” en manos de otros artistas. Trabajó en el Pentágono como dibujante de material para entretenimiento y adiestramiento de las tropas, y, tras la guerra, regresó a la serie, reclutó a ayudantes de la talla de Jules Feiffer o Wally Wood y continuó con las historias semanales de siete páginas: Spirit era cada vez más un antihéroe y una excusa para probar nuevos géneros -negro, costumbrismo, humor social, ciencia-ficción-, narrar historias cada vez más realistas -con temas como la injusticia social, la corrupción política o la caza de brujas- y experimentar intensamente con la forma: si ya en la primera etapa era evidente la intención innovadora con unas angulaciones e iluminaciones expresionistas, fue en estos años cuando la serie alcanzó su paroxismo vanguardista, jugando con los planos, las elipsis, el ritmo, las onomatopeyas o los textos integrados en el dibujo. “The Spirit” se hizo tan popular que incluso se decía que había influido en el cine de Orson Welles, aunque algunas malas lenguas afirmaran luego que uno de los que divulgaron ese rumor fue el propio Eisner. Pero ya se sabe, entre la realidad y la leyenda, quedémonos con la leyenda.

Entretanto, nuestro emprendedor hombre no perdía el tiempo. Creaba otros personajes como John Law, y fundaba una compañía para producir historietas publicitarias y didácticas. Dedicado a ello, Eisner fue abandonando “The Spirit” en manos de sus ayudantes hasta que el suplemento desapareció en 1952. La compañía, en cambio, subsistió hasta los años setenta.

BORN AGAIN

A principios de esa década había un nuevo revival de “The Spirit” -la serie nunca ha dejado de reeditarse- y los editores querían que Eisner produjese material nuevo del personaje, pero él no estaba demasiado interesado. Para el autor, aquello era el pasado, “las fantasías heroicas de mi juventud”. Él ya miraba en otra dirección. Se había fijado en nuevos autores como Robert Crumb y Gilbert Shelton, que estaban captando la atención del público adulto. Así que regresó en 1978, acuñó el término de "novela gráfica” y publicó “Contrato con Dios” (Norma), un cómic en formato libro con historias costumbristas para adultos. Le siguieron, hasta su muerte, casi una veintena de obras (Norma ha publicado aquí la mayoría) cortadas por un patrón parecido, a menudo de protagonismo coral y con las relaciones humanas en la urbe de fondo: la dignidad humana alzándose ante las miserias de la vida, en palabras del autor.


EL MAESTRO

Eisner también desarrolló una trascendental faceta como docente del cómic. Directamente, porque durante años impartió clases en la Escuela de Artes Visuales de Nueva York, una experiencia que volcó en dos libros teóricos, “El cómic y el arte secuencial” (1985, Norma) y “La narrativa gráfica” (1996, Norma). Indirectamente, porque también ejerció el magisterio a través de sus cómics: Frank Miller, Art Spiegelman o Alan Moore, entre tantos otros autores, nunca se han cansado de repetir su admiración y reconocerle como principal influencia. Sí, es cierto que a Eisner le molestaba que los críticos de arte nunca hubieran reconocido estatura artística a un medio que él denominaba Arte Secuencial. “Los historietistas han vivido con el estigma de Caín", afirmó en una ocasión. Pero a quién le importa eso, cuando uno ha hecho con su vida justo lo que quiso hacer.
¿Alguien se atreve a imitarle? Sólo “basta” con querer de verdad cumplir los propios sueños...
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PEQUEÑOS MILAGROS

“THE SPIRIT”
(1940-1952; NORMA)

La madre del cordero. Lo que en su día fue una serie experimental estaba sentando las bases de la narrativa gráfica moderna, reinventando un lenguaje que no imitaba ni al cine ni a la novela ilustrada. La actual edición de Norma, aún en curso, será completa. Y la sensación releyéndola es siempre la misma: fascinación por su frescura e inventiva formal, emoción por su humanidad y aliento poético intransferibles. Al habla Spirit, transmitiendo desde Central City hacia el futuro.

“CONTRATO CON DIOS”
(1978; NORMA)

Cumplidos los 60, cuando se le daba por retirado, Eisner regresó con una nueva forma de historieta bajo el brazo, más libre aun si cabe. Prescindiendo del marco de la viñeta y usando las páginas como compases del ritmo, Eisner narra cuatro historias sobre los antiguos tenements del Bronx. Y la procesión, por dentro: el protagonista de la pieza que da título al álbum es un judío cuya hija acaba de morir; Eisner había perdido a la suya, Alice, en 1969. Ahora el autor ha sido enterrado junto a ella.

“VIAJE AL CORAZÓN DE LA TORMENTA”
(1991; NORMA)

Su obra más abiertamente autobiográfica y uno de sus mejores trabajos de madurez. Un tebeo-río de más de doscientas páginas sobre su juventud y su familia, narrado en flashback por el recluta Eisner mientras marchaba a filas. El dibujo es más suelto que nunca y las composiciones de página estallan imaginativamente; de fondo, el antisemitismo de la época y los preliminares de la II Guerra Mundial. La tormenta estaba a punto de estallar.

“LA AVENIDA DROPSIE”
(1995; NORMA)

El río se ha convertido en un caudaloso torrente. A lo largo de todo un siglo, asistimos a la vida y muerte de un barrio entero del Bronx; por él desfilan un abrumador número de personajes cuyas pequeñas historias -contadas en apenas unas pocas páginas- funcionan como maqueta a escala de la Historia del país: conflictos raciales y religiosos, especulación, mafia, II Guerra Mundial, Vietnam. Y por encima de todo, lo que siempre ha interesado al autor: mostrar del modo más honesto la condición humana.


“LAS REGLAS DEL JUEGO”
(2001; NORMA)

El nombre del juego es matrimonio. A través de tres generaciones, Eisner indaga en la miseria de la pareja, las apariencias sociales y esa capacidad del vil metal para corromperlo todo. Uno de sus trabajos más descarnados, sin rastro de moralina ni de esa sensiblería que al parecer viste tanto ahora en los medios. Como decía el autor durante su última visita al Salón de Barcelona en 2003, “no quiero predicar lo que deben pensar los demás, sólo mostrar lo que sucede. Me considero un reportero, un cronista de la vida”.
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Las demás obras en castellano:
“Águila azul” (1936-39; Norma), "Vida en otro planeta" (1983; Toutain Editor), “New York City” (1985; Toutain), “El soñador” (1986; Norma), “El edificio” (1987; Norma), “Una cuestión de familia” (1998; Norma), “El último día en Vietnam” (2000; Norma), “Pequeños milagros” (2001; Norma), “Don Quijote” (2000; Norma), “Moby Dick” (2001; Norma), “Fagin el judío” (2003; Norma), “La conspiración” (2005; Norma)
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HABLANDO DE EISNER

ART SPIEGELMAN
“Exploró las posibilidades educativas de los cómics: el cómic como herramienta para enseñar. Y ganó suficiente dinero en este ámbito para volver a lo que realmente le motivaba: crear arte y literatura a partir de los cómics (lo cual es todavía más difícil que ganarse la vida con ellos), crear cómics para adultos y hacerlos dignos de ser leídos por adultos. Will, gracias por tu ejemplo imperecedero. Cuando sea mayor quiero ser tan joven como tú”.

JEAN-CLAUDE MÉZIÈRES
“No conocí su trabajo hasta que le dieron el Gran Premio de Angoulême en 1975. Ahí nos presentaron y fue cuando descubrí su obra, su talento, su encanto. Después nos vimos otras veces, cuando le visité en Nueva York o él vino a Europa. Su estilo me gustó inmediatamente, mitad realista, mitad caricatura, un poco como el mío, siempre al servicio de la narración. Hace unos meses, cuando se publicó en Estados Unidos un álbum de `Valérian´ con una frase suya en la portada, Will me envió una nota muy agradable y quedamos en vernos pronto. Ahora me siento triste. Otro gran artista del cómic y amigo se ha ido.”

MAX
“Will Eisner ha sido uno de los cinco grandes de la historieta de la segunda mitad del siglo XX. El inventó el héroe que no era súper. El inventó gran parte de los más audaces recursos del lenguaje narrativo-gráfico del tebeo. El inventó la novela gráfica como género. Y, sobre todo, no envejeció nunca. Nunca se repitió a sí mismo y estuvo siempre, hasta el último minuto, explorando más allá de lo que ya sabía hacer. Muy pocos como él en el mundo de los tebeos…”

MANEL FONTDEVILA
“Eisner es la narración precisa, la luz, el sentido del humor, la arquitectura del personaje. Y es, sobre todo, la libertad. Cada capítulo de ‘The Spirit’ es un ejercicio febril de libertad creativa. Y esa libertad, esa sensación de artista explorador avanzando en territorio virgen que aún hoy producía leer un cómic de Eisner es, quizás, el daño más irreparable que produce su pérdida. Y un testigo que nadie está recogiendo, por qué no decirlo”.
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El pasado 3 de enero se cumplían dos años de la muerte de Will Eisner (1917-2005), y he aprovechado la ocasión para recuperar este texto que se publicó a doble página, con algún recorte por motivos de espacio, en la revista Rock de Lux (febrero de 2005). Entre las declaraciones que recabamos sobre Eisner, comentar que la de Spiegelman se consiguió gracias a la ayuda de Max, y que la de Manel se quedó sin publicar por falta de espacio, pero ahora la hemos rescatado aquí.

7 comentarios:

tintacruel dijo...

Muy buen blog, adelante
Tinta Cruel

Señor Punch dijo...

como recuerdo el artículo, lo doy por leído para comentar (ya se leerá con tiempo de nuevo;))
Cuando nos metemos en según qué divagaciones sobre el estado de la historieta hoy, cuando tiramos chinas contra la importancia del pasado de los tebeos...quizá deberíamos, antes, leer a Eisner. Aconjonarnos por su genio, su humanidad, su sinceridad, su magisterio al dibujo y su cota inalcanzable como narrador (otras vías son posibles, pero él llevó la "normal" -lo es, guste o no, por mera estadística- a su culmen, y nadie le hace sombra en su terreno).
Eisner fue lo mejor que le pudo pasar a los cómics. Eisner definió el medio, lo hizo adulto y dió con su obra un punto de partida para ir más allá. Oxígeno para crecer otro siglo. Hoy lo estamos viendo: el presente no sería el mismo sin Contrato con Dios. El cómic sería otro sin Spirit.

Caron dijo...

De hecho, sus propios compañeros de profesión se reían de él cuando sugería que el cómic era un arte.

Y aún quedan autores que piensan así, ojo.

santibilbo dijo...

Y críticos,Caron.Vidal Folch y Ramon de España lo calificaban como un tío simpático y gracias; y eso que escribían su canon desde el punto de vista de la narratividad.Ahí queda eso.
Por lo demás voy a dejar dos anzuelos colgando: Eisner funcionaba mejor en el vuelo corto y en el retrato coral.Y yo admirando mucho eso ,creo que le faltó profundizar en sus personajes y darles poso(cosa que sí que consigue Schultz,para mí, en mi ignorancia,el más grande).y LO DIGO PORQUE PARA MÍ, Eisner,TECNICAMENTE HA SIDO el autor más dotado para hacer el Guerra y Paz de la historieta
La otra cuestión es que flipando en colores con sus novelas gráficas, me gusta mucho más el eisner viñetero,pues es el que mejor ha utilizado ese recurso hasta los nuevos vanguardistas de los que tanto se habla aquí(que en eso son unos hachas,sí señor).y muy bueno el artículo

JCP dijo...

" me gusta mucho más el eisner viñetero,pues es el que mejor ha utilizado ese recurso"

te refieres a Spirit, ¿no? Porque en algunas de sus novelas gráficas utiiza más la página que la viñeta en sí. Si te he entendido bien.

santibilbo dijo...

Exactamente.

santibilbo dijo...

La superpágina,que decía él.Y PREFIERO LA VIÑETA ENMARCADA,aunque también admire que se escapen a veces