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domingo, diciembre 16, 2007

HERRIMAN EN SU SALSA


Viñetas de George Herriman de principios del siglo XX para L.A. Examiner, concretamente de 1906. Hay más en Stripper's Guide


(gracias, Rubén)

domingo, septiembre 09, 2007

VUELVEN LOS CLÁSICOS

Las nuevas ediciones de cómics clásicos americanos. Ayer en el suplemento cultural ABCD, junto a una reseña de la colección teórica DEL TEBEO AL MANGA. Pincha:

domingo, abril 29, 2007

SER CAPAZ DE COMPRENDER LO NUEVO

–Falta de referencias para comprender la creación más joven. Es éste un reproche grave, respecto al que todo crítico deberá mantenerse alerta, y que plantea la conveniencia de buscar mecanismos de regeneración por parte de quienes regentan los espacios en que la crítica opera. La mayor virtud que puede adornar a un crítico es el olfato para lo nuevo, y no sólo para “lo bueno”; su mayor hazaña será la construcción de un lenguaje de acogida para la recepción de aquello que, por dilatar el campo de la sensibilidad establecida, carece todavía de un registro público. Con todo –y como no he dejado de decir en más de una ocasión–, una de las funciones menores de la crítica, puestos en lo peor, sería la de actuar como obstáculo, como frontón mediante el cual la sociedad y la época se defienden de las transgresoras innovaciones del joven artista. Éste se forjará, para bien y para mal, en la perseverancia y en la entereza que emplee ya en imponerse, ya en adaptarse a las convenciones con que la crítica de su tiempo lo juzga.

(Ignacio Echevarría, crítico literario)

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ACTUALIZACIÓN

Como me interesa debatir este tema, lo comento echando un poco de carnaza. Es éste un problema muy antiguo: cuando un creador es realmente innovador, en muchas ocasiones -no en todas, no hay que generalizar- no es comprendido en su momento sino sólo con posterioridad, precisamente porque no puede ser juzgado con arreglo a los parámetros de su época -las convenciones ya asumidas-, al haber sido capaz de trascenderla y adelantar logros artísticos hacia un nuevo paradigma que sólo al cabo de los años serán plenamente entendido y asimilado por la mayoría de la "comunidad artística" (autores-espectadores-críticos). Y no siempre el crítico tiene la capacidad de comprender esas propuestas nuevas, limitados en tantas ocasiones a aplicar una y otra vez los mismos paradigmas ya consensuados, incluso a obras que por su trasgresión y carácter innovador no se ajustan a ellos porque han creado el suyo propio.

¿Ejemplos concretos? Hay muchos. Está el caso tópico pero significativo, tantas veces se ha repetido aquí en los debates, de Hitchcock. Ninguneado en su momento por buena parte de la crítica, que no sólo era incapaz de entender sus logros artísticos sino que además los despachaba como el producto de un artesano de lo comercial, su consideración artística sólo empezó a cambiar desde que voces francesas como François Truffaut (luego también director de cine), entre otros, reinvindicaron a quien hoy es considerado uno de los mejores autores de toda la historia del cine.

¿Ejemplos en el cómic? Propongo algunos:

Uno.

Las primeras páginas se publicaron en la revista Muchas Gracias. Me habían encargado otra cosa pero no se me ocurría nada, me tomé una centramina, me quedé toda la noche trabajando y llevé página y media, que era el espacio que me habían dado. Era la primera historia, la que suele publicarse antes de los títulos. Y entonces la llevé en el momento en que la revista entraba ya en máquinas. La llevé, la leyeron y no entendieron nada, pero no podían hacer nada ya y la metieron. La semana siguiente hice lo mismo, y me parece que la segunda historia también la publicaron. La tercera ya no, "Es que esto es una cosa muy deprimente". Curiosamente los mejores trabajos que he hecho o que más éxito han tenido a la larga, han sido los que el editor de turno no los ha querido ni ver, no los ha entendido.

--Carlos Giménez, sobre las primeras páginas de esta obra publicadas en 1977, entrevistado por David Muñoz y Antonio Trashorras en la revista U (número 9, 1998)--

Dos.

Sólo un puñado de bienaventurados que reconocen y disfrutan de la obra de los genios allí donde la encuentran (...) van a romper la hucha con alegría para comprar la más reciente colección de las crónicas de Coconino, sabedores de que el tomo recopilatorio es lo mejor que van a poder hallar este año en las librerías.

(...) Pero, si es un cómic tan manifiestamente delicioso, por lo menos para un grupo de lectores -y escribo manifiestamente, ya que la mayoría de ustedes han disfrutado ya de las páginas de Herriman mucho antes de ojear esta introducción-, tan irónico, áspero y poético, ¿por qué no despertó el interés de tantísimo lector inveterado de tiras de prensa que se deleitaba con las logradas, brillantes e imaginativas páginas de Gasoline Alley, Bringing Up Father y Popeye, de E.C. Segar? La respuesta casi universal es que esos lectores no entienden el cómic ni a los personajes. Afirmaban (y afirman) que el tema de Ignatz pegando ladrillazos a Krazy resultaba reiterativo y que no eran capaces de entender la mayoría de los chistes. Lo peor de todo era que no encontraban nada atrayente (es decir, chulo) en los personajes, como era de esperar en una tira de animales graciosos. Esos lectores se hallaban muy lejos del espíritu de este cómic. Por eso, se enojaban y escribían virulentas cartas a los redactores de las secciones de entretenimiento de los rotativos involucrados. La mayoría de estos diarios -en apariencia valientes al publicar una tira de esas características- pertenecían a la cadena de periódicos de William Randolph Hearst, el joven y temible magnate de la prensa, que admiraba con fervor a Krazy Kat y que debía enfrentarse continuamente a sus editores. Estos le imploraban que les permitiera eliminar la irritante tira por culpa de la cual recibían un sinnúmero de cartas de protesta contra aquel desconcertante cómic, cartas difíciles de responder, ya que ellos mismos lo encontraban desconcertante. Las cartas quedaban sin contestar y el edicto de Hearst prevalecía: el cómic de Kat permaneció en sus periódicos durante décadas. Por supuesto, también hubo muchos lectores que compartían la opinión de Hearst; algunos vivían en el extranjero y procuraban encontrar a quien les recortara y enviara "los kats". Eran lectores de la talla de Gertrude Stein, Ernest Hemingway, Cummings, T. S. Eliot, y otros personajes conspicuos que apreciaron de inmediato el talento de Herriman. Compraron, valoraron, escribieron y hablaron de los libros -pocos y difíciles de conseguir- en que se recogían las tiras, y seguían sus apariciones en los periódicos cuando les resultaba posible.


--Bill Blackbeard, en la introducción al primer volumen de la nueva edición de Fantagraphics/Planeta DeAgostini de KRAZY KAT--

Tres.

Este tebeo reciente, mayoritariamente incomprendido, ignorado por buena parte de la crítica, un "auténtico truño" para muchos aficionados. Que bien podría ser uno de los máximos logros artísticos de sus creadores y una obra adelantada al menos diez años a su tiempo por muchas y diversas razones.

viernes, enero 19, 2007

"EN GLORIOSO BLANCO Y NEGRO"


Pero, estos colores tan básicos y limitados de KRAZY KAT, ¿no son demasiado chillones y psicodélicos, como los de SPIRIT? ¿No sería mejor editar esta página de Herriman de 1943, cuando toque hacerlo, en blanco y negro, para disfrutar mejor del dibujo?

jueves, enero 18, 2007

ES UNA LATA EL ROTULAR

Todos los días te tiés que levantar...


































































Y
cuida-
do
con
pedir-
me
momen-
tos.

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Actualización En episodios anteriores...

NO ESTAMOS LOKOS

Esta nueva y jugosa recopilación de una de las más geniales tiras de prensa norteamericanas abarca dos años completos de la inimitable obra de George Herriman, una creación equiparable a las películas de Charlie Chaplin o a la prosa de Mark Twain y Bill Faulkner. Es muy probable que esta compilación sea deficitaria a pesar de que la tira está considerada como la más original de todos los tiempos. Es de sobra conocido que Krazy Kat apenas vende. El mundo académico de los estudiosos literarios -el que dinamiza la prensa universitaria- no logra superar el escollo de que Krazy Kat sea un tebeo, y, por consiguiente, a sus ojos no merece una reimpresión ni el reconocimiento por parte de la crítica. Por otro lado, unos contenidos aparentemente estrafalarios -los que forman la urdimbre y la esencia de la genialidad del cómic- desconciertan al público consumidor de libros. (...) Sólo un puñado de bienaventurados que reconocen y disfrutan de la obra de los genios allí donde la encuentran -en este caso, los aficionados de toda la vida a Krazy Kat- van a romper la hucha con alegría para comprar la más reciente colección de las crónicas de Coconino, sabedores de que el tomo recopilatorio es lo mejor que van a poder hallar este año en las librerías. Por desgracia, cuando hay una nueva edición disponible de Kat, este grupo de privilegiados no llena las arcas de la editorial en la cuantía suficiente para rentabilizar la publicación.


Por eso, duele decirlo, las editoriales han ofrecido simples migajas -y aún esas a regañadientes- de una obra inconmensurable y preciosa como es Krazy Kat durante los cincuenta y tantos años posteriores a la muerte de George Herriman. Se han reimpreso un total de catorce libros que no recogen ni la tercera parte del material original aparecido en los periódicos. Las obras completas de Faulkner y Twain descansan cómodamente en los tomos de la American Library, todos los largometrajes de Chaplin y W. C. Fields se encuentran disponibles en vídeo o DVD, pero las tiras de Herriman sólo se encuentran en una única colección de periódicos, la de la San Francisco Academy of Comic Art. Las estanterías del mundo entero albergan hasta la fecha meras muestras de la obra cumbre del artista. Reconozcámoslo, asumir la reimpresión total de los diecinueve años restantes de las planchas dominicales y otros treinta y cinco años de los episodios diarios pondría al borde de la quiebra a cualquier institución o editorial que no hubiera recibido una subvención igual a la de la Fundación Rockefeller. En ese estado de cosas, debemos conformarnos con la munificencia esporádica de un libro como este y la promesa de que en años venideros aparecerán otros similares si surge un público lo bastante sofisticado y entregado como para apoyar un proyecto tan arriesgado. Estaríamos locos si no tuviéramos la esperanza de que así fuera.

(...)
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Bill Blackbeard, ¡¡DIANTRE, PERO SI ESE "LOKO" ES KAT!!, en la introducción al primer volumen de KRAZY KAT, edición española de Planeta DeAgostini (traducción de José María Pallarés y Sue Burke). Me quedo con esto: Por otro lado, unos contenidos aparentemente estrafalarios -los que forman la urdimbre y la esencia de la genialidad del cómic- desconciertan al público consumidor de libros. Su forma y contenido (añado la cuestión formal, que me parece esencial) "caricaturescos" y "estrafalarios" constituyen lo propio e intransferible del medio, lo que le hace único. Desgraciadamente, esa verdad esencial sobre el cómic no siempre se ha entendido en ocasiones, ni siquiera por algunos de nosotros, los propios aficionados; ni siquiera por algunos autores que, en determinados momentos, se extraviaron buscando el reconocimiento para el cómic por caminos ajenos y extraños a esa esencia: lo seudoliterario, lo seudopictórico. Etcétera. Afortunadamente, el tiempo todo lo pone en su sitio y algunas cosas empiezan a quedar claras.



Actualización Dos enlaces lokos que copia vm en comentarios (gracias):
uno
dos

Más enlaces:
Coconino World
Krazy.com
Ignatz
Krazy Kat al teatro