KIKI

Kiki de Montparnasse. Un nombre cuya sola mención evoca el París de entreguerras, de esos tiempos de bohemia y creatividad sin límite donde las terrazas de La Closerie des Lilas o del Dôme acogían apasionados debates entre los artistas del movimiento dadá y los que abrazaban el surrealismo. Años de encantadora locura que acogerían a una jovencísima Alice Prin, recién llegada de provincias para quedar subyugada por la actividad incesante de la ciudad. Trabajando de modelo para diferentes artistas, pronto comenzó a ser la protagonista principal de la vida del barrio, transformándose a sí misma en un personaje que se convertiría en el símbolo y espíritu de una época: Kiki de Montparnasse. Su figura se alza como un eje conector entre dadaístas y surrealistas, pintores, escultores y fotógrafos. De Tzara a Fujita, de Cocteau a Man Ray, de Modigliani a Léger. La rabiosa experimentación de esos años, siempre a la caza de nuevas formas e imágenes que rehusaban la catalogación y la repetición de esquemas, coincide paradójicamente en la presencia de esta mujer de arrebatadora personalidad.
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Álvaro Pons, hoy en el Babelia de El País. Sigue leyendo
