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martes, junio 03, 2008

LA EDAD DE ORO ES AHORA MISMO

Ya no es noticia que los cómics han crecido. Una forma que antaño era solamente la provincia para el entretenimiento de los niños llena ahora las estanterías con trabajos brillantes y maduros de artistas como Chris Ware, los hermanos Hernandez, Dan Clowes y Charles Burns, tratados con el tono antes reservado a los jóvenes novelistas emocionantes. La obra de los historietistas cuelga de las paredes de galerías y museos; hay una antología anual de The Best American Comics. Un personaje de un chiste del New Yorker de 2004 le decía a un montón de gente: “¿Ahora también tenemos que fingir que nos gustan las novelas gráficas”?

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Así comienza el primer capítulo del libro READING COMICS: HOW GRAPHIC NOVELS WORK AND WHAT THEY MEAN (Da Capo Press, 2007), de Douglas Wolk, crítico de cómics en The New York Times, Rolling Stone, The Washington Post o Pitchfork. El capítulo se titula concretamente WHAT COMICS ARE AND WHAT THEY AREN´T, y comienza con un epígrafe titulado como este post, THE GOLDEN AGE IS RIGHT NOW. Más del mismo capítulo (las negritas son mías):
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Hay un problema en el modo en que mucha gente habla sobre cómics: es muy duro hablar de ellos como cómics. Un error común en el modo en que son tratados por los críticos culturales es invocar “el género del cómic”. Tal como los historietistas y sus admiradores de toda la vida están cansados de explicar, los cómics no son un género; son un medio. Westerns, novela romántica decimonónica, cine negro: esos son géneros. Tipos de relatos con categorías específicas de temas y convenciones en su contenido y en su presentación (las historias sobre superhéroes también son un género). Narrativa en prosa, escultura, video: eso, igual que los cómics, son medios. Formas de expresión que tienen pocas reglas o ninguna respecto a su contenido, más que las más inequívocas impuestas por su propia forma.

Sin embargo, hay una razón para cometer ese error. Hasta hace unos veinte años, el modo en que casi todo el mundo veía al medio estaba íntimamente unido a un puñado de géneros. Eso es lo que hacía dinero para las grandes compañías de cómics-pulp: superhéroes, en su mayoría, pero a veces cómics de horror, románticos, de ciencia-ficción o de crímenes, cada cual con sus códigos familiares y sus fórmulas.

(…) Otro error común es afirmar que los cómics intelectuales, de algún modo, no son realmente cómics sino algo diferente (preferentemente con un nombre más lujoso, como abordaremos en el capítulo 3). Diferentes no sólo en la raza sino también en la especie de sus homónimos de la cultura de masas. Hay cierta conciencia de clase con la nariz-en-alto inherente en este argumento; es evidente, por ejemplo, en una reseña de Gloria Emerson en el número de The Nation del 16 de junio de 2003:: “Nunca he tenido el hábito de leer cómics”, escribía, “así que, al principio, estaba ligeramente sorprendida por Persépolis, de Marjane Satrapi. Pero es una artista de tanto talento y sus dibujos en blanco y negro son tan cautivadores, que parece erróneo llamar cómic a sus memorias. Más bien es una ‘memoria gráfica’ en la tradición de Maus, la brillante historia sobre el Holocausto de Art Spiegelman”. Si no ves qué hay de erróneo en el pasaje, imagínate comenzando: “Nunca he tenido el hábito de ver películas…”, y terminando con la afirmación de que, digamos, Syriana no es realmente una película sino una “narrativa cinemática” en la tradición de Salvar al soldado Ryan.

La confusión género/medio es un error de ignorancia, mientras que la táctica si-es-profundo-en-realidad-no-es-cómic se trata simplemente de un caso de esnobismo (en el sentido de querer establecer una distinción entre el gusto de uno y el gusto de la masa). Pero el mayor error arraigado en el lenguaje para escribir sobre cómics es tratarlos particularmente como si fueran extraños, o fallidos, ejemplos de otros medios. Los buenos cómics son descritos a veces como “cinemáticos” (si tienen algún tipo de amplio scope visual o imitan un tipo conocido de película) o “novelísticos” (si contienen detalles comentados agudamente, o simplemente lleva un buen rato leerlos). Esas pueden ser palabras descriptivas cuando se aplican a los tebeos. Es casi un insulto, sin embargo, usarlas como cumplidos. Usarlas como elogio implica que los cómics aspiran como forma (más o menos sin éxito) a ser películas o novelas.

miércoles, noviembre 14, 2007

LA TERMINOLOGÍA DE LOS CÓMICS


El blog de Newsarama propone como tema de discusión algo de lo que ya se ha hablado aquí en algunas ocasiones: la falta (o escasez) de una terminología específica para escribir sobre cómics, teniendo en cuenta además que en muchas ocasiones se utilizan términos apropiados de otras artes, en particular del cine. Las preguntas son, entre otras: ¿necesita el cómic un vocabulario propio? Si el cómic es un medio artístico autónomo, ¿necesitamos empezar a crear y aplicar nuestra propia terminología? A tales preguntas contestan varios críticos y bloggeros, que suelen coincidir en la necesidad de tener un vocabulario específico y propio. Por ejemplo, Derik Badman:

We need a vocabulary. Every serious discipline (arts, sciences, humanities) has a certain amount of jargon associated with it.

Por ejemplo, Matthias Wivel:

Language is always the challenge, isn’t it? For a critic of visual art this is an acute concern. How to convey, interpret and describe visual information. Text is more natural for text, which is ultimately why, I believe, many comics critics feel more comfortable writing about text, story and ‘content’ than the graphic side of the work.

Por ejemplo, Matthew J. Brady:

I will say that I do dislike the appropriation of language from other media (I hate the use of the term “camera angle” when discussing comics), unless it’s appropriate. And then there are times when I’m writing that I don’t know how to describe something, so I just make up a term (I know I probably overuse the word “cartoony”).

A mí tampoco me gustan los términos como "ángulos de cámara" aplicados al cómic, no sólo por la apropiación en sí sino porque parece dar a entender que el cómic es una disciplina artística subalterna al cine, cuando históricamente existe ANTES que los primeros cinematógrafos.

martes, octubre 23, 2007

ARTISTAS VERSUS CRÍTICA

Yo tiendo a considerar a los críticos (que me gustan, lo que normalmente coincide con que les guste yo) como colegas, con una mínima diferencia respecto a los colegas artistas: simplemente, su producto es diferente y se mueve en otro circuito, pero las ideas, la intención, la actitud, son similares. Pronunciándome sobre estos críticos que me gustan y a los que gusto, puedo decir: sí, cumplen un papel muy importante respecto a mi trabajo, son interlocutores muy necesarios para mi reflexión y para el progreso de mi trabajo. Sí, saben perfectamente y entienden de lo que hablan, faltaría más, mejor que yo en muchas ocasiones, hablando siempre con respecto a mi trabajo, claro está que es de lo que yo puedo opinar. De manera que sí, son buenos, necesarios, en ocasiones insustituibles, y de nuevo hablo exclusivamente de aquellos con los que tengo una afinidad ideológica. Pero sobre aquellos con los que no tengo ninguna, seguramente serán buenos y necesarios para otros.

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Dora García, en un artículo titulado ARTISTAS VERSUS CRÍTICA publicado en EL CULTURAL de El Mundo, donde varios artistas y un historiador de arte opinan sobre la situación de la crítica de arte actual. Eulàlia Valldosera: “es hora de que los artistas tomen la palabra” (más en el enlace).

domingo, septiembre 02, 2007

LA CULTURA DEL DITIRAMBO

Por lo demás, en América, América, uno percibe con nitidez que el ditirambo es la más cabal expresión del miedo a la verdad, y por tanto, a la muerte. Creía, digo, que aquí estaría relativamente a salvo de todo ello por una temporada, pero no: la enfermedad imperial se propaga como la encefalopatía espongiforme. La crítica cinematográfica de aquí, por ejemplo, le pisa miméticamente los talones a la de allá cuando ditiramba -perdonen el neologismo- con estrellas sin cuento El últimatum de Bourne, "la mejor película de acción del año", que lo único que hace es repetir condensada la fórmula trepidante (y sin contenido) de la serie televisiva 24.
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Manuel Rodríguez Rivero, ayer en el ABCD

sábado, junio 16, 2007

LA CULTURA DEL FRAUDE

Me quedé corto en mis previsiones con respecto al inicio veneciano del Grand Tour. La peor de las bienales que he podido ver entregaba dosis elevadísimas de aburrimiento y academicismo. Aunque pensé que era un fraude total, lo que me decepcionaba no era la presunta «calidad museística» de las obras, como tuve que escuchar de labios de ciertos acólitos, sino la falta total de orden y concierto, la necesidad de imponer a machamartillo un canon sin asumir riesgos ni hacer otra cosa que aclamar lo que ya está desde hace años entronizado. (...) Aunque los abrazos se administraron a diestro y siniestro, la indignación ante el déjà vu y lo banal fue en aumento.

REINO DE FILISTEOS. La amalgama estetizante y la camarilla presta para lo que haga falta convirtieron el mundo del arte a partir de la década de los 90 en un pantano pútrido. Fumaroli nombra en El estado cultural el conformismo superficial y el murmullo retenido que acostumbra a señalar el reino de los filisteos. Y, sin embargo, hay un microclima de euforia contagiosa, un turismo cultural vertiginoso que colapsa todos los espacios. Tal vez una de las actitudes que más detesto de la familia o mafia artística contemporánea es la tendencia a no decir ni bajo tortura lo que se piensa, a participar del fraude con una frivolidad mayúscula y, sobre todo, con la certeza de que a fin de cuentas no importa nada sino tan sólo los beneficios que puedan obtenerse. A fuerza de oír hablar de «estrategia», «visibilidad» o «selección» hemos aceptado lúdicamente la ceguera frente al mamoneo.
¿Cuántas veces no habremos escuchado preguntas retóricas en torno a sandeces pretendidamente «sublimes»?, ¿Quién no ha sospechado que detrás de los elogios ditirámbicos se oculta el descarado amiguismo?
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Fernando Castro Flórez, crítico de arte y Profesor de Estética en la Autónoma de Madrid, haciendo amigos en el ABCD de hoy. Luego pone ejemplos concretos: entre otros, lo último de Tracey Emin (ese luminoso de la derecha es suyo), la capilla de Barceló en Mallorca y la ampliación del Prado a cargo de Rafael Moneo. Jean Nouvel y su "también sórdida" (sic) ampliación del Reina Sofía también pilla rasca de refilón. Y continúa con el modelo sentimental de pensamiento y crítica:

A nadie debe extrañarle el título que Storr ha puesto a su bienal-pompier: Pensar con el sentimiento, sentir con el pensamiento. Bonito juego que sirve para enterrar toda pretensión teórica y comenzar a columpiarnos en la emoción, en la maravillosa intuición, en la nostalgia de la belleza perdida. Generar conceptos o entregarse a la crítica es demasiado fatigoso y obliga a comprometerse. (...) No os andéis por las peligrosas ramas de la crítica, comenzad a sentir.

domingo, abril 29, 2007

SER CAPAZ DE COMPRENDER LO NUEVO

–Falta de referencias para comprender la creación más joven. Es éste un reproche grave, respecto al que todo crítico deberá mantenerse alerta, y que plantea la conveniencia de buscar mecanismos de regeneración por parte de quienes regentan los espacios en que la crítica opera. La mayor virtud que puede adornar a un crítico es el olfato para lo nuevo, y no sólo para “lo bueno”; su mayor hazaña será la construcción de un lenguaje de acogida para la recepción de aquello que, por dilatar el campo de la sensibilidad establecida, carece todavía de un registro público. Con todo –y como no he dejado de decir en más de una ocasión–, una de las funciones menores de la crítica, puestos en lo peor, sería la de actuar como obstáculo, como frontón mediante el cual la sociedad y la época se defienden de las transgresoras innovaciones del joven artista. Éste se forjará, para bien y para mal, en la perseverancia y en la entereza que emplee ya en imponerse, ya en adaptarse a las convenciones con que la crítica de su tiempo lo juzga.

(Ignacio Echevarría, crítico literario)

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ACTUALIZACIÓN

Como me interesa debatir este tema, lo comento echando un poco de carnaza. Es éste un problema muy antiguo: cuando un creador es realmente innovador, en muchas ocasiones -no en todas, no hay que generalizar- no es comprendido en su momento sino sólo con posterioridad, precisamente porque no puede ser juzgado con arreglo a los parámetros de su época -las convenciones ya asumidas-, al haber sido capaz de trascenderla y adelantar logros artísticos hacia un nuevo paradigma que sólo al cabo de los años serán plenamente entendido y asimilado por la mayoría de la "comunidad artística" (autores-espectadores-críticos). Y no siempre el crítico tiene la capacidad de comprender esas propuestas nuevas, limitados en tantas ocasiones a aplicar una y otra vez los mismos paradigmas ya consensuados, incluso a obras que por su trasgresión y carácter innovador no se ajustan a ellos porque han creado el suyo propio.

¿Ejemplos concretos? Hay muchos. Está el caso tópico pero significativo, tantas veces se ha repetido aquí en los debates, de Hitchcock. Ninguneado en su momento por buena parte de la crítica, que no sólo era incapaz de entender sus logros artísticos sino que además los despachaba como el producto de un artesano de lo comercial, su consideración artística sólo empezó a cambiar desde que voces francesas como François Truffaut (luego también director de cine), entre otros, reinvindicaron a quien hoy es considerado uno de los mejores autores de toda la historia del cine.

¿Ejemplos en el cómic? Propongo algunos:

Uno.

Las primeras páginas se publicaron en la revista Muchas Gracias. Me habían encargado otra cosa pero no se me ocurría nada, me tomé una centramina, me quedé toda la noche trabajando y llevé página y media, que era el espacio que me habían dado. Era la primera historia, la que suele publicarse antes de los títulos. Y entonces la llevé en el momento en que la revista entraba ya en máquinas. La llevé, la leyeron y no entendieron nada, pero no podían hacer nada ya y la metieron. La semana siguiente hice lo mismo, y me parece que la segunda historia también la publicaron. La tercera ya no, "Es que esto es una cosa muy deprimente". Curiosamente los mejores trabajos que he hecho o que más éxito han tenido a la larga, han sido los que el editor de turno no los ha querido ni ver, no los ha entendido.

--Carlos Giménez, sobre las primeras páginas de esta obra publicadas en 1977, entrevistado por David Muñoz y Antonio Trashorras en la revista U (número 9, 1998)--

Dos.

Sólo un puñado de bienaventurados que reconocen y disfrutan de la obra de los genios allí donde la encuentran (...) van a romper la hucha con alegría para comprar la más reciente colección de las crónicas de Coconino, sabedores de que el tomo recopilatorio es lo mejor que van a poder hallar este año en las librerías.

(...) Pero, si es un cómic tan manifiestamente delicioso, por lo menos para un grupo de lectores -y escribo manifiestamente, ya que la mayoría de ustedes han disfrutado ya de las páginas de Herriman mucho antes de ojear esta introducción-, tan irónico, áspero y poético, ¿por qué no despertó el interés de tantísimo lector inveterado de tiras de prensa que se deleitaba con las logradas, brillantes e imaginativas páginas de Gasoline Alley, Bringing Up Father y Popeye, de E.C. Segar? La respuesta casi universal es que esos lectores no entienden el cómic ni a los personajes. Afirmaban (y afirman) que el tema de Ignatz pegando ladrillazos a Krazy resultaba reiterativo y que no eran capaces de entender la mayoría de los chistes. Lo peor de todo era que no encontraban nada atrayente (es decir, chulo) en los personajes, como era de esperar en una tira de animales graciosos. Esos lectores se hallaban muy lejos del espíritu de este cómic. Por eso, se enojaban y escribían virulentas cartas a los redactores de las secciones de entretenimiento de los rotativos involucrados. La mayoría de estos diarios -en apariencia valientes al publicar una tira de esas características- pertenecían a la cadena de periódicos de William Randolph Hearst, el joven y temible magnate de la prensa, que admiraba con fervor a Krazy Kat y que debía enfrentarse continuamente a sus editores. Estos le imploraban que les permitiera eliminar la irritante tira por culpa de la cual recibían un sinnúmero de cartas de protesta contra aquel desconcertante cómic, cartas difíciles de responder, ya que ellos mismos lo encontraban desconcertante. Las cartas quedaban sin contestar y el edicto de Hearst prevalecía: el cómic de Kat permaneció en sus periódicos durante décadas. Por supuesto, también hubo muchos lectores que compartían la opinión de Hearst; algunos vivían en el extranjero y procuraban encontrar a quien les recortara y enviara "los kats". Eran lectores de la talla de Gertrude Stein, Ernest Hemingway, Cummings, T. S. Eliot, y otros personajes conspicuos que apreciaron de inmediato el talento de Herriman. Compraron, valoraron, escribieron y hablaron de los libros -pocos y difíciles de conseguir- en que se recogían las tiras, y seguían sus apariciones en los periódicos cuando les resultaba posible.


--Bill Blackbeard, en la introducción al primer volumen de la nueva edición de Fantagraphics/Planeta DeAgostini de KRAZY KAT--

Tres.

Este tebeo reciente, mayoritariamente incomprendido, ignorado por buena parte de la crítica, un "auténtico truño" para muchos aficionados. Que bien podría ser uno de los máximos logros artísticos de sus creadores y una obra adelantada al menos diez años a su tiempo por muchas y diversas razones.

viernes, abril 27, 2007

ENTENDER LA OBRA, TE GUSTE O NO

Mi doctrina personal como crítico se ha regido por los siguientes principios: en primer lugar, intentar entender la obra tanto si me gusta como si no, tanto si satisface mis intereses como si se encuentra en los puntos opuestos de mi poética. Creo que el crítico es un mediador, alguien que conoce las propiedades, los elementos constitutivos de un producto, y que intenta hacerlo trasmisible desde su propio juicio a los demás. Un crítico debe ponerse en la piel del autor al que juzga y preguntarse si ha conseguido o no los objetivos que en esa obra se propone, y si los medios han sido los adecuados para ello. El juicio de valor no me interesa.

(Jaime Siles, crítico literario, poeta y ensayista)
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Actualización

Pero este proceso evaluador en el que el crítico juzga la calidad o banalidad de una obra, no consiste tanto en expresar el entusiasmo o la decepción que la obra provoca, sino en evaluar el grado de conformidad de esta obra con la intención artística originaria. Así para el filósofo y esteta Rainer Rochlitz, uno de los máximos defensores de la aplicación de cánones axiológicos, comprender una obra de arte consiste en descubrir en qué elementos está realizada o fracasada, no en virtud de una preferencia falsamente objetivada, sino en base a razones intersubjetivamente defendibles.

(Anna Maria Guasch. LA CRÍTICA DE ARTE. Ediciones del Serbal --gracias, urbs)

jueves, abril 26, 2007

LOS VENENOS DE LA CRÍTICA

1. ¿Qué es lo que da credibilidad a un crítico?

La independencia –frente a editoriales y autores– y la sinceridad. También una competencia profesional sin la cual lo demás no serviría en absoluto, porque nadie apreciaría la independencia de un botarate. Lo que el lector espera del crítico son orientaciones razonadas, no elogios vacíos ni rechazos injustificados. El lector necesita saber si vale la pena leer esa obra y por qué, y eso hay que dejarlo claro.

(Ricardo Senabre)

En un pasaje que suelo citar en ocasiones como ésta, Robert Musil, preguntándose en qué consiste el gran talento para la crítica, se responde a sí mismo: “¡La capacidad de tener razón!”. No es fácil dar una respuesta mucho más satisfactoria a la cuestión, sin duda peliaguda. Esa “capacidad de tener razón” obedece a una mezcla variable de talentos, algunos innatos y otros adquiridos, entre los cuales cabe mencionar el buen gusto, la posesión de un criterio articulado, la confianza en ese criterio, la voluntad de compartirlo y la capacidad de persuasión.

(Ignacio Echevarría)

2. ¿Cualquiera puede ser crítico? ¿Qué mínimos deben exigirse?

No cualquiera puede ser crítico, desde luego, ni falta que hace. La ausencia de alguno de esos talentos que acabo de mencionar basta para inhabilitar incluso al más voluntarioso y bienintencionado aspirante al oficio. El crítico genuino es un tipo muy particular de lector que al placer natural de la lectura añade el de indagar en los mecanismos que intervienen en ella. De esa especie de perversión deriva el crítico una función social: la de orientar a los otros lectores en la tarea de responderse responsablemente a la pregunta que justifica la existencia misma de la moderna crítica periodística: ¿qué leer? Importa mucho insistir en esto último, dado que la mayor parte de los suplementos literarios parecen haberse desentendido de esa pregunta, conformándose con incentivar la lectura. Por eso no existe apenas crítica en la actualidad: porque la consigna de leer (y de leer siempre los mismos libros, de la misma manera) ha desplazado a la pregunta de qué leer, que comporta siempre, para ser respondida cabalmente, un cierto compromiso ético y político, no sólo estético, y que presupone además, sin la obsesión de fomentarla, la afición a la lectura. En cuanto a los mínimos exigibles para un crítico, obedecen antes a cuestiones de temperamento que a grados de cultura. El crítico hace siempre un uso estratégico de su cultura. En su caso, mucho más que los conocimientos acumulados, a menudo inservibles, importa el punto de vista que los ordena. Lo que caracteriza al crítico (y me estoy refiriendo exclusivamente al crítico reseñista) es una determinada escala de preferencias y una decidida voluntad de intervención. De otro modo, estaríamos hablando de simples comentaristas, o directamente de publicistas, que es lo que más abunda. En cuanto al estilo, es la única herramienta de que dispone el crítico para persuadir. Si resulta mediocre o incompetente en este aspecto, su eficacia será nula.

(Ignacio Echevarría)
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LOS VENENOS DE LA CRÍTICA, un reportaje hoy en El Cultural de El Mundo (gracias, Fernando) donde han formulado las mismas preguntas a cinco críticos literarios. El reportaje completo, en el enlace.

lunes, enero 08, 2007

A VUELTAS CON LA CRÍTICA

Soy de los que opinan que la crítica es, no solamente saludable, sino necesaria. Estoy completamente a favor de que existan los críticos de tebeos, de que se hagan y publiquen críticas sobre todas las publicaciones de historieta que salgan al mercado. Estoy a favor de una crítica seria, analítica, hecha en profundidad, con conocimientos, culta, bien escrita. Una crítica adulta.

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Lo escribía Carlos Giménez hace ya más de veinte años, y la foto donde puedes seguir leyendo el texto me la ha enviado Señor Punch (gracias). Está sacada de un AVENTURAS BIZARRAS de 1984 (número 5), aunque el texto completo se publicó en el número 3 de la revista COMIX INTERNACIONAL.

martes, octubre 17, 2006

EL EXECRABLE NIVEL DE LA CRÍTICA DE CÓMICS

¿A qué atribuyes el execrable nivel de la crítica de cómics en Francia? Para alguien de fuera parece raro que los países francófonos, con su gran y diverso mercado del cómic y excelente tradición crítica en otras áreas, ofrezcan tan poca crítica real sobre los cómics.

Christian Rosset, escritor que contribuye en L’Éprouvette, dice que los cómics son facilones, y que por tanto obtienen la crítica facilona que se merecen. Yo creo que la gente ha sido durante mucho tiempo reacia a convertir los cómics en objeto de pensamiento crítico por su vulgaridad, por ser infantiles, y también por su especialización en material para jóvenes, deplorables imágenes de las mujeres, fantasías musculoso-dominantes masculinas, etc., aunque todo esto podría haber sido perfectamente interesante desde un punto de vista sociológico. La muy escasa buena crítica todavía se encuentra con mucha resistencia, incluso entre los mismos autores, e incluso a veces entre los más agudos de ellos, pero esto está empezando a cambiar. L’Éprouvette lo demuestra.

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Jean-Christophe Menu, entrevistado en THE COMICS JOURNAL, y traducido por Entrecomics.

viernes, enero 13, 2006

LA CRÍTICA DE LA CRÍTICA (6)

¿Pero no piensas que es algo injusto que hables de todos los críticos como de una figura nefasta?

Naturalmente no todos los críticos son así, ya lo dije antes, hace poco un crítico habló de mi trabajo y me ayudó a poner orden en mi obra. Lo que pasa es que muchas veces el critico trabaja con unos espacios muy cortitos y tiene que decir lo que piensa de una película en dos renglones, y le es más fácil hacer un chiste que otra cosa, o critica películas que no ha visto a partir de una referencia de un libro donde están todas. Una buena crítica, una crítica racional, no ofensiva, aunque en vez de críticas a lo mejor habría que llamarlas análisis, como los que publicaba la revista BANG!, que era una revista de estudios, pues este tipo de textos para un autor atento es un buen consejero. Aprendes cosas de tu trabajo que no sabías. Yo esto lo contaba en los cursos de El Escorial de los que hablábais en el U, que muchas veces las revistas críticas de la época me han ayudado a pensar sobre mi obra. Pero el crítico debe saber que su opinión vale tanto como la de los demás. Por muy listo que se crea debe dar siempre su opinión, ningún crítico está en posesión de la verdad, nadie puede decir "Esto es bueno y esto es malo", hombre... En la crítica que hacemos está incluida toda nuestra concepción del mundo, lo que nos gusta y lo que nos disgusta, entonces,cuando lo criticado se acerca a nuestro presupuesto nos parece bien y cuando se aleja nos parece mal, pero como los presupuestos tuyos y los míos son diferentes hemos de suponer que tu crítica y la mía son diferentes no por la calidad intrínseca de nuestra propia palabra sino por cómo somos uno y otro.

¿Crees que realmente la crítica afectaba las ventas de determinados tebeos?

Creo que no, ni en aquella época ni ahora. El grupo de lectores que lee vuestra revista en relación a todos los lectores que hay es pequeño, aunque ahora como las tiradas son cortitas igual se vende igual y el comprador es el mismo. Pero yo no creo que nada influya en nada de forma total, yo he recibido una ideología fascista y me sé las consignas de José Antonio y me sé la vida de los santos y ya veis.
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Carlos Giménez, entrevistado por David Muñoz y Antonio Trashorras, revista U #9, marzo 1998.

Pinchando en la imagen (De la historieta de Giménez titulada PRIMER AMOR (UN DÍA, UN LUGAR... UN ENCUENTRO), más crítica de la crítica.


LA CRÍTICA DE LA CRÍTICA (5)

Yo siempre he tenido muy buenas críticas, salvo un personaje que de pronto, después de haber hecho buenas críticas de mi trabajo, empezó a escribir unas críticas muy feroces, incluso en lo personal. Porque una cosa es decir "no me gusta el trabajo de este señor porque me parece que el guión no está bien construido y tal)" y otra cosa es decir "No, porque es un tío que folla poco".

Bueno, en primer lugar dudo mucho que tú sepas lo que follo o no, y en segundo lugar, aunque yo follase poco eso no haría mi trabajo mejor o peor. Entonces te das cuenta de que hay una cosa personal, y de pronto esa cosa personal se le pasa, alguien le debía haber dicho "Giménez ha dicho de ti tal" y en algún otro momento "Giménez ha dicho de ti que eres muy bueno". Y entonces, sin que tú sepas ni por qué ni por qué no, estás perdonado. De todas formas, en términos generales y a pesar de que yo no debería hablar mal de la crítica, porque ya digo, siempre me han hecho críticas muy buenas, en cambio la figura del crítico me indigna, y no sólo en el mundo de los tebeos, que quizá es donde menos me indigna, sino en el mundo del cine por ejemplo. El crítico es un hombre que puede hacer crítica con la completa seguridad de que el criticado no puede criticarle a él. No hay ninguna sección en algún periódico que sea "crítica de la crítica" y que alguien diga "Tal crítico es bueno, tal crítico es malo, tal crítico es un hombre muy serio y muy sensato", no, el crítico nunca es criticado.

Por otro lado sé por experiencia que el crítico es el ser que menos acepta las críticas. Cuando alguna vez oyes que alguien llama a un programa de radio diciendo "Que eso que has dicho de mí no tienes razón", pues el crítico le pone a parir, que si eres un reaccionario, que si nosecuántos. Yo he sido un criticón en mi trabajo, soy un hombre que opina, a lo mejor parte de lo que estoy diciendo se me debería aplicar a mí, la diferencia es que sobre mí también opinan. EL PAPUS ha sido una revista en la que hacíamos crítica, nos metíamos con gente y nos reíamos de ciertas cosas, pues de pronto cuando yo me metí con los directores de EL PAPUS me pusieron un juicio. ¡Coño! ¡Con la cantidad de veces que has aplaudido que me metiera con gente porque te daba dinero! El único juicio que yo he tenido me lo pusieron los directores de la revista que más criticaba a los demás.

CRÍTICOS Y COLECCIONISTAS DE DATOS

O sea, sólo debe valorar su obra, positiva o negativamente, pero sin entrar en lo personal.


En España en el mundo del cómic, y en el mundo del cine ya no te digo, por ejemplo, hay un crítico de EL PAÍS, que cada vez que lo leo me subleva, que dices "Este tío no va a hacer una crítica, este tío va a hacer un chiste a costa de la película de turno o de personas mucho más inteligentes que él a las que despacha con dos comentarios graciosos, con dos insultos, poniéndole en ridículo". Hombre, no, un poco más de respeto para el trabajo de la gente. Puedes decir que un trabajo es malo pero di por qué y dilo respetuosamente. Una crítica debería ser un análisis que ayude al espectador o al lector a entender mejor la obra. Y una crítica hecha con humildad. Los críticos suelen ser además gente muy gris, coleccionistas de datos, muy aficionados a sus propias manías. Recuerdo que una vez me presentaron a un tipo que me dijeron "Éste es el que más sabe de teatro en España", y era un auténtico cretino, lo que posiblemente tenía era muchos papeles con muchas fechas. La inteligencia es una cosa y el coleccionismo de datos otra. Y el coleccionismo de datos es un momento dato es muy importante, es beneficioso que alguien se haya molestado en ordenar los datos, organizándolos y dejándolos listos para ser usados, pero la inteligencia y el paladar es otra cosa y no tiene nada que ver. Y un crítico jamás debe intentar humillar al criticado.

Eso de cachondearte del autor, de insultarle, pero hombre ¿quién te has creído tú que eres? Estaría bien que hubiera secciones para criticar a los críticos y que no pasaran cosas como que a un crítico no le guste un determinado género y todo lo que pertenezca a él es una birria. Usted lo que le pasa es que está preso de sus manías y sus propias aficiones, y un aficionado, un "fan", es lo más lejano que puede haber a un crítico.
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Carlos Giménez, entrevistado por David Muñoz y Antonio Trashorras, revista U #9, marzo 1998.

miércoles, diciembre 28, 2005

LA CRÍTICA DE LA CRÍTICA DE LA CRÍTICA

Álvaro ha escrito en el cuadradito:

"Pepo, que te aceleras de nuevo. ¿Dónde he dicho que yo no acepte que soy crítico? Sólo estoy intentando defender una postura que apuesta porque la crítica de tebeos en España está a años luz de lo que debería ser. Y yo el primero.

Sí, soy crítico de tebeos. Es verdad, lo acepto y no me produce ningún dilema moral. Pero si me quedara ahí, viendo el título de "crítico de tebeos" enmarcado bien bonito sería un gilipollas. Y mucho más si me quiero poner la medalla de ser "crítico". Porque no es así. Porque soy el primero al que le falta todavía mucho que conocer para poder ejercer una crítica como Dios manda.

Y no son excusas baratas, es la realidad. ¿Quién puede decir en este país que tiene los conocimientos suficientes (no sólo de tebeos, sino de historia del arte, literatura, técnicas artísticas, etc.) para poder ser crítico? Y ya no digo profesional en el sentido de cobrar (que, por cierto, lo de los tebeos gratis es muy discutible, al igual que la demagógica comparación con la situación de los dibujantes, no me vale lo de café para todos), sino en el de ser realmente un profesional de la crítica de tebeos. Imposible a mi entender cuando lo hacemos siempre a tiempo parcial y mínimo, en nuestros "recreos".

No, Pepo, no, en este país no hay críticos de tebeos porque no hay nivel todavía (genéricamente) como para hablar de crítica de tebeos. Puede que haya casos aislados, pero muy pocos, exiguos.

Y yo soy el primero en ponerse en la picota de los que no llegan a ese nivel exigible. espero llegar algún día, para eso sigo en ello, estudiando y aprendiendo continuamente."

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Sólo quiero contestarte, Álvaro, que no sé por qué te parece demagógico el argumento de los autores. Aquí en el cómic español la mayoría lo tenemos que hacer todo a tiempo parcial. No hay más remedio, hay que pagar el alquiler.

De modo que no sé por qué, si tenemos a un montón de autores haciendo sus tebeos "a tiempo parcial" (y a un tebeo le exigimos sin tener en cuenta cómo se ha hecho, o si su autor ha cobrado mucho o poco), ese argumento no se puede extender al que se dedica a criticar esos mismos tebeos. Más bien al contrario: ya que se dedica a criticar un trabajo hecho a tiempo parcial y mal pagado, qué menos que exigirse un esfuerzo equivalente a la hora de hacer la crítica. No sé si me he explicado bien.

¿Por qué es discutible lo de los tebeos gratis? Sumemos, sumemos euros a ver cuánto se puede ahorrar al mes un crítico que reciba grandes cantidades de tebeos gratis como servicio de prensa. A ver de cuánto dinero estamos hablando.

LA CRÍTICA DE LA CRÍTICA (4)

Observo con estupor en el cuadradito de LA CRÍTICA DE LA CRÍTICA (3) que, salvo un caso concreto (Nihil), ninguno de los comentaristas participantes quiere considerarse a sí mísmo crítico. No, ni siquiera Mr. Pons, el pope de los blogs comiqueros en España (y lo digo sin coña alguna). Unos porque lo de ser "crítico" es algo muy serio, otros porque requiere muchos conocimientos, otros por no sé qué.

Y yo me pregunto: si ni siquiera Álvaro Pons se considera un crítico de tebeos, ¿a qué denominamos entonces "crítica" de tebeos en España? ¿queda alguien entonces que pueda aceptar ese papel? ¿a quién nos referimos cuando decimos eso de "el criterio de la crítica, ya se sabe...."?

¿Hay alguien ahí?

A mí, qué quieren que les diga, todo eso de "es que hacer crítica es algo muy serio y me merece mucho respeto", "la crítica requiere mucho esfuerzo y conocimientos que yo no tengo", etcétera, me parecen excusas baratas para no asumir la responsabilidad de lo que uno está haciendo. Si uno emite juicios públicamente sobre tebeos, sobre fenómenos de la industria y de los lectores, o sobre lo que sea, está haciendo crítica y es crítico, lo quiera o no.

Y si es un crítico, que lo es, y es verdad que le tenemos tanto respeto al medio y a "la crítica", deberíamos ir asumiendo qué estamos haciendo y exigirnos lo máximo posible a la hora de escribir tales juicios. Porque, para mejorar en lo que uno hace, lo primero que hay que hacer es tomar conciencia de qué se hace y qué nombre tiene. Porque, no hace falta que se lo recuerde, para el ser humano el nombre de las cosas, como animal autoconsciente que es, tiene mucha importancia. Más de lo que creemos a veces.

Y si no tenemos los conocimientos necesarios para hacer una buena crítica, debemos intentar tenerlos. No basta con haber leído muchos tebeos, hace falta documentarse, y también aprender a escribir con un mínimo de corrección y ponderación sobre tebeos.

¿Que se quiere seguir haciendo crítica de modo amateur? Perfecto. Pero luego no se me quejen de que el cómic español ni es serio, ni mejora ni remonta. Porque el crítico forma parte de él, lo quiera o no. Aquí todos estamos en el mismo barco.

Y no, no vale poner como excusa eso de que "yo no soy crítico porque no me pagan por lo que escribo". Ya, y como no me pagan, o me pagan poco, no me lo curro o lo hago en plan aficionado. Tomen nota del razonamiento que ahora vamos a extrapolarlo a otro campo cercano; nada lejos, aquí mismo, sin salir del pueblo Cómic. Pero antes, una matización. En contra de lo que se suele decir, algunos críticos sí tienen cierta "remuneración", aunque no sea en metálico sino en especie: todos los tebeos que dejan de pagar porque las editoriales les envían servicio de prensa gratis, y bien que hacen, por supuesto, que para eso intentan promocionar sus productos.

Pues lo siento, pero ya sabemos que en esto del cómic en España, ahora mismo, se gana poco o nada. Bienvenidos al club, amigos y compañeros críticos. Porque, vayamos a ese otro campo cercano al que me acabo de referir, y apliquemos el mismo razonamiento:

¿Cuánto le pagan a Valenzuela, a Giménez, a Durán, a Auladell, a Berrio y a un largo etcétera de autores españoles actuales por hacer sus tebeos?

¿Y son autores profesionales, aunque en muchos de esos casos no vivan de sus tebeos? ¿O me van a decir que son aficionados que no se toman en serio su trabajo sólo porque les pagan poco por él, o porque no viven de él?
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Para acabar, les vuelvo a pegar este GREATEST HITS de los post sobre LA CRÍTICA DE LA CRÍTICA. Para que no pase desapercibido.

"Te aconsejo, pues, que seas razonable en el uso de la interrogación y muy comedido con la admiración. Hay un modo kitsch de escritura histórico-artística según el cual todo es maravilloso y provoca emociones inenarrables que sólo pueden transmitirse mediante numerosos signos de exclamación. Los utilizaré yo ahora: ¡No sigas ese camino! Debemos huir de la cursilería, un vicio lamentable, muy extendido entre los amateurs de nuestro gremio. No digo que evites referirte a los sentimientos, sino que los expreses de un modo apropiado, cuando venga a cuento. No me cansaré de advertirte contra esta debilidad, pues no basta con omitir los signos de admiración para conjurar automáticamente la cursilería. Los epítetos inútiles o muy trillados suelen contribuir bastante: evitarás lo mismo escribir alto cielo o frío hielo, como hermosa pintura (para un lienzo de Matisse) o impresionante monasterio (si hablamos de El Escorial)."

Juan Antonio Ramírez, del libro CÓMO ESCRIBIR SOBRE ARTE Y ARQUITECTURA (Ediciones del Serbal, 1996)
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imagen: viñetas de ICE HAVEN, de Daniel Clowes.

LA CRÍTICA DE LA CRÍTICA (3)

CRÍTICOS QUE NO QUIEREN SER CRÍTICOS

Cuántas veces he oído o leído una determinada frase, incluso en boca de ilustres y conocidos comentaristas (vamos a llamarlos así de momento) sobre cómics, que publican en blogs o en medios impresos, y en algunos casos desde hace mucho tiempo: artículos y reseñas en revistas teóricas, colaboraciones para prólogos, posts en su blog personal, etc.. La frase a la que me refiero vendría ser algo así:

"No, yo ni soy crítico ni quiero serlo. Sólo soy un lector de cómics".

Esta frase, lo vuelvo a aclarar para que se me entienda, la he oído o leído en personas que publican (hacen públicos) análisis teóricos, artículos divulgativos y comentarios críticos, a veces mucho, ya sea acerca del último tebeo que se ha leído -para explicar si le ha parecido bien o mal y por qué-, ya sobre fenómenos de la industria y del público del cómic, nacional o extranjero. Todo ello con ánimo de ejercer su libertad de expresión, libertad que incluye el derecho a la crítica, y muy bien que hacen.

Pues bien, echemos un vistazo a ver qué significa ser un crítico. Tres acepciones que da el Diccionario de la RAE:

"Crítico:
adj. Perteneciente a la crítica.
m. y f. Persona que ejerce la crítica.
f. Examen y juicio acerca de alguien o algo y, en particular, el que se expresa públicamente sobre un espectáculo, un libro, una obra artística, etc."

Traigo esto a colación porque este fenómeno, el de los críticos que dicen no serlo, que no quieren serlo (y algunos de estos críticos que dicen no serlo son muy críticos con todo y con todos, y bien que hacen, repito) me resulta especialmente llamativo por todo lo que deja traslucir.

Para empezar, yo en esa actitud de "no, no, yo no soy un crítico, eso lo serán otros, eso no va conmigo, yo soy un mero lector de cómics" veo claramente, no hay que ser un lumbreras, lo siguiente:

a) un concepto peyorativo de la crítica y de lo que es ser crítico, y de ahí el rechazo a ser encasillado como tal. En este modo de pensar, el crítico sería, probablemente, esa especie apestada que no tiene otra cosa que hacer salvo dedicarse a meterse con los demás o "insultarles" (¡mi palabra favorita!), una especie inútil que no sirve para nada salvo para "molestar". Lo cual a su vez implica el razonamiento de que los que "molestan" son los otros (la crítica)... no yo.

b) un concepto de lo que es ser crítico absolutamente confeccionado a medida. La idea sería algo así: lo que yo pueda opinar y criticar con arreglo a mi criterio (probablemente porque sé que tengo LA razón, y es "la crítica" la que está equivocada), no es crítica; crítica es lo que hacen otros, aquellos de allí... no lo que yo hago.

En este razonamiento hay implícito varias premisas fácilmente desmontables: primero, dar por supuesto falsamente que la crítica que hace uno no lo es. Me remito a la definición de la RAE de lo que significa ser crítico.

Segundo, y es lo que me resulta más llamativo, esa actitud de colgar la etiqueta de "crítico" -volvemos a lo peyorativo- sólo y exclusivamente a esa parte de la crítica que yo no comparto y con la que yo no estoy de acuerdo. Frases recurrentes en este sentido, publicadas en diversos blogs e incluso en algún medio impreso:

"Esta vez no vamos a tragar con lo que la crítica quiera colarnos, el autor X es indefendible"
"Ya está bien de elucubraciones de la crítica para justificar lo injustificable, el tebeo Z es un despropósito."
"No vamos a comulgar con lo que la crítica dice sobre el tebeo Y, es un buen tebeo y punto".


En todas esas frases, ya se habrán fijado, hay implícita una crítica del sujeto de que las emite. En la primera frase, que el autor X "es indefendible" (eso es crítica); en la segunda, que el tebeo Z es "un despropósito" (crítica, de nuevo); en la tercera, que el tebeo Y es un "buen tebeo" (crítica, por enésima vez), por mucho que la crítica (¿?) diga lo contrario.

Está claro que, bajo ese modo de pensar, subyace un doble rasero según el cual exponer públicamente mi juicio sobre una obra, un autor o un fenómeno de la industria, no es criticar, es.... otra cosa (¿qué?, me pregunto yo). Y que "la crítica" sería sólo aquello que yo no comparto.

En otras palabras, opinar críticamente sobre cualquier cosa está bien pero sólo hasta donde yo lo haga, y sólo hasta donde yo comparta mi criterio, sea con mis amigos o conmigo mismo con mi mecanismo. Más allá de mi criterio, es donde empezaría la crítica, que ya se sabe a qué se dedica, y con la que "esta vez no vamos a tragar".

Y, por cierto, aprovecho para recordarles que, en nuestro patio, el del cómic, ni siquiera vale el criterio profesional para dividir lo que es un crítico de lo que supuestamente no lo es. Porque, como todos sabemos, de la crítica de tebeos nadie vive en este país (a diferencia de la crítica de cine o música, por ejemplo).

Llegados a este punto, como me da pereza seguir explicando obviedades, les vuelvo a copiar lo que dice el Diccionario de la RAE. Dedicado con cariño (sin coñas) a todos los que ejercen públicamente la crítica, ya sea bajo su nombre real, ya sea bajo nickname. Eso da lo mismo.

"Crítico:
adj. Perteneciente a la crítica.
m. y f. Persona que ejerce la crítica.
f. Examen y juicio acerca de alguien o algo y, en particular, el que se expresa públicamente sobre un espectáculo, un libro, una obra artística, etc."

domingo, diciembre 25, 2005

LA CRÍTICA DE LA CRÍTICA (2)

Te aconsejo, pues, que seas razonable en el uso de la interrogación y muy comedido con la admiración. Hay un modo kitsch de escritura histórico-artística según el cual todo es maravilloso y provoca emociones inenarrables que sólo pueden transmitirse mediante numerosos signos de exclamación. Los utilizaré yo ahora: ¡No sigas ese camino! Debemos huir de la cursilería, un vicio lamentable, muy extendido entre los amateurs de nuestro gremio. No digo que evites referirte a los sentimientos, sino que los expreses de un modo apropiado, cuando venga a cuento. No me cansaré de advertirte contra esta debilidad, pues no basta con omitir los signos de admiración para conjurar automáticamente la cursilería. Los epítetos inútiles o muy trillados suelen contribuir bastante: evitarás lo mismo escribir alto cielo o frío hielo, como hermosa pintura (para un lienzo de Matisse) o impresionante monasterio (si hablamos de El Escorial).
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El párrafo, en esta ocasión, es de Juan Antonio Ramírez. De su libro CÓMO ESCRIBIR SOBRE ARTE Y ARQUITECTURA (1996, Ediciones del Serbal).

sábado, diciembre 24, 2005

LA CRITICA DE LA CRITICA (1)

A un crítico no le basta con tener razón, porque en ocasiones se equivocará. No le basta con dar razones verosímiles. Debe crear un mundo razonable en el que su lector pueda entrar a ciegas y buscar su camino hasta el sillón junto al fuego sin lastimarse las pantorrillas con el chispazo inesperado. La frase con alambre de púas, la palabra laboriosamente rara, la afectación intelectual del estilo, son todo trucos divertidos, pero inútiles. No ubican nada ni revelan la atmósfera de la época. Los grandes críticos, de los que hay lamentablemente pocos, construyen una casa para la verdad.
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El párrafo es de Raymond Chandler, del libro EL SIMPLE ARTE DE ESCRIBIR. CARTAS Y ENSAYOS ESCOGIDOS, editado por Emece.

sábado, noviembre 26, 2005

UNA MAÑANA CON ROQUE

Esta mañana estoy con mi amigo Roque, Roque Lus. Leyendo su número de noviembre, me encuentro con una curiosísima entrevista del siempre potable Nando Cruz realizada al "rutero" Ignacio Julià (Barcelona, 1956), codirector de la ya veterana revista musical RUTA 66 (20 años no son nada) y "cordial enemigo" de Roque.

Nando Cruz pregunta: "J de Los Planetas me decía un día que ahora la crítica musical es más importante que nunca. El público se puede perder entre tantos discos".

Ignacio Juliá le contesta: "Estoy de acuerdo. Benet Román, mi compañero en BTV, me dijo que ahora que la música va a ser gratis lo bueno será saber de música. Todos tenemos amigos con montañas de CDs que se han bajado de Internet. Se está consumiendo la música de un modo que es muy difícil disfrutarla".

Y unos cuantos párrafos antes, Juliá ha dicho también: "Dignificar el oficio. El periodista musical siempre es el último; hasta el de deportes va antes. Pero cada vez se dice más que la crítica puede ser una forma de arte. En el prólogo a la recopilación de artículos del [crítico de rock] Lester Bangs -"PSYCHOTIC REACTIONS AND CARBURETOR DUNG (1988)-, dice Greil Marcus, aventurado como siempre: `Qué curioso que el mejor escritor norteamericano de los setenta fuera un crítico de rock´".

LA FUNCIÓN DE LA CRÍTICA

Ya ven que siempre puede haber alguien más por detrás tuyo en la cola. No, Ignacio, los periodistas musicales no sois los últimos de la fila; los periodistas sobre historieta están más atrás aún; no sé si te sirve de consuelo, me imagino que no.
Entre otras cosas, porque hay pocos periodistas sobre cómic, al menos en este país, y ninguno es profesional en el sentido de ganarse la vida con ello, como sí se la ganan en cambio Ignacio Julià, Nando Cruz o la plantilla de la redacción del ROCK DE LUX. Y los que hay, desde luego, son el último mono a la hora de ocupar un espacio dentro de un medio cultural generalista, véase un suplemento cultural de un diario o una revista literaria.
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(nota al margen: me resulta especialmente significativo que una revista mensual como ROCKDELUX, que se supone especializada en música pop, haya dedicado en los últimos años más espacio en sus páginas al cómic que, no sé, los suplementos culturales generales -que dedican sus páginas a un mix de literatura, música, artes plásticas y arquitectura- de los más importantes diarios nacionales. ¿Mayor amplitud de miras quizás, desde un punto de vista rockero, la tradicional relación cómic-rock, relaciones hermanas entre dos medios de la cultura popular, cerrazón desde el mundo de la Cultura Oficial? Supongo que un poco de todo)
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Pues yo, lo siento, también pienso como Julià. Es decir, que la crítica puede ser también un arte, aunque, eso sí, sólo al alcance de los críticos más rigurosos, creativos y, por supuesto, que mejor escriben. Siendo como es la crítica un género literario, sólo depende del talento de cada crítico llegar a alcanzar ese grado superior. Son pocos los elegidos, pero existen existen casos, reconocidos incluso dentro del gremio correspondiente.

Pero eso no es de lo que ahora quiero hablar. De lo que quería hablar es de la función, y la necesidad, de una teoría y una crítica rigurosa y seria para dignificar cualquier medio ante el Mundo Real. "Dignificar", entiendáseme, en el sentido de contarle a los demás las verdades del barquero: desentrañar ante el lego el valor de ese arte, analizarlo, relacionarlo en su contexto, criticarlo, divulgarlo.

Fue éste, por cierto, uno de los motivos de discusión en una mesa redonda a la que me invitó el siempre entrañable Hernán (Migoya, claro), moderador de la misma durante el Salón del Cómic de 2005. Mientras alguna postura en esa mesa redonda defendía la poca importancia/influencia de la crítica en la repercusión del cómic ante el Mundo Real, yo defendí -creo recordar que otro invitado a la mesa, Quim Pérez, también lo hizo- justo lo contrario. Para probar mis argumentos, cité, y vuelvo a citar, la existencia de todo ese ingente aparato teórico que arropa a las artes oficiales: literatura, artes plásticas, incluso la música popular. Ensayos a porrillo sobre arte, suplementos literarios y culturales semanales en todo gran periódico que se precie de serlo, reseñas y críticas en los más diferentes medios y revistas.

"LA CRÍTICA NO SIRVE PARA NADA"

¿Cuánta influencia tuvo la revista francesa CAHIERS DU CINÉMA a la hora de valorar y "vender" al mundo la nouvelle vague de los sesenta? ¿Y qué peso tuvieron los artículos en dicha revista y el posterior libro que François Truffaut dedicó a Alfred Hitchcock, al cual reivindicaba en una época en la que Hitch estaba menospreciado como un director "comercial" y no era valorado como lo que ahora es, uno de los mejores directores de cine de todos los tiempos, y el precursor de una innovadora concepción del cine que aún hoy perdura y sigue vigente? ¿Qué influencia divulgativa han tenido los muy populares ensayos de Gombrich sobre Historia y Teoría del arte entre el público general de nuestra época? ¿Qué repercusión ha tenido el famoso y polémico canon literario elaborado por el no menos famoso Harold Bloom?
Volviendo a un terreno más modesto comercialmente hablando, el de la música indie española de los últimos 15 años, ¿qué influencia han podido tener revistas como ROCKDELUX o MONDO SONORO en la difusión de dicha música, o en la carrera de sus grupos más conocidos, como Los Planetas? ¿Ninguna?

En el caso del cómic, podría citar, como hice en esa mesa redonda, la influencia que tuvieron en su repercusión general las críticas elogiosas de tebeos como JIMMY CORRIGAN (Chris Ware, Planeta DeAgostini) o de FUERZA-X/ X-STATIX (Peter Milligan y Mike Allred; Forum y Panini) que aparecieron en el NEW YORK TIMES, o el premio literario que THE GUARDIAN otorgó a la citada obra de Ware, entre los mejores libros del año en que se publicó el tomo recopilatorio. ¿Que qué supuso eso? Poca cosa: que muchos ojos que antes daban la espalda al medio se volvieran hacia él, ni más ni menos. Ojos de lectores, y también de editores literarios.

Un arte, sea cuál sea éste, sin aparato teórico y crítico que lo respalde, analice, critique y divulgue, puede sobrevivir, por supuesto. Nadie lo pone en duda, el arte no depende de eso ni los verdaderos artistas se dedican a su trabajo para recibir críticas o reseñas o hacerse famosos. Pero sin ese aparato teórico, así lo creo, ese arte estará cojo a la hora de llegar a todo ese público potencial que, de conocerlo mejor, podría interesarse por él.

Por volver a la música popular, ya que por ella empezábamos, veo en la sección BIBLIOTECA POP del ROCK DE LUX de noviembre reseñas de 6 libros, 6, sobre música, publicados en castellano durante los dos últimos meses, más o menos. Y eso que la música pop no es precisamente una de las artes que disfrute de una gran cantidad de literatura teórica sobre ella.

6 títulos, más o menos, será la suma TOTAL de libros teóricos que sobre cómic -y eso suponiendo que lleguemos- se habrán publicado en castellano al cabo de todo este año. Y prefiero no contar cuántas revistas teóricas sobre tebeos subsisten en la actualidad.

¿Qué de qué sirve la crítica y la teoría sobre un arte?

Ustedes mismos.
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"(...) Julià interioriza la obra para luego explicarla desde lo más hondo. Extraordinariamente afinado como adjetivador y con un aplastante uso de la cita es, ante todo, un maestro en esos últimos párrafos de artículo (los de Roy Orbison, Van Morrison y Otis Redding) que te dejan suspendido en el aire. Tras ellos, la única solución es ir a por esos discos de los que habla para no volver a la realidad de un batacazo. Es lo mínimo y lo máximo a lo que debe aspirar un periodista musical". Nando Cruz, reseñando en ROCKDELUX (noviembre 2005) el libro de Ignacio Julià PULP-ROCK. ARTÍCULOS Y ENTREVISTAS (1982-2004), Ed. Milenio, 2005.
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ACTUALIZACIÓN: HACE DOCE AÑOS, EN UNA GALAXIA MUY LEJANA...

Urbs ha escrito en el cuadradito lo siguiente:

"Tu post me ha hecho desempolvar un viejo número de la revista URICH (en concreto el nº 1, Vol.II, de 1993) dedicado a analizar la crítica de cómics. Sin entrar a valorar su posible vigencia a pesar de los 12 años transcurridos, reproduzco algunas respuestas a la pregunta formulada a diferentes críticos y editores de "¿que papel crees que juega la crítica especializada en el panorama nacional?":

"Tengo la impresión de que tanto el público como los profesionales apenas tienen en cuenta las opiniones de la crítica. Creo que este alejamiento -o total indiferencia- es mucho mayor en la historieta que en otros medios..." (Antonio Altarriba).

"Más bien escaso, aunque sólo sea porque apenas hay una crítica consecuente, documentada, elaborada, estudiada y contrastada..." (Lorenzo Díaz)

"... Entiendo que no existe una auténtica Crítica del cómic en España. Existen unas cuantas personas que, como aficionados o estudiosos, tenemos ganas de decir lo que pensamos sobre el cómic..." (Antonio Martín)

"El papel de la crítica especializada en el panorama nacional es realmente exiguo..." (Rafael Martínez)
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Imágenes, por orden de aparición:
- portadas de los libros de Ignacio Julià JOHN LENNON y RAMONES;
- portada del Especial nº 200 de ROCK DE LUX (octubre 2002);
- portada del libro sobre el centenario de LITTLE NEMO 1905-2005. UN SIGLO DE SUEÑOS publicado este año en castellano por Eds. Sins Entido, que incluye ensayos sobre la obra de Winsor McCay;
- portada del nº 20 de U (mayo 2000), extinta revista teórica sobre tebeos.
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domingo, noviembre 20, 2005

EN TODAS PARTES CUECEN HABAS

Leo en EL PAÍS de este viernes pasado, 18 de noviembre de 2005, una entrevista a Jonathan Rosenbaum, prestigioso crítico de cine estadounidense que, antes de serlo, trabajó en su industria (por ejemplo, participó en el montaje de SED DE MAL, la última película que Orson Welles hizo para Hollywood). Extracto algunos párrafos:

"En Europa me parece mucho más fácil que un crítico del mundo universitario escriba en la prensa. En EEUU, al menos en cuanto a cine se refiere, no digo que no se dé nunca pero es muy poco frecuente. En parte, esto se debe a cierta postura antiintelectual y antiartística en la que se confunden muy erróneamente conceptos sobre el arte con conceptos de clase social. Así, mucha gente piensa automáticamente que interesarse por el arte supone tener mucho dinero y ser de clase alta. A mí hasta me parece posible que una de las formas de George W. bush para hacer creer a la gente que es un hombre de pueblo es mostrar lo mucho que detesta el arte."

"Hay mucha falta de conocimiento sobre el cine, tanto en el mundo académico como en el de la prensa general, pues no se cree necesario entender de cine para triunfar en la profesión. A veces incluso de considera mejor contar con menos información, porque, demasiada, confunde a la gente. Es lamentable que, por poner un ejemplo, en la prensa deportiva sea inconcebible contratar a a alguien que no se sepa los nombres de los jugadores de béisbol y todo eso, pero con el cine es muy posible que se prefiera a quien no sabe demasiado"


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miércoles, agosto 31, 2005


TONI AL HABLA (y 2)

Segunda parte del texto remitido por Toni Guiral. Ahora, todos: A jugaaar.
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"Para empezar, claro, deberíamos de concretar. Una cosa es la crítica, otra la divulgación, otra el periodismo, otra la historia, otra, los gustos; a veces nos confundimos. Entonces, ¿en qué consiste la crítica de cómics? Bueno, tenemos referentes cercanos: la crítica de libros, la de arte, la de cine, por ejemplo. De hecho, como decía, usurpamos su literatura, su terminología, para abordar nuestro mensaje. Y, no, la historieta no es como la literatura, ni como la pintura, ni como la ilustración, ni como el cine (aunque, como arte bastardo, tenga algunos de sus apuntes, pero, el tiempo pasa, y el cómic dispone de recursos que le son propios). Repitamos: ¿en qué consiste la crítica de historietas? Cada maestrillo tendrá su librillo; yo expongo el mío.

Empecemos por el pecador, el lactante de la crítica, que es el crítico. Al crítico de cómics, al buen crítico de cómics (escribamos la carta a los Reyes) le supongo yo muchos, buenos y extensos conocimientos de historieta. No sólo historicistas (los datos, más o menos, están en los libros), sino pedagógicos, semánticos, semiológicos y artísticos; me refiero al conocimiento de las técnicas y resoluciones gráficas, al dominio de las fórmulas narrativas, al saber de la dramatización de personajes, y al entorno de autores, editoriales y agencias, al desarrollo parejo de la sociedad en su sentido socio-económico-político. Sí, creo que el crítico de cómics debe de tener conocimientos de otras lides, no sólo porque el nuestro es un medio bastardo, como ya he dicho, sino también porque no crece en el limbo, parte de unos condicionantes socio-históricos concretos. Los grandes creadores de cómics leen libros, contemplan cuadros e ilustraciones, ven cine, van al teatro, escuchan música, y ese poso, ese cultivo, está en su vida y, por tanto, en su obra. No, el buen crítico de cómics no ha de ser exclusivamente un ser hecho de viñetas, también se ha de sumergir en novelas, ensayos, pinturas, fotografías, películas, piezas teatrales y musicales. No, no se trata de aparecer como un erudito renacentista (si las cosas no se interiorizan y comprenden eso tampoco sirve de mucho); sencillamente, ha de poseer conocimientos y saber interpretarlos. No, no se trata de que tenga que saber dibujar, pintar, escribir guiones o novelas (pero si sabe algo o mucho de ello, mejor); se trata de que sepa ver, comprender, analizar y tomar en su conjunto todos los datos.

¿Y la crítica? Hablemos de ella, que no de la divulgación o del periodismo o de la historia. La crítica es un análisis que parte de los conocimientos del crítico y de, ya queda dicho, su habilidad para interpretarlos. De entrada, una obra, una historieta, está siempre ligada a motivaciones, repitámoslo, de un entorno concreto. Un país concreto; un editor concreto; una publicación concreta; una etapa histórica concreta; una herencia concreta. El análisis debe de partir de ese entorno y concentrarse en los valores objetivos (sí, existe un canon; los gustos son otra cosa en la que no debería de entrar el crítico) de la obra. El crítico ha de conocer el dominio de la técnica del autor, cómo la emplea, cuál es su objetivo, si lo tiene; ha de desentrañar los códigos gráficos y narrativos del creador; ha de saber si la obra consigue transmitir un mensaje; y, sobre todo, ha de saber explicárselo al lector. Y ahí entra una de las habilidades que mejor debe cultivar el crítico: saber escribir, saber comunicar. De nada me sirve comprender una obra y descifrar sus códigos si luego, como crítico, no sé transmitirlos al que, no lo olvidemos, es el destinatario de mi trabajo: el lector.

La crítica es también una guía para ese lector. Hay que respetar su inteligencia, aportarle datos y dejar que tome su decisión. El crítico ha de exponer y valorar, ofrecer pistas y, por supuesto, opinar y juzgar, pero no condenar, su función ha de ser, creo, divulgativa y crítica, claro, pero su criterio no está tocado por el halo divino. Ahí es donde puede dejarse llevar por los gustos personales. Pero, cuidado, la crítica nunca debe limitarse a destacar exclusivamente el lado “positivo” de la obra; eso es divulgación, una actividad tan digna como la crítica, pero divulgación al fin y al cabo. Y, pese a lo relativamente poco que se escribe sobre cómics, pese a que el medio necesita de toda la divulgación posible, soy de los que opinan que el crítico debe de tratarlo como un medio más, no como un arte quebradizo. El crítico ha de ser honesto con lo que piensa, y si posee argumentos para delimitar la escasa o nula calidad de un cómic debe explicarlos y justificarlos, de la misma manera que lo hará para resaltar su excepcionalidad. Si queremos que la sociedad, retratada ahora como ente ajeno al mundillo de los cómics, asuma la historieta con normalidad, la crítica (insisto, la crítica, no la divulgación) debe “normalizar” su discurso.

Me releo y observo que en la última parte hay un cierto tono de “magisterio”; me disculpo, es algo absolutamente ajeno a mi intención, que no es otra que la de dar una opinión personal, pero buscando la réplica que pueda enriquecer el necesario diálogo, única fórmula que conozco para la concordia."

Antoni Guiral
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(imagen: portada del libro CUANDO LOS CÓMICS SE LLAMABAN TEBEOS. LA ESCUELA BRUGUERA (1945-1963), por Antoni Guiral (Ediciones El Jueves, 2005). Diseño de portada de Miquel Aparici, rótulos de Manel Fontdevila)
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