Mostrando las entradas con la etiqueta Douglas Wolk. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Douglas Wolk. Mostrar todas las entradas

miércoles, octubre 01, 2008

HARVEYS 2008


Acabo de ver que ALL STAR SUPERMAN ha arrasado este año en los Premios Harvey (que otorga la industria norteamericana desde 1988 y reciben su nombre de Harvey Kurtzman): mejor serie limitada o continuada, ALL STAR SUPERMAN, mejor dibujante, Frank Quitely, y mejor episodio o historia corta, ALL STAR SUPERMAN #8. Por cierto que Douglas Wolk, del que ya hablamos hace unos meses aquí, ha ganado otro Harvey (Mejor presentación histórica, biográfica o periodística) por su libro READING COMICS.

martes, junio 03, 2008

LA EDAD DE ORO ES AHORA MISMO

Ya no es noticia que los cómics han crecido. Una forma que antaño era solamente la provincia para el entretenimiento de los niños llena ahora las estanterías con trabajos brillantes y maduros de artistas como Chris Ware, los hermanos Hernandez, Dan Clowes y Charles Burns, tratados con el tono antes reservado a los jóvenes novelistas emocionantes. La obra de los historietistas cuelga de las paredes de galerías y museos; hay una antología anual de The Best American Comics. Un personaje de un chiste del New Yorker de 2004 le decía a un montón de gente: “¿Ahora también tenemos que fingir que nos gustan las novelas gráficas”?

------
Así comienza el primer capítulo del libro READING COMICS: HOW GRAPHIC NOVELS WORK AND WHAT THEY MEAN (Da Capo Press, 2007), de Douglas Wolk, crítico de cómics en The New York Times, Rolling Stone, The Washington Post o Pitchfork. El capítulo se titula concretamente WHAT COMICS ARE AND WHAT THEY AREN´T, y comienza con un epígrafe titulado como este post, THE GOLDEN AGE IS RIGHT NOW. Más del mismo capítulo (las negritas son mías):
------

Hay un problema en el modo en que mucha gente habla sobre cómics: es muy duro hablar de ellos como cómics. Un error común en el modo en que son tratados por los críticos culturales es invocar “el género del cómic”. Tal como los historietistas y sus admiradores de toda la vida están cansados de explicar, los cómics no son un género; son un medio. Westerns, novela romántica decimonónica, cine negro: esos son géneros. Tipos de relatos con categorías específicas de temas y convenciones en su contenido y en su presentación (las historias sobre superhéroes también son un género). Narrativa en prosa, escultura, video: eso, igual que los cómics, son medios. Formas de expresión que tienen pocas reglas o ninguna respecto a su contenido, más que las más inequívocas impuestas por su propia forma.

Sin embargo, hay una razón para cometer ese error. Hasta hace unos veinte años, el modo en que casi todo el mundo veía al medio estaba íntimamente unido a un puñado de géneros. Eso es lo que hacía dinero para las grandes compañías de cómics-pulp: superhéroes, en su mayoría, pero a veces cómics de horror, románticos, de ciencia-ficción o de crímenes, cada cual con sus códigos familiares y sus fórmulas.

(…) Otro error común es afirmar que los cómics intelectuales, de algún modo, no son realmente cómics sino algo diferente (preferentemente con un nombre más lujoso, como abordaremos en el capítulo 3). Diferentes no sólo en la raza sino también en la especie de sus homónimos de la cultura de masas. Hay cierta conciencia de clase con la nariz-en-alto inherente en este argumento; es evidente, por ejemplo, en una reseña de Gloria Emerson en el número de The Nation del 16 de junio de 2003:: “Nunca he tenido el hábito de leer cómics”, escribía, “así que, al principio, estaba ligeramente sorprendida por Persépolis, de Marjane Satrapi. Pero es una artista de tanto talento y sus dibujos en blanco y negro son tan cautivadores, que parece erróneo llamar cómic a sus memorias. Más bien es una ‘memoria gráfica’ en la tradición de Maus, la brillante historia sobre el Holocausto de Art Spiegelman”. Si no ves qué hay de erróneo en el pasaje, imagínate comenzando: “Nunca he tenido el hábito de ver películas…”, y terminando con la afirmación de que, digamos, Syriana no es realmente una película sino una “narrativa cinemática” en la tradición de Salvar al soldado Ryan.

La confusión género/medio es un error de ignorancia, mientras que la táctica si-es-profundo-en-realidad-no-es-cómic se trata simplemente de un caso de esnobismo (en el sentido de querer establecer una distinción entre el gusto de uno y el gusto de la masa). Pero el mayor error arraigado en el lenguaje para escribir sobre cómics es tratarlos particularmente como si fueran extraños, o fallidos, ejemplos de otros medios. Los buenos cómics son descritos a veces como “cinemáticos” (si tienen algún tipo de amplio scope visual o imitan un tipo conocido de película) o “novelísticos” (si contienen detalles comentados agudamente, o simplemente lleva un buen rato leerlos). Esas pueden ser palabras descriptivas cuando se aplican a los tebeos. Es casi un insulto, sin embargo, usarlas como cumplidos. Usarlas como elogio implica que los cómics aspiran como forma (más o menos sin éxito) a ser películas o novelas.