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lunes, agosto 11, 2008

LO POSIBLE




Luis Puelles propone en Lo posible. Fotografías de Paul Nougé, de (Cendeac, Murcia, 2007) una aproximación, desde los útiles conceptuales de la teoría estética, al universo del poeta y ensayista belga Paul Nougé (1895-1977) a través de la única serie de diecinueve fotografías, conocida con el título de “La subversion des images” (1929), que realizó a lo largo de toda su vida. Nougé es el representante más destacable del surrealismo belga, desde luego de menor influencia y “sociabilidad” que Breton, pero seguramente de mayor complejidad intelectual que el francés. Su obra ensayística corre en paralelo a la pintura de René Magritte, con quien compartió una larga amistad y a cuyos cuadros dio la singularidad de sus títulos.

El trabajo que ahora presenta Cendeac presta atención a una veta del arte de las vanguardias europeas que ha permanecido tradicionalmente eclipsada por la ortodoxia del surrealismo bretoniano. Lo posible continúa el trayecto iniciado por su autor con El desorden necesario. Filosofía del objeto surrealista (Cendeac, Murcia, 2005), en el que Puelles se interesa por las implicaciones ontológicas y cognoscitivas contenidas en los escritos y obras surrealistas, con demasiadas frecuencia simplificadas en la forma del disparate o el mero sin sentido.

La edición que aquí se presenta, dentro de la colección Infraleves, aporta por primera vez en una publicación española las diecinueve fotografías, espléndidas, de esta serie tomada en el interior del domicilio de Nougé en diciembre de 1929. Todas ellas anotadas aquí por Puelles, en un ensayo que transita entre la observación de la personalidad creadora y desestabilizadora del gran poeta que fue Nougé y la propuesta de una hermenéutica que sitúa estas imágenes en la dimensión de lo siniestro y lo perturbador. Es allí, como bien se explica en este volumen, donde el surrealismo belga, más inquietante que maravillado, se aleja de los franceses para cobrar su propia identidad.

viernes, mayo 25, 2007

PULP FICTION


Del fotógrafo Thomas Allen.


(gracias, Javier)


lunes, abril 10, 2006

REVELACIONES

Diane Arbus sufrió constantes depresiones a lo largo de su vida. La mirada que hay en sus fotografías nos ofrece un testimonio indubitable de ese hecho. Hay algo muy triste en ellas, profundamente triste, pero no se trata de una tristeza sentimental o romántica, como si dijéramos producto de una sublimación o de un procesamiento de sentimientos, construida artificial y deliberadamente para provocarla en el espectador. No, no es esto. Es una tristeza directa, profunda, no construida, congénita, sincera, inevitable. La visión de túnel del depresivo haciendo la selección natural del material. Tristeza también lúcida, porque la mirada de Arbus posee mucho de aceptación de aquello que mostraba, sin juicios ni lamentaciones. La inherente e irremediable soledad del ser humano, su perpetua insatisfacción, su frustración, su cansancio, captados de la manera más pura posible. Sin ensalzarlos, sin idealizarlos, sin rechazarlos. Como explican en el catálogo de DIANE ARBUS. REVELACIONES (hasta el 14 de mayo, CaixaForum, Barcelona), una de las novedades de su fotografía estribó en una "audaz dedicación a celebrar las cosas tal como son". Su obra fue ampliamente imitada, y desde luego influyó en un buen número de fotógrafos contemporáneos, desde el mismísimo Richard Avedon, que fue amigo de la familia Arbus, hasta Alberto García-Alix.

Diane Arbus aportó nuevas temáticas y estilo propio a la fotografía de su época. Solía arrojar una mirada extraña a lo cotidiano, y viceversa, una mirada cotidiana a lo extraño y lo monstruoso. Retratos de parejas o de niños, en parques públicos, en calles de la ciudad; retratos de nudistas en campings nudistas; retratos de travestís, artistas de cabaret y strippers en camerinos sórdidos; retratos de rarezas y freaks de feria que sonríen a la cámara, retratos de familias de clase media que nos miran con seriedad. Ese bebé durmiendo, una de las imágenes que más universalmente provocan una sonrisa de bienestar en el ser humano (está demostrado científicamente, al parecer), en manos de Arbus deviene en un pequeño monstruo muerto. El bebé era hijo de famosa, Gloria Vanderbilt. La propia Diane nació en el seno de una familia judía adinerada.



"Una fotografía es un secreto acerca de un secreto. Cuántas más cosas te dice, menos cosas sabes" (Diane Arbus)

A veces los gestos lo dicen todo, o creemos que lo dicen todo. Es esa mirada perdida de su MUJER EN LA CALLE CON PAQUETES, Nueva York, 1956, la que nos derrota, la de una joven guapa y bien vestida cuyas compras o regalos no parecen alegrarle demasiado. Es también la indescriptible mirada de la madre del GIGANTE JUDÍO EN CASA CON SUS PADRES EN EL BRONX, Nueva York, 1970 (allá arriba está, al comienzo de este post, una de sus más conocidas fotos). Es la grotesca dignidad, conmovedora y patética a la vez, que hay en UNA JOVEN FAMILIA DE BROOKLYN EN SU PASEO DOMINICAL, Ciudad de Nueva York, 1966:


Es también el gesto espasmódico y teatral del chaval de uno de sus más famosos retratos, NIÑO CON GRANADA DE JUGUETE EN CENTRAL PARK, Ciudad de Nueva York, 1962.


Es la mano con la que el marido se tapa la cara mientras toma el sol en su espléndido jardín, tumbado el matrimonio en dos hamacas paralelas (UNA FAMILIA EN SU JARDÍN, UN DOMINGO EN WESTCHESTER, Nueva York, 1968). Cuando veo esta foto, no puedo evitar pensar, no sé bien por qué, en el sudor y la playa "vibrante de sol" que hastiaba al protagonista de EL EXTRANJERO sólo de pensar en que debería volverla a atravesar sediento.


Son también los detalles. Es la chapita con el slogan "BOMB HANOI" y el simpático canotier que lleva puesto un muchacho, apenas salido de la adolescencia, que se manifiesta a favor de la guerra del Vietnam en CHICO CON CANOTIER ESPERANDO PARA MARCHAR EN UN DESFILE A FAVOR DE LA GUERRA, Nueva York, 1967.


Es el desenfoque y la bruma de PAREJA DISCUTIENDO, Coney Island, Nueva York, 1960, mientras una mujer le grita a su hombre: he aquí una mirada que me recuerda a la de alguien que compartió época con Arbus, John Cassavetes. Es la quietud de la estancia, y también el contraste entre el entorno, civilizado, pulcro y ordenado, y los cuerpos desnudos y ajados que Diane nos mostraba impúdicamente en JUBILADO Y SU ESPOSA EN CASA EN UN CAMPING NUDISTA POR LA MAÑANA, Nueva York, 1963.


Y los títulos que elegía para las fotos. Salvo las del final de su carrera, que ya ni siquiera titulaba y que no por casualidad resultan las más desoladoras, brutas y desesperadas (sus series sobre fiestas de niños mongólicos, por ejemplo), las obras de Diane tienen títulos decididamente perturbadores. FEMINISTA EN LA HABITACIÓN DE SU HOTEL es una fotografía de 1970 que muestra únicamente un primerísimo primer plano de una mujer de cejas depiladas y mirada cansada, sin que la cercanía del encuadre permita ver donde está; de hecho, no permite ver nada más aparte de su rostro y algo de sus cabellos alborotados. O el título de UNA PAREJA DE ADOLESCENTES EN HUDSON STREET (Nueva York, 1963). 'Adolescentes' como éstos.


"Quiero fotografiar las ceremonias dignas de consideración de nuestro presente porque, mientras vivimos aquí y ahora, tenemos tendencia a percibir sólo lo que es aleatorio, estéril e informe. Mientras lamentamos que el presente no sea como el pasado y perdemos la esperanza de que se convierta en el futuro, sus innumerables hábitos inescrutables permanecen a la espera de un significado. (...) Éstos son nuestros síntomas y nuestros monumentos. Deseo preservarlos simplemente porque todo aquello que es ceremonioso y corriente llegará a ser legendario". He ahí, en esas frases de Diane Arbus, la clave de su mirada. En palabras del escritor argentino Tomás Eloy Martínez, “más –o quizá mejor– que ningún otro fotógrafo, Diane Arbus expresa los infortunios de toda la especie humana a través de un solo individuo, en un instante que representa la eternidad. De pocas artes se puede decir tanto, y quizá no hay otro lenguaje que diga tanto con tan poco.”

Diane Arbus se suicidió en julio de 1971, a los 48 años. Su cuerpo apareció en su apartamento de Nueva York, con las muñecas cortadas, pero la autopsia determinó que había muerto por ingestión masiva de barbitúricos. Su tío, al reconocer el cadáver en la morgue, comentó que su sobrina siempre había padecido depresiones. Durante el funeral, Richard Avedon y Frederick Eberstadt, ambos amigos de la difunta, murmuraban. Avedon le susurró: "¡Cómo me gustaría ser un artista como Diane!". Eberstadt le contestó: "No, no te gustaría".