Voy a confesarlo: la verdad es que soy como cualquiera de los tíos despreciables que aparecen retratados en estas historietas. Yo también deseé a la joven artista, dibujante en ciernes, desde el momento en que la conocí, cuando ella tenía 16 ó 17 años. Yo también deseé someter a esta bella y animosa muchachita a todo tipo de actos degradantes y pervertidos.
(Robert Crumb, de su prólogo para VIDA DE UNA NIÑA)
_______
Lo de Phoebe Gloeckner (Filadelfia, 1960) no sé bien como tomármelo. Esta mujer, bastante guapa, a juzgar por las fotos que no casualmente aparecen en la última página de VIDA DE UNA NIÑA (su recopilatorio de historietas, publicado originalmente en 1998 y ahora traducido por Ediciones La Cúpula), vive de realizar ilustraciones médicas pero ha dibujado desde adolescente historietas que parecen -parecen- autobiográficas. Unas historias cortas que, en principio, realizó a hurtadillas y sin ánimo de que fueran publicadas ni vistas por nadie, dibujando además con una técnica autodidacta a su bola y al margen casi completamente del oficio (aunque parece que a partir de cierta edad sí empezó a leer cómics underground). Quizá es por eso que su trabajo tiene en parte el aire y la fuerza del arte marginal.
Los bocadillos de diálogo a veces están situados fuera del orden lógico de lectura, las proporciones de sus figuras son más psicológicas que realistas (en una misma viñeta, su madre es una enana, mientras su hermana parece un coloso al lado de la misma Phoebe), las perspectivas se las inventa. Da igual, lo que narra Phoebe te atrapa y te golpea, y no sabes bien si la chica está fantaseando con el mal rollo o lo que cuenta es cierto -yo apostaría a que la cosa es un fifty/fifty-, porque el conjunto no puede ser más brutal: madre pasiva y medio alcohólica, padrastro maltratador y que más tarde se acostaría con una quinceañera Phoebe que, además, lo hacía "enamorada" (pinchen en la imagen, página de EL TERCER AMOR DE MINNIE, la historieta de Phoebe que más gusta a Robert Crumb), drogas mal tomadas de adolescente y amigas destroyer con las que salir en busca de sexo chungo.

Pregunta: ¿pierde "Phoebe" (pues el personaje tiene su cara en la historieta) la virginidad en esa salida nocturna de APRENDIZAJE VOCACIONAL donde ella y su amiga simulan ser putas... o bien, por el contrario, la pierde con el novio de su madre, como sugiere en COSAS DIVERTIDAS QUE HACER CON NIÑAS PEQUEÑAS?
Ya digo, aquí uno no sabe qué es realidad y qué es fantasía sublimada, así que no sabes bien como tomártelo. Pero, como también decía, todo eso da igual: en el cómic, y en general cualquier medio, no es nada habitual ver a una mujer pariendo historias así de crudas y directas, donde los hombres aparecen todos como unos hijoputas cínicos y amorales y las mujeres unos peleles a las que les va el barro y se someten gustosamente a la humillación más absoluta. Ya lo digo: arte marginal en buena parte, sin demasiados condicionamientos sociales o profesionales, directo y la mandíbula.
Pero mejor que sea el mismísimo Robert Crumb, que apadrina a Phoebe y se declara fan de sus historias, el que termine esta breve reseña. De su prólogo para VIDA DE UNA NIÑA:
“Voy a confesarlo: la verdad es que soy como cualquiera de los tíos despreciables que aparecen retratados en estas historietas. Yo también deseé a la joven artista, dibujante en ciernes, desde el momento en que la conocí, cuando ella tenía 16 ó 17 años. Yo también deseé someter a esta bella y animosa muchachita a todo tipo de actos degradantes y pervertidos. La única diferencia fue que yo nunca fui más allá de llevarla a caballito. ¿Y por qué? ¡Porque soy un tío demasiado majo! No supe convertirme en un manipulador maquiavélico, como todos esos tipos. Me sentía demasiado culpable como para hacer algo así. Pero en el fondo.... ¡Cuánto deseaba a la joven Phoebe! ¿Me la chupó en algún momento? ¡Ni una vez! ¡Nada! Volvía a casa sintiendo pena de mí mismo, como de costumbre (¿Acaso no somos horribles los hombres?).
(...) P.D. Perdóname, Phoebe, por contarle al mundo -y a ti- cómo te deseaba. Era el único modo de escribir acerca de tu trabajo con sinceridad. Tenía que decir la verdad o callarme. No soy capaz de separar las cosas. No he podido dejar mis sentimientos hacia ti, por vergonzoso que resulte para todos... O tal vez sea que no me ha dado la gana”.