EL CARNICERO KOSHER
Lo mejor sobre los cómics es que puedes mezclar palabras con esas imágenes concretas. Una vez que has reducido la imagen a símbolo, ya no tienes esa extraña tensión. Todo funciona en ese nivel de símbolos. Palabras con dibujos simbólicos que son realmente descripciones concretas del mundo. Esa es la tensión interesante de los cómics. Cuando puedes tener el mundo real o una representación del mismo. Y luego una capa de palabras, de abstracciones cabalgando sobre ellas. Así es como sería una serie de cómic ideal...
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¿Te han invitado alguna vez a un taller de escritores?
Doy conferencias. Pero no son realmente talleres. Escribir cómics es un tipo muy específico de escritura. No sé si tengo mucho que decir como escritor.
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Ben Katchor, entrevistado por Robert Birnbaum. Se acaba de traducir en España una de las obras de Katchor, EL JUDÍO DE NUEVA YORK (1998), y es uno de los mejores cómics que he leído últimamente, junto al FUN HOME de Alison Bechdel y EL JARDÍN ARMADO Y OTRAS HISTORIAS de David B.
La obra de Ben Katchor (Nueva York, 1951), inédita hasta ahora en castellano, es densa y exigente con el lector, pero el camino merece la pena. Precisamente una vez acabada EL JUDÍO DE NUEVA YORK, lo que más me ha apetecido ha sido releerla, y es en la segunda ronda cuando se le saca todo el partido a la novela gráfica (el cómic, el tebeo, la serie de prensa: THE JEW OF NEW YORK apareció originalmente serializada en The Forward, un veterano diario judío neoyorquino, antes de ser recopilada como novela gráfica), una vez que has comprendido la trama en su totalidad y empiezas a degustar todos los detalles y matices (la trama nunca se deja ver hasta el final, probablemente porque a Katchor le importan más unos personajes, unos detalles, una atmósfera, un mundo, que contar una "historia clásica, sencilla y directa"). Atención a cómo utiliza Katchor los textos de apoyo, a veces extensos; a ese lenguaje irónicamente decimonónico que mete en los cartuchos del narrador, a cómo y dónde coloca los globos de diálogo, a cómo usa en ocasiones el diseño de página, con una viñeta central en torno a la cual van girando las demás en un preciso orden narrativo.
¿La "trama"? El visionario Mordecai Noah, dramaturgo y político entre otras cosas, convocó a todos los judíos a fundar una colonia utópica en una isla del río Niágara. Fracasó, por supuesto (el intento ni siquiera fue planificado seriamente). Cinco años después Katchor empieza su fábula y el recorrido de sus personajes. Su Nueva York circa 1830 es mítica y a la vez realista (detallista, costumbrista), es irónica y poética, cómica y trágica, sublime y ridícula. Místicos judíos, visionarios utópicos, aspirantes a capitalistas con delirios de grandeza, carnineros kosher caídos en desgracia y luego renacidos, comerciantes enriquecidos que "retornan a la naturaleza". Cuántos detalles de época (obsesivamente documentados), cuántos temas apuntados, qué mirada tan excéntrica, que voz tan hipnótica.
¿No decíamos que el cómic puede ser, a su propia y exclusiva manera, igual de denso y rico que la alta literatura? Pues aquí hay un ejemplo, igual que en FUN HOME. Ahora hay que leerlos, claro. 
