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martes, junio 10, 2008

SOBRE EL DIBUJO.

Sobre el dibujo.

¿Qué coño significa, a estas altura , eso de dibujar bien?

Veamos. En mi adolescencia fui matriculado en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Barcelona. Dibujar bien, en aquel lugar, se trataba de seguir a rajatabla las consignas más radicales del esteticismo académico, consistentes en la fiel imitación de la Naturaleza como objeto. La tal Naturaleza, por supuesto, no era otra cosa que sucias escayolas que reproducían el estatuario griego. Puta decadencia.

Luego, ya como profesional primerizo, dibujar bien consistía en imitar el estilo de maestros de la época dorada del cómic yanqui.

Ahora, dibujar bien no sé lo qué es ni falta que me hace saberlo, si es que hay que saberlo.

Speaking in silver: en mi modesta opinión, tiendo a considerar que, un cómic logrado es aquel que me cautiva por la historia que me cuenta. No me importa cómo esté dibujado si el autor consigue atraparme.

Recuerdo que a veces, iba a comprar El Víbora sólo para leer las historias de Álvarez Rabo o Mauro Entrialgo; joder, tras aquel grafismo minimal, subyacía casi siempre un argumento elocuente, cargado de una ironía muy inteligente que me enganchaba desde la primera hasta la última viñeta. ¿Dibujan bien los aludidos? No lo contemplo; el alto valor del contenido de sus cómics sobrepasa la valoración gráfica. Y, una cosa así, no es fácil de conseguir.

Lo que me hunde en un sopor de primer grado, es que no me cuenten nada, aunque para disimular la carencia argumental se recurra a una pomposa exhibición de técnica dibujística.

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Josep Maria Beà, en una extensa entrevista de Entrecomics. Más declaraciones suyas que me han llamado la atención, sobre tebeos y autores recientes que Beà (Barcelona, 1942) sigue actualmente:

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Aunque no tiene exactamente que ver con tu obra. ¿has leído Súper Puta de Manel Fontdevila?

Claro que sí. Y opino que coincidimos en muchos planteamientos. Me interesó ese planteamiento arriesgado, estos diálogos automáticos, me recuerda mucho a aquellas experiencias dadaístas de Tzara y toda aquella peña que tanto he llegado a admirar. Aquí Fontdevila, pasando de convencionalismos, derriba la jodida mecánica narrativa establecida. Felicidades.

(...)
¿Sigues leyendo cómics hoy en día? Si es así, ¿cuáles son los más reseñables que has leído últimamente?


Sigo leyendo cómics (nunca de forma obsesiva), me interesa saber por dónde van los tiros.

Me voy a abstener de citar a españoles, odio estas listas con ausencias importantes (respeto aquellas que elaboran los lectores) que, en ocasiones son injustas y deprimen. Admiro a todo aquel que, en la soledad de su estudio, se quema las pestañas bajo un flexo. Todos están en mi lista.

Guiris: Los viejos ya los tengo demasiado vistos, a excepción de Crumb, que siempre me sorprende. Actuales: Adrian Tomine, Joe Matt, David Lapham, Thomas Ott, Daniel Clowes, algunos japos, etc.

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Mucho más sobre los recuerdos de Beà, sus compañeros de generación, Toutain y Selecciones Ilustradas, su paso por la editorial Warren, el boom del cómic de los ochenta, etc., en el enlace.

sábado, julio 14, 2007

HAY OTROS MUNDOS...

Hoy en la sección de cómic del suplemento cultural ABCD, artículo de Peio H. Riaño sobre mundos fantásticos en tebeos recientes titulado PRODUCTOS DE LA IMAGINACIÓN, con reseñas a EMIGRANTES de Shaun Tan, CARTAS DESDE UNA ÉPOCA REMOTA de Lorenzo Mattotti, y PERIODO GLACIAR, de Nicolas de Crécy.
Junto a dicho reportaje, una reseña de Santiago García de EL FOTÓGRAFO 3.

miércoles, abril 04, 2007

ESCRIBO MIENTRAS VOY DIBUJANDO

Escribo mientras voy dibujando. La palabra “dibujar” induce a error, porque dibujo líneas muy sueltas sobre dónde esta la figura, dando a entender si la figura está sonriendo o gritando, pero realmente no hay nada de detalle en mis lápices. No escribo la historia primero, pero tengo una lista de información que quiero transmitir, y trato de comunicar la información que quiero transmitir de forma natural, naturalmente, para que no parezca forzada. Por ejemplo, cuando hay algunos personajes sentados en una mesa, siempre suena ridículo cuando de repente todo el mundo dice el nombre de los demás sólo para establecer quienes son. O al principio de una película, cuando te presentan a los personajes… ¿cómo de rápido transmiten la información sobre quiénes son los personajes? Y si lo hacen muy rápido y te lo hacen tragar a la fuerza, ya sabes… Jack Kirby es el peor ejemplo. Los personajes de Kirby dirían… habría un vaquero y diría: “¡No puedo creer que esté en la ciudad, yo, Jonathan Brackman de Minnesota, que tiene veinte pozos petrolíferos y perdió a su mujer de cáncer el año pasado, y ahora esté envuelto en una catástrofe intergaláctica!” ¿Sabes? Te contará todo sobre sí mismo en la primera frase que salga de su boca.
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Joe Matt, en una EXTENSA entrevista de Two Handed Man traducida por Entrecomics.

sábado, marzo 18, 2006

POBRE CABRÓN

La Cúpula acaba de recuperar en un solo tomo y bajo el título de POBRE CABRÓN (THE POOR BASTARD, en el original) las historias de la serie PEEPSHOW de Joe Matt, que ya publicara La Factoría de Ideas hace unos años, aunque me parece que el libro de La Cúpula incluye algún material inédito en castellano.

Joe Matt (Filadelfia, 1963) es uno de los "tres amigos" de la editorial Drawn & Quarterly, los autores Seth, Chester Brown y el propio Matt, tan distintos entre sí y a la vez y de un extraño modo, tan complementarios. Si Brown es un perro verde que ha optado por mostrar con un estilo frío y aséptico la otra cara de la luna de la condición humana, y Seth es un nostálgico de los años cincuenta capaz de edificar un mundo propio que nunca existió -y en el que el autor nunca vivió-, un mundo melancólico pero lúcido y hondo, entre el presente y un pasado idealizado, Joe Matt viene a ser una especie de cruce entre Robert Crumb y Peter Bagge.

No es sólo que uno se pueda partir de risa con la poca vergüenza que demuestra Matt para contarnos con pelos -nunca mejor dicho- y señales su vida entera, o sus “especiales” costumbres cotidianas (sus guarros hábitos, su afición compulsiva a la pornografía) o lo mal que trata a su novia y lo salido que está. No es sólo eso. Porque si POBRE CABRÓN funciona no es únicamente por lo que cuenta, sino por cómo está contado: por lo bien que está escrito y planificado, por la eficacia con que están planteadas las escenas, por ese oído tan bueno que tiene para los diálogos, por esas elipsis tan reveladoras, y por ejemplo, por ese flashback que cierra la segunda parte del tomo, que da una dimensión humana y muy amarga a todo el cachondeo salvaje de las páginas precedentes.



En POBRE CABRÓN, Joe Matt se nos presenta tan tacaño y egoísta como un niño pequeño y muestra un carácter falsamente extrovertido, que en realidad parece ocultar a un tipo inseguro lleno de miedos y complejos. "Es un auténtico capullo, pero hace unos tebeos cojonudos", dice Robert Crumb en la solapa del libro. La risa provocada desde el patetismo suele funcionar en el espectador si está bien planteada, tal es el caso, y además permite añadir como plus la impresión de estar leyendo algo que revela verdades esenciales de la vida. Véanse si no las dos últimas viñetas de esta página.


Aclaremos que la tal Laura es una antigua ex de Matt que en la actualidad no tiene en su vida la más mínima importancia, y que la chica que aparece en la viñeta final es la que realmente le interesa, a pesar de que al principio Matt se resistiera a admitirlo sólo porque "es pelirroja y está llena de pecas" (ya saben, "es que no es mi tipo"). A ella lleva semanas cortejando "con paciencia" porque la chica dice necesitar tiempo para ver si finalmente sucede algo entre ellos.

A los que pudieran (pudimos) pensar que Matt no es capaz de cambiar de registro, les recomendaría también su libro BUEN TIEMPO (La Cúpula). Aunque es igualmente un tebeo autobiográfico, esta vez sobre sus recuerdos de infancia, el tono es distinto, menos procaz y más serio, y tiene poco que ver con POBRE CABRÓN. Aparte, eso sí, de que lo que cuenta BUEN TIEMPO sigue siendo igual de cutre, vulgar y sincero. Y de que el Joe Matt niño se muestra, nuevamente, como el personaje más odioso de la función.