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miércoles, agosto 20, 2008

SUPERMAN Y EL CINE CLÁSICO

Como este año se han cumplido los 70 años de la primera aparición impresa de Superman, desde hace meses vengo dedicando unos cuantos posts a comentar curiosidades sobre el primer superhéroe, sus creadores originales y otros autores que pasaron por el personaje en posteriores etapas. En esta ocasión, para hablar sobre las influencias cinéfilas de Jerry Siegel y Joe Shuster y los actores en que se basaron a la hora de crear la imagen del Hombre de Acero. 

Siegel y Shuster eran dos chavales muy aficionados al cine que iban a ver películas todas las semanas, y se inspiraron en los actores Douglas Fairbanks Sr. y Harold Lloyd para el físico de Superman y Clark Kent, respectivamente. Así lo declararon los autores en vida más de una vez, por ejemplo, en esta entrevista de 1983. El dibujante Shuster en concreto era un gran admirador de Douglas Fairbanks Sr., que le parecía "muy ágil y atlético", y usó al actor como modelo para visualizar a Superman, tanto para los rasgos corporales como para las poses acrobáticas, incluyendo su postura típica "con los brazos en jarra y las piernas bien abiertas", según contaba el propio Shuster:


Douglas Fairbanks Sr. -y su "calzón por fuera" del pantalón- en EL LADRÓN DE BAGDAD (1924, Raoul Walsh), y el primer Superman dibujado por Joe Shuster en 1934


Harold Lloyd en 1925 y el primer Clark Kent en ACTION COMICS nº1 (1938)

"Las películas fueron la mayor influencia para nuestra imaginación: especialmente las de Douglas Fairbanks Sr." (Joe Shuster)

"Leía montones tremendos de pulps, y Joe y yo prácticamente vivíamos en las salas de cine" (Jerry Siegel)

Para el nombre de Clark Kent, Jerry Siegel combinó los de los actores Clark Gable y Kent Taylor. Por su parte, el nombre de la ciudad que acogió a Superman, Metrópolis, fue un homenaje a la película de Fritz Lang de 1927. También hubo alguna inspiración gráfica de Shuster en dicho film a la hora de dibujar el mundo del que provenía Superman:


Incluso el primer traje de Superman estuvo inspirado por el vestuario de aquellas viejas películas protagonizadas por Fairbanks Sr., según contaba el propio dibujante:

"Estaba inspirado por los trajes de las películas que hizo Fairbanks, tuvieron una gran influencia en nosotros. Fairbanks hizo La marca del Zorro y Robin Hood, y otra maravillosa titulada El Pirata Negro, esas son las tres que recuerdo que nos encantaban. Fairbanks podía balancearse en una soga de forma muy parecida a como Superman volaba, o como Tarzán en una liana" (Joe Shuster)


Más sobre los primeros tiempos de Superman y los tiras y aflojas de sus creadores con los editores, aquí.

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Por cierto, y ya que el post anterior de ahí abajo iba de lo que iba, también fue precisamente LA MARCA DEL ZORRO (1920, Fred Niblo) una de las principales influencias de Bob Kane a la hora de crear en 1939 a Batman, junto al guionista Bill Finger. Kane también estaba fascinado por los diseños del "ornitóptero" de Leonardo Da Vinci y por otra película, THE BAT WHISPERS (1930, Roland West), pero LA MARCA DEL ZORRO le obsesionaba tanto que de niño había llegado a bautizar a su pandilla del barrio como Los Zorros. Por eso Batman, al igual que El Zorro interpretado por Fairbanks Sr. (imagen de abajo), fue un justiciero atlético y acróbata que tenía una identidad secreta, la de un rico que aparentaba ser un pusilánime (Don Diego Vega / Bruce Wayne). También como El Zorro, Batman usaba una entrada secreta y llevaba máscara y capa negra para actuar como un justiciero perseguido por la autoridad.

"El uso de la máscara por El Zorro para ocultar su identidad como Don Diego me dio la idea de darle a Batman una identidad secreta... Bruce Wayne sería un hombre rico con una fachada decadente. El Zorro montaba un caballo negro llamado Tornado y entraba en una cueva y salía por el salón a través del reloj de su abuelo. La Bat-cueva se inspiró en la de El Zorro. No quería a Batman como un superhéroe con superpoderes… Así que le hice como un ser humano ordinario; sólo era un atleta que tenía la fortaleza física de Douglas Fairbanks Sr., que era mi héroe favorito de todos los tiempos del cine"  (Bob Kane)


miércoles, julio 09, 2008

LEGENDS OF DARK SUPERMAN


Varios sucesos macabros han generado a lo largo de los años la leyenda urbana de que Superman trae la desgracia a quienes lo interpretan en el mundo real. En el caso de Bud Collyer, sin embargo, esa supuesta maldición está bastante cogida con alfileres. Collyer era este señor de la izquierda que lee un tebeo del personaje (la foto es de 1946), y fue el primer actor en dar vida a Superman/Clark Kent. Le puso voz en la serie de radio y luego de animación THE ADVENTURES OF SUPERMAN, exitosos seriales de los primeros años cuarenta en los que por cierto se inventaron algunos elementos de la mitología supermana luego incorporados a los tebeos. Fue en la radio donde los guionistas idearon la kriptonita, y donde se acuñó la frase "¡Es un pájaro! ¡Es un avión! ¡Es Superman!"; asimismo, fue en los fabulosos dibujos animados del Estudio Fleischer donde el Hombre de Acero empezó a volar (y no sólo a dar grandes saltos, que era lo que hacía al principio en los cómics). A lo que íbamos. Bud Collyer volvió a poner su voz al personaje en otra serie de animación de 1966; tres años más tarde murió por problemas circulatorios. Claro que tenía 61 años por entonces.

Lo de George Reeves ya no fue poca broma. Reeves era el protagonista de la serie televisiva de los cincuenta ADVENTURES OF SUPERMAN, un inmenso éxito de aquella primera televisión. El actor terminó sus días en 1959 (tenía 45 años; arriba del todo, portada del New York Post con el titular sobre su muerte) pegándose un tiro con una Luger después de una fiesta en su casa con mucho alcohol de por medio; sin embargo, en el arma no se encontraron huellas digitales y la madre de Reeves nunca creyó en la tesis oficial del suicidio. La turbia historia inspiró recientemente la película HOLLYWOODLAND (2006).

Christopher Reeve, sin s, interpretó inolvidablemente al Hombre de Acero en cuatro películas entre 1978 y 1987, y en ellas no sólo nos hizo creer que un hombre podía volar, también que Superman y Clark Kent podían ser dos personas distintas. En 1995, como es bien sabido, sufrió un accidente montando a caballo que le dejó paralítico; sucesivas infecciones le condujeron a una muerte prematura a los 52 años, después de una larga lucha por recuperar la movilidad.

Brandon Routh, el último Superman del cine en la película dirigida por Bryan Singer (SUPERMAN RETURNS, 2006), ha declarado que no cree en la supuesta maldición. El actor fue elegido principalmente por su parecido físico con Christopher Reeve.

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Hay más "argumentos" para demostrar la maldición de Superman, en realidad todas las coincidencias que se pretendan encontrar. O eso parece. Por ejemplo: Richard Pryor, el cómico que participó en SUPERMAN III (1983), comenzó a sufrir esclerosis múltiple tres años después de la película; murió en 2005 de una parada cardiorrespiratoria. Por ejemplo: Margot Kidder, la actriz que interpretó a Lois Lane en la película de Richard Donner y sus secuelas, fue diagnosticada años después de un trastorno bipolar y ha sufrido episodios como el de 1996, cuando desapareció durante varios días y fue encontrada por la policía deambulando por la calle desorientada, rapada, medio desnuda y paranoica: gritaba que alguien la perseguía. A estas "pruebas" de la maldición hay quien añade el drama laboral que supuso para Jerry Siegel y Joe Shuster, creadores de Superman, vender los derechos del personaje con la primera historieta de 1938 y luego ser despedidos por la editorial tras litigar en vano para recuperarlos. This looks like a job for Iker Jiménez, podría pensar alguien tomándose a guasa todo el asunto. Pero espera, que hay más. Lee Quigley, el bebé Kal-El en el SUPERMAN de Donner (1978), murió con sólo 14 años después de inhalar disolventes. Dana Reeve, viuda de Christopher Reeve, fue diagnosticada de un cáncer de pulmón en 2005, un año después de que muriera su marido, pero no era fumadora. Murió en 2006, a los 44 años.

sábado, mayo 24, 2008

LAS MUCHAS MUERTES DE SUPERMAN

Una gran novela imaginaria en tres partes:

(¡Que nunca ha sucedido pero podría suceder!)

¡Una historia llena de sorpresas! ... ¡Durante muchos años Luthor ha sido el archi-enemigo de Superman! ¡Y ha fracasado en todos sus intentos por destruir al Hombre de acero!

¡Pero repentinamente, en un día imaginario, la enemistad se acaba! Luthor deja el crimen, ¡Y se convierte en un paladín de la justicia!

¡El que fuera despreciado, se convierte en amigo!

¿- Asombrado? Prepárese para sorprenderse más.

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Superman no "murió" únicamente en la muy publicitada saga de finales de 1992 a manos de Doomsday. Ya lo había hecho antes en un episodio de la Edad de Plata titulado ¡LA MUERTE DE SUPERMAN! publicado en noviembre de 1961 en SUPERMAN #149, una historia con guión de Jerry Siegel, dibujos de Curt Swan y tintas de George Klein donde Lex Luthor asesinaba a Superman, y lo mataba de verdad. Bueno, "de verdad" teniendo en cuenta que se trataba de una historia "imaginaria", como se avisaba desde el comienzo en un truco narrativo típico de la época. Fueron estos relatos imaginarios, antecedente de los luego conocidos como Elsewords en DC, los que también permitieron contar la vida de Superman en un Krypton no destruido, narrar la boda del Hombre de Acero y Lois Lane mucho antes de que sucediera "de verdad" (en la cronología oficial de Superman eso no ocurrió hasta 1996, buscando la atención mediática una vez que se apagaron los fuegos artificiales de la "muerte" de 1992) o incluso la "última historia" de Superman en la conocida ¿QUÉ LE SUCEDIÓ AL HOMBRE DEL MAÑANA (1986), de Alan Moore y Curt Swan.

Este recurso de los imaginary tales fue interpretado por Umberto Eco en su ensayo sobre Superman de APOCALÍPTICOS E INTEGRADOS (1965) como un mecanismo para mantener incombustible un mito que era narrado en presente, como en la novela moderna, a diferencia de las historias ya sucedidas e inmutables de las mitologías tradicionales. Gracias a los relatos imaginarios, y también a la alternancia de historias "oficiales" del presente de Superman con las de su pasado como Superboy, el encuentro de ambos cuando viajaban al futuro, etc., se conseguía ofrecer una cronología difusa, onírica y no lineal de la biografía de Superman, diluyendo la noción de orden temporal del relato y creando en el imaginario del lector la sensación de que la vida del personaje no avanzaba aproximándole a su muerte. De este modo, los hechos que sucedían no eran irreversibles (ni siquiera su boda con Lois Lane o su muerte, al ser relatos "imaginarios"), y al terminar cada historia todo quedaba como al principio. Según Eco, gracias a este recurso la vida y hazañas de Superman podían ser narradas en un presente continuo serializado de forma cotidiana y mensual sin perder a la vez el aura mítica de intemporalidad de las antiguas leyendas heroicas.

Más allá de la interpretación de Eco, es muy significativo que el modelo que instauró Marvel por aquella misma época era precisamente contrario en ese aspecto al de DC. En Marvel todo lo que sucedía importaba porque cambiaba al héroe, determinaba los acontecimientos venideros y a menudo era irreversible: la muerte del Capitán Stacy, la muerte de Gwen Stacy, la muerte del Duende Verde, la salida del instituto de Peter Parker, la entrada en la universidad, un nuevo noviazgo con Mary Jane, etc. Un modelo que a la larga terminó generalizándose en los superhéroes hasta llegar a contaminar a la misma DC, no hay más que recordar la boda de 1996, esta vez oficial, entre Superman y Lois. Un modelo que, también significativamente, se ha ido diluyendo desde hace unos quince años tanto en DC como en Marvel, hasta volver a convertir en reversible prácticamente todo lo que sucede en la biografía de los superhéroes. De este modo, Superman no estaba muerto, estaba de parranda después de que le viésemos exhalar su último suspiro destrozándose contra Doomsday; el Duende Verde original volvía a pesar de que le vimos morir empalado por su propio deslizador en 1973, Tía May, muerta años atrás, estaba viva en realidad, etc. La diferencia fundamental con los relatos imaginarios de la DC de la Silver Age, claro está, es que ahora estamos hablando de la historia oficial de los personajes. Con este proceso actual se tiende a generar, al menos entre los lectores que conocen el pasado del personaje, la sensación de que nada de lo que sucede importa realmente, ningún hecho tiene un peso irreversible, los errores pueden ser corregidos y los sucesos más trágicos arreglados posteriormente. Qué nos dice eso de nuestro mundo es otra pregunta que también daría mucho para especular. En cualquier caso, esta constante recurrencia que lleva a reescribir una y otra vez hechos ya narrados en el pasado o a reproducirlos desde un punto de vista distinto, sólo puede deberse a que la historia de los superhéroes clásicos (y desde luego la del trío principal Superman-Batman-Spiderman) ya está contada: todo lo que en ellos importaba dramáticamente hablando se ha cumplido, no queda nada en ellos por realizar, su mito se ha consumido finalmente. Pero, por supuesto, hay que mantener vivas las franquicias.

Volviendo a una época más ingenua donde aún estaba casi todo por contar, la historia imaginaria de la "muerte" de Superman de 1961 estaba explícitamente dividida en tres actos. En el primer capítulo, ¡LEX LUTHOR, HÉROE!, el mad doctor calvo que había jurado acabar con Superman se encontraba preso en la cárcel de Metrópolis cuando descubría una cura universal para el cáncer gracias al "elemento X", una "sustancia química misteriosa" que Luthor ya "sospechaba que existía en algún lugar del universo". La sustancia la encontró en un meteorito caído en, ejem, el patio de la cárcel donde los presos realizaban sus trabajos forzados. Tras ofrecer la cura a los científicos, que efectivamente daba resultado, Lex afirma estar arrepentido de su pasado criminal, querer reformarse y seguir ayudando a la humanidad. "¡No deseo recompensas! ¡Yo sólo quiero reconstruir mi pasado!" Todo el mundo quiere creerle, y el primero Superman, que intercede para conseguir su libertad provisional. "Ahora que has cambiado podemos ser amigos" -le dice Superman tras sacarle de prisión-. "Bien, Luthor, ¡nuestra enemistad ha terminado, por fin!... Pero debo admitir que hubo un tiempo en que me tuviste muy preocupado."

En el segundo capítulo de la historia, los antiguos compinches de Luthor intentan asesinarle porque piensan que les ha traicionado al renunciar a matar a Superman, así que a Lex le sale un guardaespaldas muy especial. En ¡EL SUPER-GUARDAESPALDAS DE LUTHOR!, Superman le da a Luthor uno de sus superrelojes-alarma para que le avise en caso de peligro, cosa que efectivamente tendrá que hacer en un par de ocasiones: el Hombre de Acero acude para detener las balas y granadas de los gángsters e incluso tragarse un dardo envenenado (en serio) que iba destinado a Luthor. A fin de que éste siga trabajando tranquilamente en beneficio de la humanidad, Superman se lo lleva (en una nave-burbuja transparente) a un laboratorio espacial que construye al efecto. Aun así Luthor será objeto de un nuevo ataque, esta vez con un misil enviado por "los jefes del Hampa" -quienes "no reparan en gastos" para matarle- que el Hombre de Acero consigue detener igualmente.

Algo después, Luthor activa desde el laboratorio espacial la alarma de peligro (un extravagante cohete con la figura de Luthor) para atraer al superprimo a su trampa: cuando Superman llega a la estación espacial, Luthor le baña a traición con un rayo de kriptonita verde en una escena que recuerda inevitablemente a la del capítulo XII de WATCHMEN, cuando Ozymandias engaña al Dr. Manhattan para intentar destruirle. A continuación, Luthor lo ata a una camilla y le somete a una intensa sesión de rayos del único mineral que podía dañar a Superman. En ese solarium de kriptonita morirá envenenado el Hombre de Acero tras una larga y sádica agonía en la que, literalmente, se broncea hasta ponerse completamente verde. Luthor confiesa al fin, por si acaso hiciera falta, que todo lo que había hecho, la cura para el cáncer, fingir reformarse, etc., fue para que Superman se confiara y cayera en "esta trampa de muerte!". Para más inri, el letal bronceado verde de Superman había tenido lugar delante de sus amigos de toda la vida, Lois Lane, Jimmy Olsen y Perry White, a los que Luthor obligó a mirar desde una habitación con vistas, como los testigos en las cámaras de gas reales que observan detrás del cristal. Los amigos lloran ahora y claman venganza mientras Luthor se congratula de su "grandioso logro". Nada se interpone ya en sus ansias de gobernar el mundo.


"¿Será vengada la muerte de Superman? Lea el capítulo final de esta impresionante e inolvidable historia imaginaria".


En el tercer acto, ¡LA MUERTE DE SUPERMAN!, el mundo entero está de duelo. "Todo hombre decente de la Tierra siente una gran pena" por su muerte, en Metrópolis se celebra una capilla ardiente por la que desfila hasta Krypto el Superperro, etc.

Mientras tanto, Luthor y sus compinches dan una gran fiesta para celebrar la desaparición de su odiado enemigo que se ve interrumpida por la entrada a través de la pared de... Superman. La escena cumple ante el lector la función de resurrección física aparente del héroe muerto, mientras los malos se quedan horrorizados por la sorpresa. "¡Auu! ¡S-Superman está vivo!", grita uno de los hampones. Nada más detener a Luthor, el supuesto Superman -al que efectivamente le rebotan las balas- se quita el disfraz. Bajo él está Supergirl, que ha decidido salir del armario y ocupar el puesto del Hombre de Acero (hasta entonces le había ayudado en secreto, actuando desde la sombra). Luthor es reducido y juzgado en la ciudad embotellada de Kandor, mientras el villano se muestra tranquilo y sonriente pensando que tiene "un as en la manga". Cuando oye su sentencia de culpabilidad, ofrece a los kandorianos un trato: que le dejen libre a cambio de devolver a Kandor su tamaño normal, el que tenía antes de que Brainiac los redujese y embotellase. "¡Los kandorianos no hacemos tratos con asesinos!", clama el juez y ordena al verdugo ejecutar la sentencia. Éste envía inmediatamente a Luthor a la Zona Fantasma por toda la eternidad. "¡Se ha hecho justicia!"

En un pequeño epílogo de media página -la otra media la ocupaba un faldón publicitario en el cómic original-, Supergirl sustituye definitivamente a Superman en su tarea salvadora del mundo, cumpliendo ahora la función de resucitar simbólicamente al héroe: éste no ha muerto en vano porque su ejemplo ha inspirado a otros a seguirle, y de este modo el relato mesiánico implícito en el mito de Superman se cierra satisfactoriamente. "La Chica de acero continúa la cruzada por la justicia de Superman", reza un titular de periódico en una viñeta de la última página. Pero aún hay espacio para otra reflexión más: "Todo el tiempo que fui el arma secreta de Superman, esperaba con ansias el día en que pudiera actuar libremente. Ahora que finalmente sucedió, no siento ninguna felicidad por esta "gloria" que ahora... es mía", piensa Supergirl mientras deja atrás una inmensa estatua que corona el mausoleo de Superman y asciende volando hacia las nubes.


"Bien. ¡No hay que tomarlo todo tan a pecho! Después de todo, ésta es sólo una historia imaginaria. ¡Y sólo hay una probabilidad entre un millón de que suceda de verdad algún día! ¡Por lo tanto, el poderoso y valiente Hombre de acero seguirá surcando los cielos en defensa de la justicia, por muchos, muchos años más!", menos mal que nos avisaba el texto de apoyo final.

viernes, mayo 09, 2008

ALL STAR


DOOMED PLANET.
DESPERATE SCIENTISTS.
LAST HOPE.
KINDLY COUPLE.

Así empieza ALL-STAR SUPERMAN. En una sola página, la primera, se cuenta el origen de Superman dando por supuesto que todo el mundo lo conoce, cosa que en un alto porcentaje de lectores resultará cierta. Un amigo me ha prestado la serie, que siguen realizando ahora mismo Grant Morrison y Frank Quitely (con Jamie Grant, tinta digital y color); yo estaba esperando a que la terminaran para pillarme el recopilatorio, pero en vista de que la cosa va lenta y necesitaba ponerme al día, se los he pedido. A lo que iba. Los dos primeros números me parecieron espectaculares, tanto por el ritmo (atrevidas elipsis entre viñeta y viñeta, una marca ya de fábrica en Morrison y su compadre Quitely; ambos parecen haber nacido el uno para el otro) como por el sense of wonder, inspirado directamente en la Edad de Plata de Superman. En realidad toda la serie es un reinterpretación bajo nuestros ojos de hoy de la fascinante mitología supermana de la Silver Age. El tercer episodio ya me gustó menos, aunque lo compensaba su abundante humor. En posteriores números la historia, que promete mucho al principio, se va desvaneciendo en favor de los homenajes cool en cada episodio a elementos concretos del Superman de la Edad de Plata:

episodio 1, planteamiento de la historia que introduce a toda pastilla, sin presentarlos, elementos básicos de la mitología del Hombre de Acero: Krypton y el origen de todo, el Superman que podía volar (o no) a través del Sol, el Lex Luthor sádico y científico-loco (no el empresario-cínico de los 80), el Daily Planet y Perry White, Lois Lane la periodista-sabelotodo, más algún elemento tardío sacado del JIMMY OLSEN de Kirby de los primeros setenta: el DNA Project, alias Proyecto Cadmus, alias aquí P.R.O.J.E.C.T, dirigido por el muy cool Dr. Quintum, cuyo vestuario parece sacado del armario del Dr. Who más hortera,

episodios 2 y 3, las maravillas que alberga la Fortaleza de la Soledad (la superllave para entrar en ella, la ciudad embotellada de Kandor, los robots supermanes, etc.), más la Superfamilia (Lois Lane, reina por un día, disfruta como Superwoman de los poderes de Superman durante 24 horas) y dos superhombres de la mitología antigua, Sansón y Atlas,

episodio 4, más Superfamilia con las extrañas aventuras de Jimmy Olsen y guiño fast forward a Doomsday,

episodio 5, el Lex Luthor inventor, con robots y un mono disfrazado de Superman incluidos, obsesionado más que nunca por su odio al Hombre de Acero; el Clark Kent más patoso que realmente parece alguien distinto a Superman,

episodio 6, viaje al pasado de Smallville, papá Kent y los Supermanes del futuro, Krypto el superperro,

episodios 7 y 8, Bizarro (y Zibarro) y su mundo, los efectos de los rayos del sol rojo sobre las margaritas, "do the wrong thing",

episodio 9, visitantes inesperados que también se salvaron de la destrucción de Krypton (y que llegan con planes algo distintos a los de Superman), la Zona Fantasma,

episodio 10, viaje a Kandor y otras maravillas; las Tierras paralelas y el Superman omnipotente capaz incluso de crear vida, Dios con capa roja y calzón por encima de las mallas.

Como cada vez soy más fan de la DC de la Silver Age, y Grant Morrison lo ha sido desde siempre (es un admirador confeso de las historias que escribieron en aquella época guionistas como John Broome o Gardner Fox), estaba predispuesto como lector a disfrutar esta serie. Morrison apuesta, como ya hizo en sus NUEVOS X-MEN, por la acción visual con diálogos alusivos y concisos al máximo mientras Quitely sigue haciendo un trabajo impresionante, no sólo por el dibujo en sí (sugiriendo la formas cada vez con menos líneas, cómo me gustan también esos espacios vacíos con los que a menudo compone viñetas y páginas) sino sobre todo por su original planificación. En este aspecto, no hay página en la que no haya algo singular y sorprendente: esos planos generalísimos tan alejados que utiliza de repente, ese mostrar las consecuencias de una acción desde un punto de vista raro, y además a veces sin habernos enseñado la acción previa que la causó; qué poco tiene que ver esto con la sensación del cine, cuánto se deja a la construcción en la mente del lector.

A pesar de todas esas virtudes, de las portadas con logo molón de Chip Kidd, y de que hay bastantes momentos donde la sensación de maravilla te deja pegado al asiento, la serie se me ha ido desinflando lentamente conforme la leía, posiblemente porque prima más el homenaje a los viejos tiempos de gloria de Superman que la historia en sí. Aunque ya veremos cómo acaba porque sigue en curso. Con todo, ALL-STAR SUPERMAN es el tebeo de superhéroes reciente que más he disfrutado últimamente, aunque sea solamente por el componente sensual de la sucesión de imágenes, al margen de la palabra, de lo que se narra. También es uno de los que mejor comprensión demuestra del legado superheroico clásico, en este caso el de la Edad de Plata, como debo haber repetido ya diez veces.


Un par de cosas a destacar para mi gusto: las elipsis tremendas que hay a veces entre viñeta y viñeta, por ejemplo en el episodio 7, el de la invasión de Bizarros, donde además hay varias secuencias con distintos personajes desarrollándose a la vez. La sensación que provoca, de una rapidez y confusión que aturden, me recuerdan un poco al DK2, o más bien, y puede que de ahí venga todo, a las exageradas elipsis que había en los tebeos de la Silver Age, sólo que eliminando el porrón de textos explicativos que había entonces y que aquí no hay (el efecto es brutal). Lo otro que me ha hecho bastante gracia es la metaviñeta final del episodio 10, un recurso ya típico en Morrison que además encaja como un guante en la tradición de "historias imaginarias" de Superman y de universos paralelos de DC.

lunes, mayo 05, 2008

QUISIERA PODER ESCAPAR, PERO...


Absence enlaza este blog y le devuelvo el enlace no tanto por agradecerlo (que también) sino porque su galería sobre el Superman más loco, fantástico y memorable -versión mexicana de Editorial Novaro- es sencillamente espectacular. En El blog ausente

miércoles, abril 30, 2008

¿NO ME RECONOCE, DOCTOR?

SUPERMAN #330, diciembre de 1978, de la época en que DC intentaba "racionalizar" todas las superfantasías de Superman para que no pareciesen tan infantiles. Supongo que eran los 70 y su realidad sudorosa y cruda (que viene de crudo, el de los barriles), o que los fanboys se hacían mayores y necesitaban algo más acorde a su edad. O la poderosa influencia que venía ejerciendo el modelo Marvel desde hacía más de una década, o, quizás también, que era el año en que usted creyó que un hombre podía volar (ese mismo mes, diciembre de 1978, se estrenaba en USA la película de Richard Donner).


-LANA... ¿CREES AHORA QUE SOY CLARK KENT?
-¡POR SUPUESTO QUE NO! ¿POR QUÉ CLASE DE IDIOTA ME TOMAS? ¡CLARK KENT ES ASÍ!

REVELADO AL FIN... ¡EL ASOMBROSO SECRETO DE CÓMO SUPERMAN ENGAÑA AL MUNDO CON
SU IDENTIDAD DE CLARK KENT!

(¡UN SECRETO AMENAZADO POR LOS SINIESTROS PLANES DE SPELLBINDER!)

La portada era, evidentemente, del soberbio Ross Andru (tintas de Dick Giordano), que dibujó muchas otras para Superman en esa época. En el interior estaba la historia que nos interesa ahora, EL MAESTRO HIPNOTIZADOR DE METRÓPOLIS, guión de Martin Pasko, dibujos del clásico Curt Swan y tintas de Frank Chiaramonte. La cosa empezaba con un satélite que se salía de su órbita y caía directamente hacia el edificio donde Clark Kent trabajaba -que no era el Daily Planet porque en esa época el periodista trabajaba en la televisión- mientras Lois Lane, Lana Lang y Jimmy Olsen empezaban, todos a la vez, a meterle prisa a Clark para que se cambiara, se quitara de una vez esas "gafas falsas y ese traje tonto", echara a volar y detuviera la amenaza. Superman se despertaba sobresaltado de lo que en realidad había sido un sueño, o pesadilla, y se levantaba desvelado a mirarse en el espejo. De repente y después de tantos años de que los lectores se preguntasen lo mismo, nuestro héroe caía en la cuenta de cómo era posible que la gente no se percatara de que Clark Kent era Superman simplemente por las gafas que llevaba. "¡...Y si hay algo de verdad en ese sueño! ¿De verdad es tan malo mi disfraz de Clark Kent? Incluso aunque cambio la voz ligeramente cuando finjo ser Clark... ¿De verdad que mi doble identidad puede ser descubierta tan fácilmente?"


"Mmm... ahora que me paro a pensarlo... ¡Es el disfraz más tonto que haya visto nunca!"
"Oh-oh, Superman usando gafas, ¡eso es lo que parezco!"
"¿A quién intentaba tomarle el pelo cuando me imaginé este disfraz ridículo?"
"Mmm! "¡Chico, eso es!" "Era Superboy cuando me inventé lo de las gafas! ¡Un crío joven, ingenuo! No supe imaginar nada mejor!"


¿DE VERDAD ES TAN MALO MI DISFRAZ?
A lo largo de la historia de Superman se han dado varias explicaciones para justificar cómo era posible que funcionase "el disfraz más tonto que hayamos visto nunca", algunas mejores y otras peores. En los tebeos y sus personajes de tinta y papel impreso estas cosas podían ser verosímiles (aunque Christopher Reeve, un actorazo de carne y hueso, supo hacernos creer que Superman y Clark eran dos personas distintas), especialmente cuando nadie se las cuestionaba y la situación se daba por hecha al lector sin mencionarse siquiera en las historias, que es lo que hicieron de buen principio Jerry Siegel y Joe Shuster cuando crearon al personaje. Una de las explicaciones más sencillas para la efectividad del absurdo disfraz de Clark (juraría que fue de John Byrne en su refundación del personaje en 1986, aunque a lo mejor ya se había usado con anterioridad) era el hecho de que la gente no tenía por qué imaginar que Superman tenía una identidad civil secreta. En el episodio que comentamos, precisamente, se daría otra explicación. Volviendo a la trama de la historia, mientras Superman se cuestionaba ante el espejo su propio statu quo de tantos años, casi como tomando conciencia de su propia condición de personaje de tebeo (casi, aún faltaban años para que aterrizara Grant Morrison en DC y en ANIMAL MAN), el supervillano Spellbinder llegaba a Metrópolis y usaba sus poderes como hipnotizador. Para contrarrestar la amenaza, Superman se veía obligado a usar su super-hipnosis (un vestigio de la Edad de Plata) dando una orden a todos los ciudadanos de Metrópolis para resistir cualquier orden hipnótica. La orden la emitió desde esta particular "televisión de plasma":



El nudo de la trama llegaba cuando, a continuación, Lana Lang pillaba a Superman in fraganti mientras se cambiaba


...pero Lana no le reconocía como Clark. "Perdona mi curiosidad, Superman, pero ¿por qué llevas esas gafas? ¿Y ese traje?"
("¿¡¿Queeé?!? ¿Lana no me reconoce como Clark Kent?? ¡Es absurdo!")



Cuando Superman admite desconcertado e indefenso su disfraz civil a Lana, ésta no se lo cree y porfía en que Clark no se parece en nada a Superman. "¿Ese se supone que es Clark? ¡Vamos, cariño! Admito que hay un parecido superficial.. Pero tú eres de complexión demasiado fuerte... ¡y también demasiado guapo! ¡No... olvídalo! No te pareces en nada a Clark!"


EL MAESTRO HIPNOTIZADOR DE METRÓPOLIS
Tras la rocambolesca escena, Superman volvía a enfrentarse a Spellbinder no sin antes hipnotizarse a sí mismo para ser inmune a la hipnosis del villano. Incomprensiblemente, el truco no funcionaba y Spellbinder hacía creer a Superman que había perdido sus poderes, ganaba la pelea y se marchaba. Pero Superman ya había descubierto el truco de Spellbinder y también su propio pastel, aunque por supuesto todavía no lo revelase ante el lector. Suspense. Primero tenía que derrotar al villano al haberse percatado de que hipnotizaba mediante el sonido y no a través de poderes visuales, y luego, por fin, Superman nos ponía al tanto de por qué los demás le veían diferente cuando era Clark:


Por su propio poder hipnotizador inconsciente, intensificado por un objeto inesperado. He aquí por qué nadie veía el parecido entre Supes y Clark:



Las gafas. Pero las gafas de Clark Kent no eran unas gafas cualquiera. Superman, lo explicaba a continuación, se hizo las lentes con el plexiglás de la claraboya de la nave que le trajo de Krypton para que fueran indestructibles. Alguna "propiedad desconocida" del plexiglás kriptoniano de las gafas intensificaba el efecto hipnótico de baja intensidad que proyectaba Superman de forma inconsciente; sin saberlo, Superman usaba constantemente su super-hipnosis cuando adoptaba la identidad de Clark Kent para aparentar ser más débil y frágil de lo que era. Un efecto hipnótico que, reforzado por las gafas especiales, hacía que cuando la gente miraba a Clark no le viera tal como era, sino como... "¡la imagen de Clark que intentaba proyectar!"


Como Superman había hipnotizado a todos los ciudadanos de Metrópolis precisamente para resistir cualquier orden hipnótica, sin saberlo había neutralizado su propia hipnosis inconsciente. Por eso Lana, bajo los efectos de esa orden, cuando le pilló cambiándose no vio al Clark que solía ver sino a alguien "distinto", concretamente a Superman con gafas y corbata. Pura lógica DC.

En fin, como dice uno de los blogers de los que sacado el material (aquí el otro), en la historia hay agujeros por los que podría volar el superperro Krypto, pero las dos tramas cruzadas de hipnosis, el embrollo seudopsicoanalítico y la idea de que Superman usara sus poderes inconscientemente para parecer alguien diferente cuando era Clark Kent me siguen pareciendo absolutamente fascinantes. Por lo visto, la idea primigenia no era del guionista Martin Pasko: la dio un fan que escribía constantemente al correo de la redacción, un tal Al Schroeder III. Y algo parece tener esta historia porque, si buscas en internet el episodio, aparece comentado y recordado por los aficionados en un número sorprendente de sitios. Llevaba tiempo acordándome de ella, sobre todo porque no la conservo y me hubiera gustado hacerlo. La leí de chaval, en retapados de Bruguera que vete tú a saber dónde y por cuánto dinero se pueden conseguir a estas alturas (reedición ya). Ahora, gracias a internet, he recuperado el episodio aunque sea virtualmente.

¿QUÉ FUE DE CURT SWAN?
En realidad, recuerdo muy buenos episodios de toda aquella etapa, dibujados, igual que éste, por Curt Swan (1920-1996), dibujante omnipresente en distintas series de Superman durante nada menos que tres décadas. Lo cruel que puede ser la vida, sobre todo estando una gran compañía de por medio. Después de haber redefinido a Superman -refinando el look que le dio Wayne Boring y haciéndolo más naturalista- y haberlo dibujado a lo largo de más de treinta años fijando su imagen para varias generaciones de lectores, a mediados de los ochenta el estilo de Curt Swan se había quedado anticuado para el gusto de la época. Se daba la circunstancia añadida de que, debido al descenso general de ventas de los títulos de DC, la compañía empezó a buscar nuevos autores para modernizar a sus personajes bandera, empezando por Superman. Como es bien sabido, uno de los autores elegidos por DC para el remozo fue el (entonces) hot artist John Byrne (otro fue Frank Miller, que se encargó de relanzar a Batman primero narrando sus últimos años de carrera en EL REGRESO DEL CABALLERO OSCURO y algo después su origen en BATMAN AÑO UNO, aquí junto a David Mazzucchelli). Byrne, tras recibir la oferta de DC para relanzar sus personajes, escogió precisamente a Superman siempre que le dejaran libertad para volver a contar su origen e introducir cambios para modernizarlo. Lo hizo en la miniserie de 1986 MAN OF STEEL y luego continuó durante algunos episodios más, abandonando dos años después en el número 22 de la nueva serie.

Pero justo antes de que Byrne metiera mano al personaje, el editor Julie Schwartz acordó cerrar definitivamente la historia del Superman pre-Crisis con una "historia imaginaria" en dos partes que puso punto y final al Superman y la Superfamilia que procedían de la Edad de Plata. La historia, magnífica, la escribió Alan Moore, la dibujó precisamente Curt Swan y se tituló ¿QUÉ FUE DEL HOMBRE DEL MAÑANA? (septiembre de 1986). Después de ella, el ahora anticuado Curt Swan "fue jubilado" de Superman para dejar paso a Byrne y luego a otros dibujantes, los que ahora prefería el público. Obtuvo algunos encargos posteriores de DC, pero fueron escasos y cada vez llegaron con menos frecuencia. Sin embargo, Swan tenía 66 años, había trabajado de freelance toda su vida y no podía retirarse porque no tenía plan de pensiones ni un patrimonio que le permitiera la jubilación. Tenía que seguir trabajando para sobrevivir.

miércoles, abril 23, 2008

SUPERMAN Y LOS PETRODÓLARES


-Por favor, Superman, mi pozo de petróleo está ardiendo... ¡Y tú eres el único que puede salvarlo!
-¡Claro! ¡Son 5.000 dólares en efectivo... Por adelantado!


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Cuando Superman trabajaba para... ¿Halliburton? La portada la dibujó Win Mortimer, y data de enero de 1953. De cuando Superman comenzaba a entrar en una de sus mejores etapas, un delirio en el que cada mes se intentaba subir un grado más en la escala de la confusión con tal de epatar al lector y atraer su atención. Con portadas e historietas demenciales -he leído auténticas joyas de finales de los 50- en las que está claro que los guionistas (entre otros, Otto Binder, Bill Finger, incluso Jerry Siegel de tapadillo; por entonces DC no acreditaba a los autores) sufrían lo suyo estrujándose la imaginación para mantener el nivel de disparate. No hay nada parecido a aquella época de DC, ni en otros cómics ni por supuesto en otros medios.

¿¡QUÉ ES ESTO...?!
¿EL HEROICO HOMBRE DE ACERO HA PUESTO PRECIO A SUS SUPERPODERES?
LEA "¡MÚSCULOS POR DINERO!"
decía también la esquina derecha de esa portada. La portada la he sacado de Superdickery.com, muchas más aquí

martes, abril 01, 2008

EL HOMBRE DE ACERO, 1981

Ya que parece el tema de actualidad, Entrecomics enlaza en YouTube un completo documental de la BBC de 1981 sobre los creadores de Superman y el impacto del personaje en la cultura popular. Starring: Jerry y Joanne Siegel y Joe Shuster (tres sexagenarios entonces, contando con comprensible orgullo sus batallitas sobre la creación de Supes), un joven lleno de vida llamado Christopher Reeve (estremecedor por razones obvias), Margot Kidder y su gracia natural (tan petarda como siempre), Larry Niven, Will Eisner en clase (en la Escuela de Artes Visuales de NY) y Fredric Wertham y su acento (impresionante intervención). Además de un joven y BIGOTUDO Art Spiegelman.

lunes, marzo 31, 2008

MALDIGO ESA PELÍCULA

Yo, Jerry Siegel, el co-creador de SUPERMAN, maldigo la película de Superman! Le deseo una super-bomba. Espero que los fans leales de Superman permanezcan alejados de ella en masa. Espero que el mundo entero se dé cuenta del hedor que envuelve a Superman, y que eviten la película como la peste.

¿Por qué echo esta maldición sobre una película basada en mi creación SUPERMAN?

Porque el dibujante Joe Shuster y yo, que creamos juntos a SUPERMAN, no recibiremos un sólo centavo del contrato de la super-película de SUPERMAN.

SUPERMAN ha sido una enorme mina de oro durante 37 años. Durante la mayoría de esos años, Joe Shuster y yo, que creamos originalmente el personaje SUPERMAN, no obtuvimos nada de nuestra creación, y la mayoría de esos años hemos pasado necesidades, mientras los editores de SUPERMAN se hacían multimillonarios.

Todos los detalles en el comunicado adjunto.

(...) Los editores de los tebeos de SUPERMAN, National Periodical Publications Inc., mataron mis días, asesinaron mis noches, ahogaron mi felicidad, estrangularon mi carrera. Considero a los ejecutivos de National asesinos económicos, monstruos locos por el dinero. Si ellos, y los ejecutivos de Warner Communications que poseen National, tuvieran conciencia, arreglarían lo que nos hicieron a Joe Shuster y a mí. (...) Joe está parcialmente ciego. Mi salud no es muy buena. Los dos tenemos 61 años. Durante la mayoría de nuestras vidas, mientras Superman era un gran éxito, hemos pasado necesidad.

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En octubre de 1975, el guionista Jerry Siegel escribió un comunicado a la prensa (un facsímil de la carta en el enlace) al saber de los preparativos para una nueva película de Superman. Siegel y Shuster ya habían litigado en vano para recuperar los derechos de Superman en varias ocasiones. A comienzos de ese año habían perdido una nueva demanda sobre la renovación del copyright del personaje por parte de National (el hombre original de DC), pero habían renunciado a apelar la sentencia después de llegar a un acuerdo económico con DC. Como a la altura de octubre aún no había pasado nada, Siegel estalló y escribió una carta llena de rabia y amargura, explicando con pelos y señales el trato que les habían dispensado a él y a Shuster. Su "maldición" sobre la película de Superman llamó la atención de la prensa, que aireó suficientemente el asunto y atrajo la atención de autores de cómic tan respetados en la industria de entonces como Neal Adams y Jerry Robinson, que a su vez orquestaron una campaña mediática.

"Otros hacían millones mientras los creadores de Superman vivían cerca de la pobreza. Jerry trabajaba de empleado y Joe era un hombre legalmente ciego que vivía en el apartamento de su hermano durmiendo en un catre. Les conocí y luché por una pequeña parte de sus derechos cuando ambos habían alcanzado los 60 años de edad. La batalla duró meses y el acuerdo fue exiguo, pero les permitió vivir los años de vida que les quedaban de una forma digna. ¿Sabes qué era lo que más les preocupaba? ¡Que sus nombres estuvieran asociados de nuevo a su personaje, Superman! ¿Por qué? Porque eso es lo que eran como personas. Eran su trabajo" (Neal Adams)

A raíz de todo esto, Warner/DC accedió a otorgar a cada uno de los creadores una pensión vitalicia anual de 20.000 dólares (que fue aumentada con los años; cuando Shuster murió en 1992, estaba recibiendo 85.000 dólares anuales) y un seguro médico durante el resto de sus vidas. Además, restauró la leyenda SUPERMAN CREATED BY JERRY SIEGEL AND JOE SHUSTER en los tebeos y en cualquier cosa relacionada con el personaje, incluyendo los créditos del comienzo de la película que dirigió Richard Donner en 1978.


sábado, marzo 29, 2008

LA DECISIÓN SOBRE SUPERMAN


70 años después de la primera aparición de Superman, los herederos de Jerry Siegel, co-creador del personaje, han ganado el juicio en el que reclamaban los derechos de autor por el material publicado en ACTION COMICS #1. Traduzco el fallo de la sentencia:

Después de setenta años, los herederos de Jerome Siegel recuperan lo que él les concedió hace tanto, los derechos de autor en el material de Superman que se publicó en Action Comics 1. Queda por hacer un reparto de los beneficios, guiados en cierta medida por las decisiones contenidas en esta Orden, y un juicio sobre si se incluyen los beneficios generados por la explotación de los derechos sobre Superman por parte de las filiales de DC Comics.

El guionista Jerry Siegel (1914-1996) y el dibujante Joe Shuster (1914-1992) vendieron los derechos sobre Superman por 130 dólares, que fue lo que cobraron por la primera historieta del personaje: 13 páginas que entregaron a National (la actual DC) en abril de 1938 para el primer número de un nuevo comic-book que sacó la editorial (con fecha de portada de junio de aquel año), el hoy histórico ACTION COMICS. Así es como se hacían las cosas entonces y así solían ser los contratos: los colaboradores cedían los derechos de sus personajes a la editorial, y además tenían prohibido usar en otras editoriales los personajes que habían creado. Aunque ambos autores consiguieron luego el pago de un porcentaje de los inmensos beneficios que estaba generando Superman, los sucesivos tira y afloja con la compañía terminaron con las demandas que los autores interpusieron en 1947 reclamando los derechos sobre sus creaciones (obtuvieron los de Superboy, que había sido creado bajo otras condiciones, pero no los de Superman; de todos modos, ambos autores llegaron rápidamente a un acuerdo con la compañía para venderles los derechos de Superboy por 94.000 dólares). A raíz del litigio, Siegel y Shuster fueron despedidos por la editorial y en las décadas siguientes sus nombres dejaron de figurar en los cómics de Superman como creadores del personaje.


En 1966 hubo otra demanda de los creadores sobre la propiedad de Superman, que fue desestimada, lo mismo que en 1975. Precisamente a finales de ese año, y gracias a un duro comunicado que Siegel envió a la prensa explicando el trato que DC les había dado a ambos autores -que entre otras cosas aireó las modestas condiciones en que vivían, particularmente Shuster, que vivía acogido y estaba prácticamente ciego-, la compañía Warner, ya por entonces propietaria de DC, decidió finalmente llegar a un acuerdo con ambos creadores. La compañía les otorgó una pensión vitalicia de 20.000 dólares anuales a cada uno y un seguro médico, y garantizó que en todos los créditos de tebeos, películas, series de TV, juegos, etc. basados en el personaje aparecería la leyenda "Creado por Jerry Siegel y Joe Shuster". Así estaban las cosas hasta que hace unos años la mujer y la hija de Siegel demandaron nuevamente a Warner/Time/DC Comics en el caso que ahora ha sido sentenciado. Además de éste, hay otro litigio aparte sobre Superboy que ha sido ya objeto de dos sentencias.

(arriba, viñeta de Grant Morrison y Frank Quitely para ALL STAR SUPERMAN #10; en medio y abajo, viñetas de ACTION COMICS #1, por Siegel y Shuster)


(vía The Beat)

miércoles, marzo 26, 2008

EL VERDADERO DISFRAZ DE SUPERMAN

Como sabes, soy bastante aficionado a los cómics. Especialmente a los de superhéroes. Encuentro fascinante toda la mitología que envuelve a los superhéroes. Cojamos a mi superhéroe favorito, Superman. No es un gran cómic. No está especialmente bien dibujado. Pero la mitología… la mitología no es solamente grandiosa, es única. Uno de los elementos principales de la mitología del superhéroe es que hay un superhéroe y hay un alter ego. Batman es en realidad Bruce Wayne, Spiderman es en realidad Peter Parker. Cuando ese personaje se levanta por la mañana, es Peter Parker. Tiene que ponerse un disfraz para convertirse en Spiderman. Y es ahí, en esa característica, donde Superman es único. Supermán no se convirtió en Superman. Superman nació Superman. Cuando Superman se levanta por la mañana, él es Superman. Su alter ego es Clark Kent. Su traje con la gran S roja es la manta que le envolvía siendo un bebé cuando los Kent le encontraron. Ésa es su ropa. Lo que lleva Kent -las gafas, el traje de negocios- es el disfraz. Es el disfraz que Superman lleva para integrarse entre nosotros. Clark Kent es tal como Superman nos ve a nosotros. ¿Y cuáles son las características de Clark Kent? Es débil… es inseguro… es un cobarde. Clark Kent es la crítica de Superman a toda la raza humana.

--Bill, en KILL BILL VOL. 2, de Quentin Tarantino.




 
En realidad la idea básica de ese monólogo escrito por Tarantino ya estaba en lo que Jules Feiffer escribió en 1965 sobre Superman, en su ensayo THE GREAT COMIC BOOK HEROES. Extracto:

La brillantez particular de Superman no reside sólo en el hecho de que fuese el primer superhéroe, sino también en el concepto de su alter ego. Lo que hacía a Superman diferente de la legión de imitadores que le siguieron no era que cuando se quitaba la ropa podía dar una paliza a cualquiera; todos hacían eso. Lo que hacía extraordinario a Superman era su punto de origen: Clark Kent.

Recordad, Kent no era la verdadera identidad de Superman, como Bruce Wayne era la de Batman o (en la radio) Lamont Cranston era la de The Shadow. Justo al contrario. Clark Kent era lo ficticio. Los héroes previos –The Shadow, El Avispón Verde, El Llanero Solitario- no sólo eran más vulnerables; eran falsos. No lo digo por criticar, es simplemente un hecho. The Shadow tenía que nublar la mente de la gente para actuar en el ramo. El Avispón Verde tenía que pasar por toda la parafernalia fetichista de ponerse el traje, el sombrero de ala ancha, la máscara negra, la pistola de gas, el automóvil amenazador y los efectos de sonido de insecto antes de estar listo para salir a la calle. El Llanero Solitario necesitaba los accesorios de un caballo blanco, un indio y un grito establecido de Hi-yo Silver para diferenciarle de todos los demás hombres enmascarados que correteaban por el Oeste en los días de antaño.

Pero Superman sólo tenía que levantarse por la mañana para ser Superman. En su caso, Clark Kent era el falso. Aquel tipo con las gafas y el acné y las chicas que paseaban riéndose de él no era real, no existía, era un disfraz de sacrificio, un discreto acto de martirio. ¡Si hubieran sabido…!

¿Y esto para qué? ¿Acaso se convertía Superman en Clark Kent para llevar una vida normal, tener amigos, parecer un tipo agradable, conocer chicas? Difícilmente. (...) La verdad podría ser que Kent existía no tanto para los propósitos de la historia como para el lector. Kent es la opinión que tiene Superman sobre nosotros, una caricatura mordaz de lo que somos, el elemento civil, como somos realmente. Su identidad falsa era la nuestra real. Por eso le amamos. Si eso no es lo que fuéramos realmente, si no hubiera Clark Kents, sólo un montón de gafas y trajes baratos que, al quitarse, revelaran en todos nosotros nuestras verdaderas identidades... ¡Qué mundo mejor habría sido!

domingo, marzo 09, 2008

LA PIEL SECRETA

Hablando de tipos disfrazados y de (auténticos) superhéroes, ya que el otro día charlábamos aquí sobre los superpijamas pego ahora algunos extractos de un extenso artículo del escritor Michael Chabon publicado esta semana en el New Yorker. En él, el autor de LAS ASOMBROSAS AVENTURAS DE KAVALIER & CLAY (novela para la cual se documentó a fondo sobre la industria del comic-book de los años treinta y cuarenta, inspirándose para ella en autores reales como Will Eisner, Joe Simon o Jack Kirby) y guionista de la serie de cómic THE ESCAPIST, diserta largo y tendido sobre la naturaleza del traje del superhéroe, que según Chabon es "por definición, un objeto imposible", un objeto que "no puede existir":

Now the time has come to propose, or confront, a fundamental truth: like the being who wears it, the superhero costume is, by definition, an impossible object. It cannot exist.

One may easily find suggestive evidence for this assertion at any large comic-book convention by studying the spectacle of the brave and bold convention attendees, those members of the general comics-fan public who show up in costume and go shpatziring around the ballrooms and exhibition halls dressed as Wolverine, say, or the Joker’s main squeeze, Harley Quinn. Without exception, even the most splendid of these getups is at best a disappointment. Every seam, every cobweb strand of duct-tape gum, every laddered fish-net stocking or visible ridge of underpants elastic—every stray mark, pulled thread, speck of dust—acts to spoil what is instantly revealed to have been, all along, an illusion.

(...) But realism is not, in fact, merely difficult; it is hopeless. A plausibly heroic physique is of no avail in this regard, nor is even the most fervent willingness to believe in oneself as the man or woman in the cape. Even those costumed conventioneers who go all out, working year-round to amass, scrounge, or counterfeit cleverly the materials required to put together, with glue gun, soldering iron, makeup, and needle and thread, a faithful and accurate Black Canary or Ant-Man costume, find themselves prey to forces, implacable as gravity, of tawdriness, gimcrackery, and unwitting self-ridicule.


Por otra parte, para Chabon hasta que aparece Superman (1938) no existe realmente el género de superhéroes. Aunque por entonces ni siquiera existía aún esa palabra, como puede leerse en el relato de Eisner del post anterior, digo yo que precisamente creamos nuevas palabras para nombrar cosas o conceptos que nos parecen nuevos. A lo que íbamos: según Chabon, es en Superman donde se inventa y agota el género. "Todos los tropos, clichés, convenciones, posibilidades, anhelos, deseos y neurosis que han conducido y alimentado y cargado los cómics de superhéroes durante los últimos 70 años estaban implícitos y contenidos dentro de aquel pequeño cohete rojo que se precipitó hacia la Tierra":

There were costumed crime-fighters before Superman (the Phantom, Zorro), but only as there were pop quartets before the Beatles. Superman invented and exhausted his genre in a single bound. All the tropes, all the clichés and conventions, all the possibilities, all the longings and wishes and neuroses that have driven and fed and burdened the superhero comic during the past seventy years were implied by and contained within that little red rocket ship hurtling toward Earth. That moment—Krypton exploding, Action Comics No. 1—is generally seen to be Minute Zero of the superhero idea.

viernes, agosto 25, 2006

EL MESÍAS VIENE DEL CIELO

Pero si La guerra de las galaxias (1977) elude la iconografía cristiana pese a mantener de manera ejemplar la fase inicial del argumento mesiánico, encontramos en Superman (1978) -realizado un año después del primer film de Lucas, en pleno fervor del género- una narración mesiánica sorprendentemente literal. Y es que Superman, tanto en la versión de cómic como en la cinematográfica, ha sido el mesías por excelencia de la moderna épica de la ciencia ficción. Superman es un niño salvado de un cataclismo galáctico; educado por unos padres adoptivos, descubre de adulto su origen y sus superpoderes, y los pone al servicio de la comunidad amenazada por peligros y catástrofes de todo tipo. El film no hace más que aumentar iconográficamente las referencias mesiánicas del personaje originario del cómic, sobre todo en lo que se refiere a la iconografía del padre celestial (Marlon Brando haciendo, por fin, de Dios) y la simplicidad de sus padres terrestres (Glenn Ford, o sea, José). De igual modo, Superman hace milagros, resucita a su amada Lois Lane -amor secreto, no realizable- y, no sin conocer el desaliento, acaba triunfando sobre el mal. Comprobado el final del filón cinematográfico del personaje -a partir de los fracasos de Superman III (1983), ya inevitablemente paródica, y de Superman IV (1987), decididamente inútil-, la empresa editora del cómic decidió montar un golpe de teatro para reactivar su edición, haciendo morir y resucitar al héroe, consciente de que esta fase del ciclo heroico era la que faltaba al personaje. Decisión de muy discutibles perspectivas comerciales, porque difícilmente un personaje mesiánico, una vez concluido su periplo -la resurrección-, puede seguir dando un juego dramático de continuidad.

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Extracto del capítulo titulado "El mesías viene del cielo", del libro de Jordi Balló y Xavier Pérez LA SEMILLA INMORTAL. LOS ARGUMENTOS UNIVERSALES DEL CINE (Anagrama, 1997).