sábado, marzo 03, 2007

NO TODO VALE LO MISMO

No digo nada novedoso. Aludo a la llamada crisis de valores, a ese «todo vale», que en realidad significa que nada propiamente vale. Que ya no hay disposición a cuestionar el valor de nuestras conductas, ideas o creencias; que está de más tanto atacarlas como defenderlas, puesto que al parecer todas son aceptables. Y, como alguien pusiera en duda las mías, le replicaría que me está faltando al respeto y que estoy en mi perfecto derecho de decir o hacer lo que quiera. Fíjese en cómo hoy se confunde lo «valioso» con lo «válido» o que cuenta con algún permiso. Lo legal se ha tragado a lo moral: la persona de fiar ha pasado a ser un «tipo legal». Vivimos una época en que se evita el esfuerzo por aportar la justificación de nuestras preferencias políticas o morales. Estamos llenos de tópicos como que «no hay que juzgar a nadie», porque así me libro de ser juzgado e impido que sean examinadas mis opiniones. O que algo «no es ni mejor ni peor, sino sólo diferente». Si lo diferente es valioso nada más que por ser diferente, la tarea de establecer una jerarquía entre las acciones u opiniones conforme a su valor pierde sentido. O eso de «pero no pretenderá encima tener razón, no pretenderá usted convencerme». Pues claro que aspiro a tener razón, por supuesto que pretendo convencerle; si no, no estaríamos hablando... A toda esa clase de clichés coincidentes en la negación o relativización de la verdad y del valor moral lo llamamos nihilismo.

(...) Precisamente porque Dios ha muerto hemos de estar los hombres más comprometidos en distinguir lo bueno y lo malo. No es Dios, no es una religión, los que nos han dado las tablas de la ley: ésta es y debe ser cosa nuestra.

(...) Es verdad que tenemos la misma dignidad como seres humanos, pero cada cual desarrolla ese potencial mejor o peor. Por fortuna hemos conquistado en el último siglo una cierta igualdad jurídica y política, y esto resulta una inmensa ganancia para la Humanidad. Pero una cosa es que en democracia seamos igual de valiosos como ciudadanos y otra distinta que en lo demás todos valgamos lo mismo. Confundirlo trae gravísimas derivaciones en materia moral: el que nadie considere que deba admirar a nadie, que su opinión o que su vida valga menos que la de nadie. Lo terrible es asumir como ideal al hombre normal, o sea, la mediocridad, el ser del montón.

(...) Uno de los ejercicios más difíciles es el reconocimiento de los propios errores y pecados. Si critico ciertos tópicos progresistas es en la misma medida en que me siento más próximo a los planteamientos de la izquierda. Pero hay que aprender que la verdad no puede concentrarse por entero en un solo lado; de lo contrario, caemos en el sectarismo, una de nuestras más graves enfermedades. Desde ese sectarismo uno es del todo «de los nuestros» o, por una diferencia menor, pasa a ser un traidor.

(...) ¿Cuál sería la tarea del héroe?
Si no tenemos por qué admirar a nadie, ya no hay héroe posible ni siquiera deseable. Recuerde ese dicho tan socorrido de «no tengo madera de héroe». Viene a decir que nadie me solicite un sacrificio en favor de la comunidad, porque además de no tener ninguna obligación de hacerlo incluso tengo el deber contrario. ¿No proclamamos que la vida es el máximo valor, que el primer derecho es el derecho a la vida y al bienestar? Pues entonces mantener esa vida, y al precio que sea (a menudo al precio de la indignidad, de la mentira, de la sumisión), se convierte en el primer deber para cada uno. Así es como, ante el daño ajeno, entre el verdugo y su víctima adoptamos con frecuencia el pasivo papel de espectadores. Nos cuesta entender que quedarse en medio puede ser complicidad y que consentir el mal hace más fácil cometerlo. Héroe es quien se atreve a afrontar grandes tareas; es un ser excelente, un virtuoso (virtus significa fuerza). Pero hoy la excelencia se restringe al mundo de la empresa: ahí están los cursillos de excelencia empresarial o comercial. Estupendo. En nuestras sociedades la tarea del héroe tal vez consista en conquistar o mantener la capacidad de pensar y actuar por uno mismo, atreverse a resistir la presión del grupo, desafiar la «tiranía de la mayoría». Eso conlleva un riesgo de soledad y hasta de persecución.
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Extractos de una extraordinaria entrevista a Aurelio Arteta realizada por Alfonso Armada para el suplemento cultural ABCD LAS ARTES Y LAS LETRAS. Porque no toda opinión vale lo mismo, ni todas las ideas son igual de buenas, ni mucho menos todas las argumentaciones. Y, sí, también porque la búsqueda de excelencia y "la tarea del héroe" siguen siendo necesarias hoy día, tanto como lo ha sido a lo largo de toda la historia de la humanidad.

6 comentarios:

mefisto dijo...

ya has conseguido dejarme cinco minutos con el mundo parado a mis pies para reflexionar sobre esas palabras.
gracias

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo en que no hay que apelar de forma absoluta a ese relativismo cultural, ético y moral. Pero tampoco habría que descartarlo totalmente. Porque estaríamos reconociendo que hay opiniones e idearios mejores (en términos absolutos) que otros ¿Mejores por qué? ¿A ojos de quién? ¿Bajo que baremos podemos afirmar que son mejores? ¿Qué parámetros se usan, como se mide esto? Sólo hay que recordar que muchos fundamentalismos políticos y religiosos surgen de la idea de que mi ideario es mejor que el tuyo, y por lo tanto, no sólo te voy a convencer, si no que te lo voy a imponer. También convendría recordar que no hay valores absolutos y son variables en función a condicionantes culturales e históricos, ente otros.
En cuanto a la labor del héroe, ésta también es relativa: un héroe para una comunidad puede resultar un miserable para otra. O incluso dentro de esa misma comunidad, alguien que es un héroe a los ojos de unos puede no serlo para otros. O con el revisionismo histórico, héroes de otras épocas que hasta cierto momento resultan intocables, dejan de serlo.
Y la mayoría de los héroes son personajes anónimos. Por favor, que no me hablen de héroes militares, de grandes estadistas o de personajes que se sacrifican por sus patrias.

JCP dijo...

En definitiva, que todo es relativo. Bueno, yo creo que no.

Sobre la "tarea del héroe" se utiliza ahí, evidentemente, como concepto filosófico, simbólico, abstracto, poético incluso (pincha en el enlace). Como modelo de virtud, de excelencia, como ideal al que aspirar como peronas.

Sobre lo de imponer, evidentemente que no. Se trata de convencer, y se convence a los demás porque tus argumentos son mejores que los de tus oponentes. No hay más que ver qué ocurre cuando se intentan imponer ideas recurriendo a la fuerza. Pon tú los ejemplos, que hay muchos donde elegir.

" ¿A ojos de quién? ¿Bajo que baremos podemos afirmar que son mejores?"

Uf, cuántos baremos tenemos ya a estas alturas. No es por poner un ejemplo tópico, pero es que no tengo muchas ganas de pensar más ahora mismo, que acabo de comer: la situación de la mujer en la mayor parte del Islam no es "relativa". Es mala, es represiva, es denigrante. ¿que las sociedades islámicas creen normal su situación? Sí, bueno, nosotros también veíamos normal la situación de la mujer aquí mismo hace sólo 30, 40 o 50 años, y no, no era "normal" en absoluto. Pregúntales a ellas, a tu madre, a ver si juzgan relativa su mejora actual respecto a aquellos tiempos.

Anónimo dijo...

"En definitiva, que todo es relativo. Bueno, yo creo que no"

No he dicho que todo sea relativo. Me autocito: "Estoy de acuerdo en que no hay que apelar de forma absoluta a ese relativismo cultural, ético y moral. Pero tampoco habría que descartarlo totalmente"

El ejemplo de la mujer que has puesto es contundente. No admite matices (al menos por mi parte). Sin embargo, eso nos puede llevar a tener cierto concepto de superioridad ética y moral sobre estos paises que habría que vigilar. Es cierto que las mujeres viven mejor en las sociedades occidentales, pero no podemos perder de vista que siguen existiendo muchas dificultades para estas: restricción en el acceso a cargos de responsabilidad, sueldos inferiores por el mismo trabajo, temporalidad y precariedad superior, acoso laboral y sexual, etc, etc.
Esto hace que no nos podamos relajar. Si comparamos con los paises del Islam y paises tercermundistas, la mujer en nuestra sociedad esta a años luz, pero, aunque legalmente si lo este, no podemos afirmar que este en una situación social y laboral equivalente a la del hombre. A pesar de que son las mujeres, en los últimos años las que estan mejor preparadas, esto no se traduce en el mercado laboral.
No se si me explico. No quiero que se me malinterprete.
Existe mucho cinismo y mucha doble moral. En Afganistán, se sigue obligando a muchas mujeres a utilizar el burka ante la pasividad de occidente, una vez que se ha conseguido el control del pais (y sus recursos, no nos engañemos). Legalmente pueden votar y tienen los mismos derechos que los hombres, pero a nivel doméstico (que es donde se desarrolla la mayor parte de sus vidas) siguen estando relegadas a un segundo plano.

santibilbo dijo...

HAY argumentos con más contenido que otros,más lógicos y con aplicaciones, si no universales,sí de amplio espectro.La razón es una herramienta que permite algunos acuerdos intersubjetivos y sirve como filtro a los disparates.nada más,pero tampoco nada menos.A nosotros nos sirve para ensanchar las posibilidades vitales.No tenemos criterio de verdad,pero tenemos capacidad poética y hemos inventado conceptos hermosos,no muy coercitivos,bastante universales y más o menos consensuados.Esos conceptos nos sirven para comparar,son el modelo.Hay a veces ambiguedades,contradicciones,problemas multiópticos o que se escapan de la razón.Pero aún así tenemos instrumentos para juzgar el progreso moral,el de nuestros presupuestos,no los de Alá

JCP dijo...

"Si comparamos con los paises del Islam y paises tercermundistas, la mujer en nuestra sociedad esta a años luz, pero, aunque legalmente si lo este, no podemos afirmar que este en una situación social y laboral equivalente a la del hombre. A pesar de que son las mujeres, en los últimos años las que estan mejor preparadas, esto no se traduce en el mercado laboral."

exacto, esto es. Soy partidario de barrer tu propia casa, de mejorarla con la "fuerza" de los argumentos. Pero no de invadir la casa ajena para imponer por la fuerza bruta lo que creemos mejor para los demás. Los demás también tienen derecho a equivocarse, a cagarla incluso. Ir de poli mundial sólo trae más desgracia de la que se intenta evitar (si es que se intenta evitar, claro). A la vista está en los últimos años, de nuevo.