martes, julio 10, 2007

CONCEPTUAL

En 1996, el Reina Sofía, dirigido entonces por José Guirao, lo invitó a presentar un proyecto. Él, de nuevo, aceptó. Y de nuevo con una condición: para ejecutar su obra necesitaba los presupuestos reales -montajes, catálogos, transportes, seguros- de las últimas muestras realizadas en el museo madrileño. El Reina se negó a facilitarle esa información, que él consideraba de dominio público. Así empezó una particular performance que llevó al artista hasta el Defensor del Pueblo -que le dio la razón- después de reclamar ante el Ministerio de Cultura y el Congreso de los Diputados. Ni qué decir tiene que la exposición, que hubiera colocado a Valcárcel Medina en el candelero, nunca se llevó a cabo. Para él, la obra resultante es la kafkiana correspondencia que mantuvo con todas las instancias interpeladas. No era la primera vez que el artista chocaba con una institución. Cuando una fundación, cuyo nombre no quiere revelar, le propuso exponer, él presentó un presupuesto que fue rechazado: seis euros. "Me dijeron que creaba un mal precedente no por ser caro, sino por ser barato".
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Artículo sobre Isidoro Valcárcel

2 comentarios:

Mauro dijo...

Qué bueno que se parta el rabo públicamente con el asunto de la escultura de Serra. Todos nos hemos hecho risas con ello, pero en los medios siempre han contado la historia -cuando no lo han ocultado- como si fuera algo terrible. Para mí , su desaparición y todos los líos posteriores (entre los que destaco el capítulo del inspector de policía que había visto "Las Vegas 300 millones" y movilizó, con la única justificación que los resultados de un detector de metales, un equipo de desenterramiento con el que encontró una tubería gigante) también es la obra de arte de los últimos tiempos que más me ha interesado.

nihil dijo...

¿Qué mayor halago que el robo de tus propias obras?