sábado, junio 16, 2007

HAZ EL AMOR, NO LA GUERRA


Mientras la cuestión del matrimonio homosexual sigue encendiendo una dura batalla política y social, el Departamento de Defensa de Estados Unidos tiene completamente claro el origen de uno de los tradicionales enigmas que han acompañado al ser humano a lo largo de la historia.

Tan evidente es dicho conocimiento que documentos hechos públicos por el Pentágono afirman que el alto organismo militar norteamericano podría, incluso, haber estudiado la posibilidad de crear una bomba a base de hormonas que cambiara las tendencias sexuales del enemigo.

Siete millones de dólares
No, no es el día de los inocentes, y lo que podría sonar a broma costó a los estadounidenses cerca de 7.5 millones de dólares.
Esta elocuente iniciativa comenzó a cuajarse en los Laboratorios Wright que el Ejército del Aire tiene en Ohio allá por 1994. El maquiavélico plan tenía como oscuro fin crear un dispositivo que rociase con un potente afrodisíaco a los combatientes enemigos, algo que desencadenaría una bacanal derivada del presumible comportamiento homosexual que experimentarían los afectados. Una triste y ridícula percepción del colectivo gay que, según sus inventores, se supone que inevitablemente «minaría la moral del ejército a combatir».
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Sigue en Abc.

La noticia también la daba ayer BBC News, que recoge además otras grandes ideas por el estilo. Por ejemplo, la bomba fétida llamada "Who? Me?" que simulaba flatulencia, un proyecto ya considerado en 1945 que fue abandonado porque, cito literalmente, "gente de muchas áreas del mundo no encuentran ofensivo el olor fecal, puesto que lo huelen regularmente."

1 comentario:

Javi dijo...

Si ensayan hasta esto... qué no harán con lo razonable, qué planes y escenarios no se habrán planteado ya...

(En Marshall Law recuerdo que había una mención a un plan, al parecer también real, para hacer creer a los cubanos que la vuelta de Jesucristo era inminente y que así se rebelasen contra el impío Castro)

La realidad supera a la ficción, y la paranoia a la realidad, vaya.