INVIRTIENDO EL MÉTODO ARTÍSTICO
En este sentido, ciertamente el caso de Lichtenstein es aleccionador. Su inicial fuente de inspiración fueron las burdas viñetas de los tebeos, a las que, aparentemente, trasladó, sin más -o, todo lo más, con ese sobreañadido característico de la modernidad, que es la ironía- al lienzo.
(...) En el caso concreto de Lichtenstein, todo lo anterior se traduce en cambiar la estrategia tradicional de simplificar lo complejo -sintetizando en una pintura la esencia visual, que también es experiencia vivida, de un modelo real- por otra que complica al extremo -densifica- el modelo icónico más trivial, como lo es, por ejemplo, la viñeta usada de una tira de cómic. ¿En qué consiste esta complicación? Por un lado, Lichtenstein nos muestra cómo cada uno de esos iconos banales han sido decantados a partir de toda la rica experiencia de la historia del arte contemporáneo, y también, por otro, después, cómo los hizo explícitamente dialogar -sobreponerse- a todas las imágenes más consagradas del arte tradicional, desde Grecia hasta Matisse.
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Francisco Calvo Serraller, este sábado en el Suplemento Babelia (gracias por el soplo, Juan Ignacio).
































