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lunes, noviembre 05, 2007

SOBREPASAR LOS GÉNEROS


AA: Frédéric es siempre mi primer lector. Incluso cosas que no tengo publicadas, lo primero que siempre hago es enseñárselas a él y a partir de ahí comenzamos a ver qué es lo que se puede publicar. Además, como son experiencias que me han sucedido, yo las tengo en mi cabeza pero no sé si el resto del público las va a poder entender. (...)

FB: Uno de los puntos principales de la Nouvelle Manga es sobrepasar los límites de los géneros. Nosotros nos consideramos dentro del grupo del cómic de autor por nuestras motivaciones y el enfoque y porque no estamos centrados en un público concreto.

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Aurélia Aurita y Frédéric Boilet, hoy en Público en una entrevista de Rebeca Fernández titulada precisamente "LA NOUVELLE MANGA TRATA DE SOBREPASAR LOS GÉNEROS". En la foto, Aurita y Boilet.

sábado, noviembre 03, 2007

AIRES EUROPEOS EN EL CÓMIC JAPONÉS


"¿Qué es eso?", responden las lolitas y los devotos de Osamu Tekuza cuando se les pregunta si leen nouvelle manga. El pasmo de los otakus (aficionados a los tebeos japoneses) más puristas no es raro, porque esta corriente da la espalda a los gustos comerciales del género. Prescinde del adolescente como público. Los popes de la nouvelle manga son Frédéric Boilet y Aurélia Aurita. Ambos comparten tantas cosas, que hasta son pareja. El lector de Aurita lo sabe bien. En Fresa y chocolate, la autora exhibe sin tapujos sus juegos sexuales con Boilet. El título de la obra, de la que ya han aparecido dos entregas, tiene unas connotaciones íntimamente escatológicas no aptas para recatados.
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Israel Punzano, en El País. Sigue leyendo

domingo, noviembre 27, 2005

LO TUYO ES PURO TEATRO

El Pesi ha escrito este comentario brutal acerca de la necesidad de "realidad" en la ficción contemporánea, y la barrera que en este sentido presenta el lenguaje de la historieta -texto más DIBUJOS- para ese tipo de público.
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"Y sobre la mala imagen de la historieta, pienso que es parte de un fenómeno más amplio: el descrédito de la ficción pura, que no miente sobre su carácter. Pero quizá éste sea un tema para otro momento. A ver si soy capaz de explicarme medio bien...

Pienso que las formas de ficción pura, donde es evidente un autor creador subjetivo, han sido y son relegadas al ámbito de lo infantil, cuentos de niños. Y triunfa, sobre todo entre los adultos, otra forma de ficción, insidiosa, que oculta su carácter de ficción, que pretende ser presentación, no representación.

El cine, la fotografía, la televisión, al trabajar con imágenes `reales´ cuentan con un plus de legitimidad: lo que presentan existe. Y como existe, se tiñe de objetividad. Testimonian. Esto es discutible, pero la percepción general es que una imagen de ese tipo "no miente".

Por otra parte cuando más fríamente expositivo sea un texto, más periodístico, tanto más objetivo parece. Pero no se hace cuenta suficiente de que esto también puede ser usado como recurso literario, para escribir ficción.

En paralelo, el periodismo, al adoptar en ocasiones recursos de la ficción, como insiste Arcadi Espada, parece querer convertirse en la principal forma de ficción contemporánea...

Eso es lo que el público asistido por algunos autores y medios parece querer: hechos, relatos `reales´.

En lo que a los autores compete, noten a modo de ejemplo la cantidad de películas que se estrenan al año que se acogen a la (presunta) legitimación del `basado en hechos reales´. Parecen algunos sentir vergüenza de su oficio; más aún, con esta añagaza, indirectamente, se pretende arrinconar a la ficción pura. Lo que les decía de "cuentos de niños".

Llevándolo a terreno de los tebeos: un tipo como Harvey Pekar puede creerse mejor que los hermanos Hernandez porque él... "no inventa". Y MAUS tendrá más crédito entre el público generalista que PRÍNCIPE VALIENTE por lo mismo.

Hay que defender la ficción, la subjetividad creadora que nos habla de su visión del mundo y sus cosas, frente a tanto falso documental y falsa crónica objetiva, estribos de una nueva credulidad contemporánea (consulten la obra de Joan Fontcuberta al respecto)."



"BASADO EN HECHOS REALES"

Antes de nada, quiero empezar por rebatirte algo que presupones, Pesi, y es eso de que Pekar se crea mejor que los Hernandez Bros., cosa que, salvo que yo desconozca alguna declaración de Pekar que tú conoces, no podemos dar por supuesto. Distinto es que el lector pueda dar mayor importancia artística a Pekar frente a los Hernandez sólo porque lo que cuenta el primero es "real".

Lo que sí podemos es pensar, y yo ahí sí coincido contigo, es que hay una tendencia contemporánea a dar mayor credibilidad y "seriedad" artística entre el público adulto a aquello que se presenta como "real", frente a aquello que se presenta como ficción "pura" o no real. Y no sólo en el cine o la literatura (p.ej., la ciencia-ficción es un género habitualmente menospreciado, vs. el exagerado éxito de MAR ADENTRO, esa película tan "real"). No hay más que ver el éxito de lo autobiográfico en el cómic de los últimos 15 años, y que, aparte de darnos unas cuantas obras maestras, ha producido en mucha más cantidad tebeos irrelevantes y autocomplacientes.

En efecto, el cómic, con sus dibujos y viñetas, presenta de entrada una "barrera" respecto a quienes buscan "ficciones reales" (como si eso existiera), cuando toda ficción, incluso la "basada en hechos reales", se transforma en ficción, es decir, se "falsea" por el simple acto de ser narrada y dramatizada. El dibujo del cómic, y por tanto su lenguaje intrínseco, recuerda constantemente al lector su condición de ficción. Y, por ello quizás, como tú das a entender, se tienda a identificar con "cuento infantil".

LA NECESIDAD DE IDENTIFICACIÓN

Intentando buscar una explicación a la teoría de El Pesi de por qué cierto público adulto contemporáneo muestra esa querencia por la ficción que parezca "real" (tampoco hay que generalizar, claro: sólo basta ver el éxito, también entre adultos, de tantas películas fantásticas como LOS INCREÍBLES o la mayoría de Tim Burton), yo diría que tiene algo, digo algo, que ver con ese modo un tanto infantil o adolescente de consumir ficción que en tantas ocasiones se prolonga en la edad adulta.

Me refiero más concretamente a esa necesidad a toda costa de identificación con los protagonistas de la ficción, algo que es propio del chaval pero que, bajo mi punto de vista, no debería ser propio del adulto que ha crecido realmente. David, un amigo mío profesor de filosofía, me contaba su personal esquema que divide en tres los modos de entender y consumir ficción, que no son excluyentes entre sí:

a) un modo propio de la infancia de entender la obra de ficción, donde lo que importa es la identificación con los héroes de la historia más que ninguna otra cosa. Si no puedes identificarte con ellos, no conectas con la obra ni te interesa. Todo pasa por tu ego, no hay más consideraciones. Aquí entrarían toda esa ficción claramente destinada al público infantil y juvenil llena de héroes claros y mensajes moralizantes, didácticos y positivos (y que yo, líbreme Dios, ni denigro ni pienso que sea algo que deba desaparecer, justo al contrario).

b) Un segundo estadio en el modo de disfrutar la ficción más propio del adolescente o post-adolescente, en el cual la atención del espectador ya se centra más en la historia y en la coherencia del argumento. Son ese tipo de obras cuya interpretación y disfrute pasa en exclusiva por comprender el argumento de la historia en sí misma, en la coherencia interna de la trama, y los mensajes más o menos unívocos que ésta pueda contener. Esto puede ir acompañado también de la identificación con los protagonistas, una cosa no excluye la otra.
En este estadio, cuanto más "compleja" sea dicha trama, mayor disfrute o placer estético. Caso de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS, o la saga entera de LA GUERRA DE LAS GALAXIAS. La ficción un poco como juego de rol, en el que dominar toda la trama y controlar a todos los personajes del tablero. Un adulto puede disfrutar también de este modo de consumir ficción, claro, pero lo que no suele suceder es que un chaval sea capaz de disfrutar del siguiente y tercer estadio.

c) Un tercer estadio en la hermeneútica de una obra de ficción, que para David -y para mí- es el propio del adulto, donde desaparece la necesidad de identificación con los personajes: lo interesante es comprender a los personajes de la historia, no identificarte necesariamente con ellos. Lo cual permite, por cierto, disfrutar estéticamente con historias protagonizadas por antihéroes amorales, asesinos y demás protagonistas de la ficción moderna desde Dostoievski en adelante.
Pero no sólo desaparece esa necesidad de identificación con los personajes. Incluso la trama y el desenlace de la historia pasa a un plano muy secundario, porque lo que nos interesa de verdad son las múltiples lecturas que dicha historia nos sugiere, las sensaciones que nos produce y el debate mental interno que nos provoca. El autor de la obra y su supuesto mensaje quedarían así relegados en favor de la interpretación que cada lector le da a la historia y a las acciones de los personajes, un contenido que completaría el espectador y que, precisamente, ese tipo de obra permitiría al estar concebida por su autor de un modo más ambiguo y abierto a mútiples lecturas. Una concepción de la obra de ficción que, por cierto, está en consonancia con lo que se ha hecho en gran parte del arte moderno y contemporáneo.

Todo esto viene a cuento de esa necesidad de "realidad" que cierto público parece tener, creo que los tiros pueden ir por ahí. Puede que las causas de ese fenómeno de "quiero realidad" que tú analizabas, Pesi, vayan por la necesidad (infantil y adolescente) de identificarse con los personajes y con su historia.
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(esto podría justificar otro tipo de fenómeno, y es el éxito de todas esas obras de ficción que se basan en rememorar las "eternas e inolvidables" sensaciones de la infancia o adolescencia, y mejor si incluyen referencias generacionales concretas que alimenten nuestra nostalgia: esto es "real" porque "habla de mí" y de mi pasado, ergo es una obra "importante" y "de calidad". Todos los años se estrenan o publican un buen montón de películas, libros y tebeos de ese palo. En cómic, precisamente, últimamente está más de moda que nunca)
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Desde este punto de vista, retomo el discurso, está claro que los personajes deliberadamente irreales de los hermanos Hernandez, o los héroes míticos y simbólicos, deliberadamente irreales, de Frank Miller, o de gran parte de la tradición del cómic francobelga -que juega precisamente con la idea consciente y deliberada de "representación fantástica e idealizada de la realidad"- no encajen con esta necesidad actual de que la ficción parezca muy "real". Vaya contradicción de términos, por cierto.


A todo esto, soy de los que piensan que el cómic, que no puede competir con las nuevas tecnologías del cine y de realidad virtual en ese camino de conseguir ficción "real" que es presentada como "real", debe seguir el suyo propio. Que pasa, a lo largo de la mayor parte de su historia, justo por lo contrario.

Porque, es una teoría, creo que el cómic tiene a su disposición mejores herramientas que otros medios para conseguir hablar de nuestra realidad desde la ficción pura, metafórica y simbólica, que no disfraza su condición de fantasía ni, eso mismo, de ficción.
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Imágenes: viñeta de LA ESPINACA DE YUKIKO, de Fredéric Boilet (Ponent Mon)
Portada de PENNY CENTURY, Jaime Hernandez (La Cúpula)
Página de la serie YOYO ( LES SIRÈNES DE WALL STREET), dibujos de Frank Le Gall y guión de Yann (Glénat Francia).
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