Reconozco que, del mismo modo que en el número anterior me quejaba de cómo el fandom está recibiendo, previo a su visionado, las primeras imágenes de la futura adaptación de The Spirit, me repugna el babeo generalizado ante los trailers y el puñado de carteles presentados de la futura Watchmen: es un proyecto insensato, con un origen absolutamente desalmado y unos objetivos que están muy lejos de querer rendir un homenaje sincero al material de partida. Pero Moore es más que Miller, aunque Moore reniegue de lo que los fans abrazan. Los caminos y las devociones del fandom, en cualquier caso, son inescrutables, y para comprobarlo no hay más que contemplar el éxito de El Caballero Oscuro o el asombroso caso del complot contra la adaptación a imagen real de Dragon Ball. Pero unos casos, francamente, son más inescrutables que otros.
En este caso, el fandom vibra con la muy singular idea de que Watchmen, la película, no vaya a aportar absolutamente nada a un comic que fue publicado en 1986. Es decir, estamos encantados con la oficialización del profundo complejo de inferioridad que el comic (y, por extensión, sus lectores) mantiene frente al cine, capaz aún de conseguir, con solo la aparición de una película con el nombre de Watchmen, que Watchmen al fin exista para la cultura oficial. Porque con ser uno de los tebeos clave de la historia del medio no era suficiente: necesitábamos la carta de legitimidad que conlleva la película.
Por eso el fan, escaldado por culpa de decepcionantes transvases entre medios, ya se conforma con que la película sea idéntica al tebeo, sea neutra, sea no-ofensiva. Con que no tengamos que echarnos las manos a la cabeza ya nos va bien, y por eso adoptamos una postura acrítica y dispersa, accesible para cualquiera, porque al fin y al cabo, cualquiera puede comparar una viñeta y un fotograma y decir “son iguales”. Y si son iguales, está bien.
Pero no está bien. Está peor que nunca.
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--John Tones, en la sección A MACHETE de El Manglar 8, revista que llega este viernes a las librerías.
Más: John Tones en El Manglar 7, sobre THE SPIRIT:
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Los eternos debates acerca de si es sensato el salto de franquicias de un medio a otro, sobre la traducción de lenguajes que sólo funcionan en los tebeos, o del deseo, en fin, de sacar pasta fácil y rápida de personajes y títulos que quizás tenían una única encarnación posible, vuelven a martillearme la cabeza cuando asisto al estreno del esperado teaser trailer de The Spirit, la película. Aunque el proyecto ha acabado en manos de un Frank Miller que debuta como director, The Spirit tiene una tortuosa historia como potencial protagonista de películas más o menos fieles a su encarnación original en los comics de Will Eisner de los años cuarenta.
Michael Uslan, por ejemplo, compró los derechos a principio de los noventa. Uslan, productor obsesionado con llevar diversos iconos superheroicos a la gran pantalla (en su filmografía se encuentra la producción de todas las películas de Batman de los últimos veinte años, así como, ahem, Catwoman y las dos películas de La Cosa del Pantano) barajó la idea de convertir a Spirit en un muerto viviente literal o dotarlo de superpoderes. En 2004 los derechos pasaron a manos Odd Lot Entertainment, que tras unos primeros pasos titubeantes (los primeros tratamientos del guión los llevó a cabo Jeph Loeb), acabaron proponiendo la adaptación a Frank Miller. Todo esto, como quien dice, con el cadáver de Eisner aún caliente: la propuesta le llegó a Miller en el homenaje a Eisner en Nueva York tras su muerte, y justo cuando la adaptación de Sin City estaba arrasando en todo el mundo. Tras unas dudas iniciales, Frank Miller decidió aceptar escribir y dirigirla. En el reparto, nombres tan conocidos como Samuel L. Jackson, Scarlett Johansson, Eva Mendes o ese orgullo nacional, Paz Vega.
Desde su misma concepción, The Spirit está condenada a la incomprensión militante y el escarnio previo a su visionado en blogs, foros y conversaciones varias. La decisión de Frank Miller de permanecer fiel tanto al espíritu (esa cosa intangible) como a la estética del comic (ya que no lo hará ni a su narrativa fragmentada ni, quizás, a su protagonista descentralizado) ya está haciendo arquear cejas entre quienes le consideran un dios caído. No es mi caso, aunque curiosamente por las razones opuestas a la mayoría de los detractores de este nuevo Miller: una reciente revisión del discutidísimo DK2 me produjo un agradecido colapso a causa del Síndrome de Stendhal, y las adaptaciones de Sin City y 300, sin embargo, me hicieron bostezar en sus mejores momentos, y mascullar de indignación entre dientes en los peores. Por desgracia, todo hace suponer que la película de The Spirit estará más cerca de la insultante mediocridad de las segundas que de la desafiante y militante iconoclastia del primero.
En cualquier caso, es de suponer que el autor de El Regreso del Señor de la Noche merece, a estas alturas y como mínimo, un voto de confianza. Voto que no está recibiendo por parte de la avalancha de fans que ladraron protestas en los comments y replys de rigor: “¡Que en los tebeos, Spirit no lleva gabardina!” (falso), “¡Que se pierde el colorido de los tebeos con este efecto Sin City!” (primero: como si no nos hubiéramos criado leyendo Spirit en blanco y negro; y segundo: está confirmado que la película tendrá una paleta cromática tan chillona que esos mismos fans se quejarán del exceso de color)... o la mejor queja de todas: “¡Que la gabardina de Spirit es azul!”. Como el pelo de Clark Kent.
No voy a hacer aquí de ángel de la guarda de una película que aún no se ha estrenado y que, en realidad, no me inspira mucha confianza. Pero desespera que el fan medio, aquel que sólo lee en diagonal para justificar sus lloriqueos, proteste, proteste y proteste porque sabe que ahora, a diferencia de lo que sucedía hace unos años, hay alguien que le escucha. Concretamente, el sonido del eco de su propia voz.

( nuevo trailer de WATCHMEN subtitulado en español)