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miércoles, octubre 01, 2008

LA CONEXIÓN GIL KANE-PAUL NEWMAN


En estos días tras la muerte de Paul Newman (1925-2008), numerosos blogs y foros comiqueros aluden a una leyenda muy extendida entre el fandom. Concretamente a que cuando Gil Kane (1926-2000) rediseñó a Green Lantern en los primeros años de la hoy llamada Edad de Plata del comic book (allá por SHOWCASE 22, octubre de 1959) se basó en el físico de Paul Newman para dibujar a Hal Jordan, alias Linterna Verde. Digo leyenda en principio porque, a pesar de que la idea está muy extendida (también está recogida en la entrada de la wikipedia sobre Paul Newman, entre otros sitios), yo al menos no he podido encontrar una fuente fiable que confirmara directamente la anécdota. De modo que para empezar vamos a ver qué pinta tenía aquel Hal Jordan que dibujó Gil Kane en 1959.

Esta es la primera viñeta de SHOWCASE 22 en la que al héroe se le distingue bien el rostro (guión de John Broome, dibujos de Kane y tintas de Joe Giella; el editor del título era Julius Schwartz, el director de aquella nueva ola en DC que remozó a varios superhéroes de la Edad de Oro):


El parecido, aunque el plano de la viñeta no es demasiado cercano, puede antojársenos razonable. Sin embargo, unas viñetas más tarde nos encontramos con este primer plano, donde o bien Kane no pensaba en Newman o bien no estaba muy inspirado ese día:


En estas otras viñetas de aquí abajo, Hal Jordan se me antoja más parecido al propio Gil Kane. Es frecuente que los dibujantes se dibujen a sí mismos en sus tebeos, consciente o inconscientemente, sobre todo si usan un espejo para las expresiones faciales:



El joven Gil Kane y su tupé:


Un ya no tan joven Kane:

(aunque no se aprecie bien en la foto, Kane también tenía un hoyuelo en el mentón)

En estas otras viñetas, de SHOWCASE #22 (octubre 1959) y SHOWCASE #23 (diciembre 1959), Hal Jordan sí podría recordarnos bastante a Newman:




Sea como fuere, en una larga entrevista de Gary Groth a Gil Kane, publicada en 1986 en The Comics Journal 186 y 187 (fragmento), el dibujante contó que durante un tiempo, en la primera mitad de los cincuenta, fue vecino de Paul Newman. Puerta con puerta.




(mil gracias por el escaneo de la página de la entrevista, David)

Gil Kane, que tenía un año menos que Newman, estaba recién casado por entonces, igual que el actor, ambos rondando ya la treintena. Kane ganaba poco, 125 dólares por semana (dibujando unas diez páginas también a la semana), pero los alquileres eran baratos y pagaba solamente 96 dólares al mes por su apartamento, así que que podía permitírselo. "Tenía dos dormitorios, un apartamento privado, con salón y cocina". Un sitio en el que también solía recibir a sus compañeros de profesión, como el dibujante Carmine Infantino o el rotulista Gaspar Saladino. Kane también le contó a Groth que le puso el nombre de Scott a su hijo precisamente porque así se llamaba el primogénito de Newman (Scott Newman, nacido en 1950 de la primera mujer del actor, Jackie Witte. Scott fue el hijo de Paul Newman que murió en 1978 por una sobredosis de droga; el actor fundó el Centro Scott Newman para la prevención del abuso de drogas en memoria de su hijo). En aquella entrevista, Kane contó además que veía a su ilustre vecino constantemente. Que por entonces el actor trabajaba en PICNIC (versión original de teatro, en Broadway) y que solían llamarle Brando porque tenía la misma pinta que Marlon Brando, el mismo tipo de labio superior alzado. Y que Newman se mudó a un vecindario mejor tras su debut cinematográfico -el actor había empezado en la televisión y el teatro- en la película EL CÁLIZ DE PLATA (1954):


Abajo, fotos de Newman en MARCADO POR EL ODIO (1956), EL ZURDO (1958) y LA GATA SOBRE EL TEJADO DE ZINC (1958). Y más páginas y viñetas de SHOWCASE #22 Presents GREEN LANTERN (fecha de portada, octubre 1959).






viernes, mayo 09, 2008

ALL STAR


DOOMED PLANET.
DESPERATE SCIENTISTS.
LAST HOPE.
KINDLY COUPLE.

Así empieza ALL-STAR SUPERMAN. En una sola página, la primera, se cuenta el origen de Superman dando por supuesto que todo el mundo lo conoce, cosa que en un alto porcentaje de lectores resultará cierta. Un amigo me ha prestado la serie, que siguen realizando ahora mismo Grant Morrison y Frank Quitely (con Jamie Grant, tinta digital y color); yo estaba esperando a que la terminaran para pillarme el recopilatorio, pero en vista de que la cosa va lenta y necesitaba ponerme al día, se los he pedido. A lo que iba. Los dos primeros números me parecieron espectaculares, tanto por el ritmo (atrevidas elipsis entre viñeta y viñeta, una marca ya de fábrica en Morrison y su compadre Quitely; ambos parecen haber nacido el uno para el otro) como por el sense of wonder, inspirado directamente en la Edad de Plata de Superman. En realidad toda la serie es un reinterpretación bajo nuestros ojos de hoy de la fascinante mitología supermana de la Silver Age. El tercer episodio ya me gustó menos, aunque lo compensaba su abundante humor. En posteriores números la historia, que promete mucho al principio, se va desvaneciendo en favor de los homenajes cool en cada episodio a elementos concretos del Superman de la Edad de Plata:

episodio 1, planteamiento de la historia que introduce a toda pastilla, sin presentarlos, elementos básicos de la mitología del Hombre de Acero: Krypton y el origen de todo, el Superman que podía volar (o no) a través del Sol, el Lex Luthor sádico y científico-loco (no el empresario-cínico de los 80), el Daily Planet y Perry White, Lois Lane la periodista-sabelotodo, más algún elemento tardío sacado del JIMMY OLSEN de Kirby de los primeros setenta: el DNA Project, alias Proyecto Cadmus, alias aquí P.R.O.J.E.C.T, dirigido por el muy cool Dr. Quintum, cuyo vestuario parece sacado del armario del Dr. Who más hortera,

episodios 2 y 3, las maravillas que alberga la Fortaleza de la Soledad (la superllave para entrar en ella, la ciudad embotellada de Kandor, los robots supermanes, etc.), más la Superfamilia (Lois Lane, reina por un día, disfruta como Superwoman de los poderes de Superman durante 24 horas) y dos superhombres de la mitología antigua, Sansón y Atlas,

episodio 4, más Superfamilia con las extrañas aventuras de Jimmy Olsen y guiño fast forward a Doomsday,

episodio 5, el Lex Luthor inventor, con robots y un mono disfrazado de Superman incluidos, obsesionado más que nunca por su odio al Hombre de Acero; el Clark Kent más patoso que realmente parece alguien distinto a Superman,

episodio 6, viaje al pasado de Smallville, papá Kent y los Supermanes del futuro, Krypto el superperro,

episodios 7 y 8, Bizarro (y Zibarro) y su mundo, los efectos de los rayos del sol rojo sobre las margaritas, "do the wrong thing",

episodio 9, visitantes inesperados que también se salvaron de la destrucción de Krypton (y que llegan con planes algo distintos a los de Superman), la Zona Fantasma,

episodio 10, viaje a Kandor y otras maravillas; las Tierras paralelas y el Superman omnipotente capaz incluso de crear vida, Dios con capa roja y calzón por encima de las mallas.

Como cada vez soy más fan de la DC de la Silver Age, y Grant Morrison lo ha sido desde siempre (es un admirador confeso de las historias que escribieron en aquella época guionistas como John Broome o Gardner Fox), estaba predispuesto como lector a disfrutar esta serie. Morrison apuesta, como ya hizo en sus NUEVOS X-MEN, por la acción visual con diálogos alusivos y concisos al máximo mientras Quitely sigue haciendo un trabajo impresionante, no sólo por el dibujo en sí (sugiriendo la formas cada vez con menos líneas, cómo me gustan también esos espacios vacíos con los que a menudo compone viñetas y páginas) sino sobre todo por su original planificación. En este aspecto, no hay página en la que no haya algo singular y sorprendente: esos planos generalísimos tan alejados que utiliza de repente, ese mostrar las consecuencias de una acción desde un punto de vista raro, y además a veces sin habernos enseñado la acción previa que la causó; qué poco tiene que ver esto con la sensación del cine, cuánto se deja a la construcción en la mente del lector.

A pesar de todas esas virtudes, de las portadas con logo molón de Chip Kidd, y de que hay bastantes momentos donde la sensación de maravilla te deja pegado al asiento, la serie se me ha ido desinflando lentamente conforme la leía, posiblemente porque prima más el homenaje a los viejos tiempos de gloria de Superman que la historia en sí. Aunque ya veremos cómo acaba porque sigue en curso. Con todo, ALL-STAR SUPERMAN es el tebeo de superhéroes reciente que más he disfrutado últimamente, aunque sea solamente por el componente sensual de la sucesión de imágenes, al margen de la palabra, de lo que se narra. También es uno de los que mejor comprensión demuestra del legado superheroico clásico, en este caso el de la Edad de Plata, como debo haber repetido ya diez veces.


Un par de cosas a destacar para mi gusto: las elipsis tremendas que hay a veces entre viñeta y viñeta, por ejemplo en el episodio 7, el de la invasión de Bizarros, donde además hay varias secuencias con distintos personajes desarrollándose a la vez. La sensación que provoca, de una rapidez y confusión que aturden, me recuerdan un poco al DK2, o más bien, y puede que de ahí venga todo, a las exageradas elipsis que había en los tebeos de la Silver Age, sólo que eliminando el porrón de textos explicativos que había entonces y que aquí no hay (el efecto es brutal). Lo otro que me ha hecho bastante gracia es la metaviñeta final del episodio 10, un recurso ya típico en Morrison que además encaja como un guante en la tradición de "historias imaginarias" de Superman y de universos paralelos de DC.