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martes, mayo 15, 2007

TINTÍN AL CINE

Más noticias sobre el TINTÍN de Spielberg... y Peter Jackson.

(gracias, Sir Chancla)
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El asunto en Variety:

Steven Spielberg and Peter Jackson are teaming to direct and produce three back-to-back features based on Georges Remi's beloved Belgian comic-strip hero Tintin for DreamWorks. Pics will be produced in full digital 3-D using WETA Digital’s groundbreaking performance capture technology.

The two filmmakers will each direct at least one of the movies; studio wouldn't say which director would helm the third. Kathleen Kennedy joins Spielberg and Jackson as a producer on the three films, which might be released through DreamWorks Animation. (...)




ACTUALIZACIÓN

Tienes la noticia en cristiano (ellos sí se lo han currado traduciendo) en Entrecomics.

sábado, febrero 11, 2006

HOUSE OF M.

Una vez más, Spielberg divide a la crítica. Como algunos grandes nombres del cine que no recibieron en vida todo el reconocimiento que se merecían (Hitchcock como paradigma), Spielberg comparte con ellos dos cosas: el talento y, sobre todo, el "pecado" de disfrutar de un enorme éxito comercial. Bajo mi punto de vista, Spielberg (Cincinatti, Ohio, 1946), que probablemente no ha hecho (casi) ninguna obra perfecta en su vida, ni falta que le hace, sí ha firmado algunas de las mejores películas salidas de la industria norteamericana de las tres últimas décadas. Que haya gente que le tiene manía no me extraña: es judío, estadounidense y rico, algo que en estos tiempos no te convierte precisamente en el chico más popular de la clase. Lo que sí me sorprende más es que algunos críticos despachen sus propuestas con etiquetas tan tópicas como simplificadoras, juzgando a menudo sus intenciones con parámetros de otros tipos de cine que no le corresponden. "Superficial", "su mirada es la del adolescente eterno", "blando", "el conservadurismo típico de Spielberg" y otros ejemplos similares de rigor en la adjetivación, reveladores de cuán exigente puede ser el rasero para determinados autores, pero no para otros... especialmente si se trata de películas europeas de lo más mediocre (BUENOS DÍAS, NOCHE, sobre el secuestro y asesinato de Aldo Moro).

Pero vamos a lo que vamos. MUNICH, claro, el nuevo film de Spielberg. Para mi gusto, el thriller más sucio, oscuro y perturbador que he visto en varios años, y cuyas sensaciones arrastro en la memoria desde hace más de una semana. ¿Alguien dijo película política? En todo caso thriller político, para ser más exactos, incardinado en una concreta tradición del cine norteamericano que, no por casualidad, estuvo en boga en los años sesenta y setenta. Hay un doble planteamiento en dicha tradición: argumentalmente, se trata de películas de acción y aventuras y sobre éstas se construye básicamente la historia; temáticamente, hay un interés por abordar determinados conflictos políticos que en realidad son más humanos -éticos y universales- que otra cosa: en otras palabras, más estructurales que coyunturales. Desde este punto de vista, MUNICH tiene más que ver con determinados thrillers de Fred Zinnemann, Sidney Pollack o John Frankenheimer, pienso, que con el cine político de Costa-Gavras, director por otra parte de películas tan memorables como MISSING.

Desde ese punto de vista, personalmente no entiendo algunas acusaciones de superficialidad que he leído sobre MUNICH, que me parecen tienen más que ver con lo que se esperaba de ella que lo que realmente es. Que si le falta complejidad y que no hay profundidad en la reflexión político-social (¿acaso hacen falta más escenas con diálogos sesudos, discursivos y explícitos para darle "complejidad"? ¿Hace falta que el argumento de la historia se complique en aras de mostrar una visión más documentada y realista del asunto? ¿Todos los personajes tienen que ser inteligentísimos... como en la vida misma "lo son"? Yo diría que no), que si todos los hechos están demasiado idealizados (especialmente, y esto ha levantado ciertas ampollas, los que atañen a los personajes del equipo de venganza del Mossad), que si se inventan muchas cosas... Pues claro, es un thriller "inspirado en hechos reales", no es un documental, todo está muy dramatizado y sublimado, y algunas escenas han sido concebidas más en clave metafórica que otra cosa. Verbigracia, el encuentro fortuito entre los dos bandos de esta guerra, obligados a "compartir el piso" de Beirut, o el almuerzo con la familia mafiosa en la campiña parisina, donde el subtexto de todos los diálogos nos remite a conceptos como el de patria o a la historia reciente de Europa, desde la II Guerra Mundial hasta mayo del 68. Pero el que una película no sea fiel a los hechos que relata no quiere decir que no sea capaz de capturar la esencia de tales hechos.

Pasaré de puntillas sobre lo obvio: la espectacular dirección de Spielberg, una puesta al día con mucha personalidad y estilo del lenguaje del cine comercial estadounidense de los setenta, por otra parte tan influido entonces por la nouvelle vague; el guión de Tony Kushner y Eric Roth, bien estructurado y con unos diálogos, en general, secos y poco discursivos, con bastantes escenas brillantes, como el comienzo elíptico y atropellado o el poderoso cierre final, aunque algo repetitivo o incluso tópico en otros momentos, como el parlamento del palestino sobre su causa; la dirección artística, asombrosa, que recrea la época setentera evitando el tipismo en aras de una verosimilitud sin apenas clichés. Como en todo buen thriller que se precie, hay escenas de suspense y violencia (muy cruda, se trata de mostrar las consecuencias de la violencia real), pero también alguna escena costumbrista que no recuerdo haber visto nunca en el cine estadounidense: manda huevos que tenga que ser el "mojigato" Spielberg quien, a estas alturas del puritanismo, venga a filmar un polvo con una mujer embarazada...

Sin embargo, la película no siempre da en el clavo. Personalmente, la estructura de insertos en flashbacks (tres al menos, que yo recuerde) sobre los detalles del atentado de Munich, aunque impresionantes, entorpece a veces la acción principal, además de subrayar innecesariamente -y al final ya a destiempo- las motivaciones de los vengadores israelíes. Y en una escena muy concreta (el último inserto sobre Munich, mientras Avner/ Eric Bana se acuesta con su mujer) la metáfora resulta de una obviedad hortera, subrayada para más inri con un ralentí "sudoroso" del que no puedo olvidarme por mucho que lo intente. Por otro lado, no siempre nos creemos las dudas morales de los ejecutores del Mossad, y el último tercio de la película no está a la altura de los dos primeros: a veces se notan los cortes en el metraje, hay un cierto apresuramiento, no nos terminamos de tragar la caída de Avner. Claro que no perdonar tres o cuatro cosas en una película que ofrece tantas otras, cuando en la mayoría de películas que se estrenan, sean americanas o europeas, sólo hay tres o cuatro cosas salvables...

Volviendo a donde empecé, creo que en MUNICH hay menos pretensión de realismo -o al menos de realismo entendido en clave europea o, para entendernos, a lo Costa-Gavras- que de simbolismo y de sublimación de ideas para conseguir transmitir, antes que los hechos reales, la esencia de esos hechos: los conflictos humanos, universales y éticos, en presencia. Es un estilo deudor del principal maestro confesado de Spielberg (David Lean, por supuesto), donde los personajes son arquetípicos, aunque no por ello -o precisamente por eso- menos humanos. Y si hay alguna palabra que define a todos los personajes de MUNICH, es de la de humanos, en todo el sentido de la expresión: israelíes, palestinos, estadounidenses y rusos, quienes también tienen su pequeño papel fantasmal e interesado. Unos personajes que se definen mediante detalles más alegóricos que literales: Avner y su ausencia del padre idealizado junto a la falta de raíces, su mujer y el hogar que ésta representa, el retorno a la diáspora como solución finalmente elegida por Avner para rehacer su vida... porque la pregunta está sugerida en las escenas finales de la película, y quien no la ha visto es porque no ha querido verla: ¿merece la pena tener una patria a ese precio? El mismo dilema moral, obvio es decirlo, no sólo es aplicable a Israel. Más símbolos arquetípicos: en el "NO" final que le responde el estadista pragmático del Mossad (Effrain/Rush) al ofrecimiento de Avner de compartir el pan como manda la tradición judía en su nuevo hogar de Nueva York, he querido ver (además de la diferencia de motivaciones de ambos personajes, y de dar a entender que Effrain, el sionista, toma ya a Avner, el judío que ha vuelto a la diáspora, como un "traidor a la patria"), un elemento universal propio de la tradición de héroes-guerreros a los que pertenece Avner, que son elegidos para hacer el trabajo sucio de la tribu y que, una vez cumplida la tarea de sacar la basura, acaban solos y repudiados por sus paisanos: el plano final de CENTAUROS DEL DESIERTO de John Ford como paradigma.

"SEPTIEMBRE" NEGRO

Spielberg, como fabulador romántico que es, ha firmado una película que en verdad no trata de hechos pasados: más bien sublima un pasado para hablar de la realidad actual. No por casualidad, la última escena de MUNICH, con el skyline de Manhattan aún intacto al fondo, sugiere que hagamos la lectura del film desde el presente, y no desde el pasado que recrea, a diferencia de lo que probablemente hubiera hecho un director con pretensiones de realismo o de historiador. Spielberg no es ni una cosa ni otra, y por eso no ha filmado un seudo documental histórico, sino una parábola ética que habla más de nuestro mundo que de 1972. Y ofrece además una conclusión, la que aprende Avner, que no pasa precisamente por "conservar" la línea de actuación (la "solución" dada al conflicto ético, tan antigua y sangrienta como el mismo hombre) por la que se optó entonces... y ahora.

Porque la década de los setenta, Spielberg lo sabe bien y ha querido recordárnoslo, se parece políticamente a nuestro hoy mucho más de lo que pensamos. Atentado terrorista que horripila al mundo, venganza ejecutada por un Estado al margen de las leyes, espiral ascendente de violencia en una escalada cada vez más brutal, daños colaterales cada vez mayores que pasan siempre por víctimas inocentes y por la destrucción de las sociedades, empezando por los valores que las sustentan. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

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( Otra visión del asunto).
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ACTUALIZACIÓN

(Otra opinión más. Gracias, Pesi).
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Y dos enlaces más con artículos de Informativos Telecinco recordando los hechos reales.

martes, noviembre 29, 2005


EL PERDÓN

Thalcave ha escrito un comentario que, a mí por lo menos, me ha hecho reflexionar.

"Sólo digo que me parece curioso que el mejor director de cine o el mejor escritor tienen altibajos en sus obras, pero parece que los pintores famosos no. Da la sensación que haga lo que haga un pintor reconocido va a ser valorado por ser de él y no por como es objetivamente la obra que ha hecho."

Pues es cierto; entre determinados pintores famosos hay esa especie de patente de corso. Pero, llevando la reflexión más allá, más curioso aún resulta porque eso no sucede sólo en pintura. De este modo, a determinados autores reconocidos, y no sólo pintores sino también escritores, historietistas o cineastas, sí tendemos a permitirles cualquier desliz. Incluso aunque hagan obras que, a todas luces, resultan muy menores o directamente olvidables.

SIN PERDÓN

Porque, de verdad que yo con esto lo flipo, qué curioso que a Tim Burton, David Cronenberg, Claude Chabrol, Clint Eastwood, Michael Winterbottom, Alan Moore, Jiro Taniguchi o Will Eisner -por poner ejemplos de autores muy diferentes, con buenas e incluso grandes obras en su haber- tendamos a perdonárselo todo, incluso sus trabajos más mediocres, que evidentemente los tienen. En cambio, a Spielberg, Miller o Scorsese, entre otros pocos "elegidos", NO le pasamos ni una. Como si esos tres tuvieran que demostrar mucho a estas alturas en TODAS Y CADA UNA de sus obras.

Al parecer, todos los primeros citados no tienen nada que demostrar, ya lo demostraron en otras obras, y se pueden permitir firmar mediocridades sin que eso oscurezca su carrera e, incluso, siendo aplaudidos por ellas (p.ej., BIG FISH de Burton -no acudo a su PLANETA DE LOS SIMIOS porque es muy facilón-, MILLION DOLLAR BABY o DEUDA DE SANGRE, de Eastwood, CÓDIGO 46 de Winterbottom, y prácticamente cualquier cosa que firme Moore, aunque sea material tan reciclado y menor como LA LIGA DE LOS CABALLEROS EXTRAORDINARIOS o TOM STRONG). No importa, se lo pueden permitir: con ellos somos benévolos, indulgentes e incluso crédulos.

Pero con Spielberg, FM o Scorsese NO. Su última obra siempre parece ser la única que han hecho, da igual todos los grandes trabajos que tienen ya a sus espaldas. Y como a la peña no le guste lo último de ellos, que se preparen a recibir estopa porque no habrá perdón ni piedad: serán autores "venidos a menos" cuya carrera anterior "necesita una revisión a la luz de su últimos trabajos".

¿Por qué será?
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(nota al margen: estos días he revisado DK2, de FM y Lynn Varley, y LA GUERRA DE LOS MUNDOS, de Spielberg, ahora que ha aparecido en DVD. Qué gran tebeo el primero, qué peliculón el segundo, a pesar de -o precisamente por- sus imperfecciones. Y qué alegría vivir en el tiempo de estos artistas, y poder disfrutar de sus obras en tiempo real, conforme se estrenan).
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ACTUALIZACIÓN

El Pesi ha escrito en el cuadradito:

"Tanto dan los ejemplos; no es una cuestión de nombres. En los términos en que se plantea es un mero problema de fandom.

El fan espera que su autor fetiche cumpla las exageradas expectativas que deposita en él y si se desvia o retrocede se lleva una decepción igualmente exagerada, irracional.

Pero, inversamente, hay otro tipo de fan que justifica y encuentra razones a todos los movimientos de su autor fetiche magnificando destellos y pasando de puntillas por sus flojeras.

Son estos dos tipos de fan (el acólito y el renegado) los que chocan. Y el problema está en que no valoran una obra o un trabajo por lo que es o sea, sino a la luz del juicio que ya tienen formado sobre el autor."

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EL "AURA" DEL ARTISTA

Yo diría que lo del fenómeno del autor fetiche al que se justifica todo (o al que se sobrevalora todo) tiene bastante que ver con la vigencia, a estas alturas, que ya tiene tela, del viejo fenómeno del "aura" del artista. En lugar de valorar cada obra, se parte de prejuicios previos, casi siempre elaborados en torno a lo que se espera de la reputación -y carrera previa- de un autor. En base a su "aura" de artista tocado por la gracia de Dios.

Y en torno a este fenómeno, lo que a mí me fascina, repito, es por qué afilamos las hachas SÓLO con determinados artistas (incluso autores a los que un día amamos, ahora "ángeles caídos": los casos de Scorsese o FM son paradigmáticos en este sentido), pero luego somos taaan indulgentes con los últimos trabajos de otros (Clint Eastwood, Alan Moore o Woody Allen como paradigmas).

Eso por no hablar del fenómeno Spielberg, que tiene su enjundia y que a mí me provoca verdadero estupor. Spielberg, o cómo elaborar y repetir clichés y prejuicios sobre su obra -a partir de determinadas películas que, por cierto, tienen ya más de veinte años: INDIANA JONES, E.T., etc.-, tópicos como "bah, es Spielberg, es muy sensiblero" o "es muy propagandístico" (?), o "es muy para niños" (?); o "es muy americano" (?).

Y luego aplaudir a rabiar MAR ADENTRO (que es, en cierto modo, un Spielberg pero en malo), porque "en el cine español hacemos las cosas de otra manera".

O continuar aplicando esos clichés spilbergianos dos décadas después a películas suyas que poco o nada tienen que ver con aquéllas. Sí, claro, LA LISTA DE SCHINDLER, SALVAR AL SOLDADO RYAN, I.A., ATRÁPAME SI PUEDES o LA GUERRA DE LOS MUNDOS son "sensibleras" o "para niños". Son igualitas que las pelis de INDIANA JONES. Y tan "sensibleras" y "propagandísticas" como, ya lo sabemos antes incluso de haberla visto, MUNICH, su próximo estreno.
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(Imagen: fotograma de LA GUERRA DE LOS MUNDOS, Steven Spielberg, 2005)
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