La conferencia de Alejandro Jodorowsky anoche en el Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror de Estepona me confirmó la idea básica que tenía sobre la figura de este actor, escritor, dramaturgo, cineasta, guionista de cómics y... psicomago. Para resumir: esoterismo, cero; sentido común, psicología, empatía, sentido de la puesta en escena y comediante, todo. Jodorowsky es, más que ninguna otra cosa, un showman que sabe como engatusar a su auditorio y, sobre todo, hacerles reír. No sólo porque algunas de sus ideas tienen mucha gracia, sino porque, cuando le interesa para mantener la atención, sabe comunicarlas como los mejores cómicos, tanto en su lenguaje verbal como corporal. Capítulo aparte merece su capacidad para la improvisación: son muchos años bajo los focos, y el actor Jodorowsky tiene unas tablas impresionantes. Pero vamos al contenido.
Jodorowsky fue presentado por Luis Alberto de Cuenca, el cual, además de saber estar a la altura de las circunstancias con discreción -fue brevísimo, para ceder todo el protagonismo al conferenciante-, comentó que ver a Jodo leer el tarot es un auténtico espectáculo, algo que había hecho con el propio De Cuenca porque éste se lo había pedido. A continuación, Jodorowsky comenzó su conferencia, sentado en una silla alta, de ésas de cantaor flamenco. Además de explicar algunas ideas en las que se basa la llamada "psicomagia", y las que anoche comentó, os lo aseguro, no son sino pilares del psicoanálisis que cualquier psicólogo actual da por asumidas (la infancia como base de nuestro aprendizaje emocional y, por tanto, de lo que luego somos de adultos, la repetición más o menos inconsciente de lo que aprendimos de las figuras materna y paterna, etc.), Jodorowsky expuso algunas de sus tesis más conocidas: rechazo del arte neurótico realizado por artistas neuróticos que sólo buscan exponer al mundo sus neurosis ("ese arte está ya muy anticuado, hay que superarlo"), elogio del arte "terapeútico" con intenciones sanadoras para el espectador; celebración de la vida por sí misma, por lo que tiene de extraordinario, único e irrepetible; dedicar las energías a aquello para lo que valemos, para lo que tenemos talento, para así no malgastarlas: "todo el mundo vale para algo, aunque no todo el mundo vale para lo mismo".
Contó bastantes chistes, dio algunos consejos "psicomágicos" generales, por ejemplo, para eyaculadores precoces ("seguro que hay alguno entre el público, siempre hay alguno, no pasa nada"), recomendó a las mujeres presentes que esperasen a que pasaran los seis primeros meses de una relación para juzgar a su hombre, porque durante ese tiempo el hombre les iba a decir todo lo que la mujer deseaba oír sólo para obtener lo que le interesaba de ella (¿mande?), pero que después de ese tiempo podrían empezar las sorpresas. También criticó con gracia a algunas figuras religiosas ("cuando fui a ver al Papa, dio la casualidad de que se le acercó una paloma y el hombre se puso a espantarla, temiendo que le cagara; yo automáticamente pensé 'imagínate si esto mismo lo hubiera hecho Jesucristo, si una paloma, símbolo del Espíritu Santo, se le hubiera acercado y él la hubiese espantado'), preguntó expresamente al público si habían pagado algo por estar allí, porque él todas las conferencias, igual que el tarot y la psicomagia, las da gratis ("El Dalai Lama, sin embargo, cobra 300 dólares a cada persona", añadió), y también rechazó la crítica personal a la gente que tiene un problema: "no sirve de nada criticar a quien tiene problemas personales; lo que hay que hacer es ponerse en su lugar, compadecerle, imitarle, convertirse en él, ponerse en su piel, ése es el único modo de ayudarle".
Al final, en el turno de preguntas, una señora de unos sesenta y tantos años, puede que más, le pidió algún consejo porque tenía un miedo irresistible a quedarse sola por la noche. "Vivo sola, y a veces me entra tal pánico que me tengo que ir a dormir a casa de alguna amiga... De día no tengo problemas si estoy sola en casa, pero de noche me entra un miedo terrible, no puedo soportarlo". Jodorowsky le dio el siguiente consejo: cómprese un perro.
Ante las risas del público, la señora, sin tomárselo a mal, insistió: "Pero es que no puedo tener un perro, porque ya tengo dos gatos". Jodorowsky: "¿Y los gatos no le ayudan a quitarse el miedo? Yo vivo con seis gatos". La señora: "No, no, a pesar de los gatos, me muero de miedo si estoy sola de noche", insistió. Jodorowsky: "Entonces búsquese un amante y que se quede a dormir en casa. Por internet ahora la cosa está bastante fácil".
Como quiera que la señora insistió por tercera vez, entre las risas de todos, Jodorowsky le dijo algo así: "Bueno, usted lo que quiere es un consejo psicomágico", e improvisó una de sus recetas con acciones simbólicas que, según Jodorowsky, el inconsciente entiende como órdenes literales a las que acaba obedeciendo. La receta o "consejo psicomágico" era larga de explicar, pero divertida: "Vístase de negro, píntese toda de negro, apague las luces e invite a cenar a algunos amigos, sírvales la cena allí en la oscuridad y, en algún momento, empiece a rugirles como un animal...". La señora le interrumpió y le dijo que no, que ella no tenía miedo a la oscuridad, sino a quedarse sola. Más risas. Jodorowsky volvió a decirle que podía meterse en un foro de contactos de internet y, sin mentir, exponerse tal como era: su edad, su foto, etc.. "Seguro que así conoce a un amante rápidamente, y se acabó el problema".
Yo tenía una pregunta para Jodorowsky, y quise hacérsela. La pregunta era literalmente una que he visto plantearse a más de una persona, y que me parece realmente interesante para entender al Jodorowsky guionista y escritor de ficción: "Alejandro, tú predicas que el arte debe ser sanador, que debe "curar", pero hay personas que se preguntan por qué entonces muchas de tus historias están tan llenas de violencia, atrocidades y mutilaciones. ¿Cómo funciona eso, por qué lo haces así? ¿Se puede explicar?"
Respuesta de Jodorowsky, más o menos: "El artista debe presentar conflictos al espectador. Sólo del conflicto surge la creatividad. Las personas no tenemos un alma, tenemos una semilla de alma, una semilla que debemos arar, cultivar y trabajar para que llegue a convertirse en nuestra verdadera alma. Y sólo de la superación de los conflictos y dificultades que nos trae la vida se llega a obtener una buena cosecha de esa semilla. Es un poco lo que le pasa a los hijos de rico, ¿verdad? Como no tienen que enfrentarse a las dificultades en su vida, muchos de ellos, de mayor, salen mustios y sin sangre en las venas. Es como la historia aquella del campesino que le pidió a Dios que durante un año no le trajera ninguna tormenta, ninguna plaga, ningún desastre, para que así su cosecha no se echara a perder. Dios se lo concedió, pero después de un año sin ninguna tormenta, plaga o contratiempo, las semillas del campesino crecieron mal y dieron la peor cosecha de su vida. Bueno, eso es lo que pretendo reflejar en mis personajes, por eso tienen que pasar por las peores pruebas y atrocidades, aunque siempre, al final, las superan y alcanzan la luz, se convierten en algo mejor de lo que eran. Bueno, eso si te estabas refiriendo a mis cómics recientes, porque yo he tenido muchas etapas y no siempre fue así. ¿Contesté a tu pregunta?"
Sí, le respondí. "¿Feliz?", añadió Jodorowsky. Sí, muchas gracias.