Mostrando entradas con la etiqueta Curt Swan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Curt Swan. Mostrar todas las entradas

sábado, mayo 24, 2008

LAS MUCHAS MUERTES DE SUPERMAN

Una gran novela imaginaria en tres partes:

(¡Que nunca ha sucedido pero podría suceder!)

¡Una historia llena de sorpresas! ... ¡Durante muchos años Luthor ha sido el archi-enemigo de Superman! ¡Y ha fracasado en todos sus intentos por destruir al Hombre de acero!

¡Pero repentinamente, en un día imaginario, la enemistad se acaba! Luthor deja el crimen, ¡Y se convierte en un paladín de la justicia!

¡El que fuera despreciado, se convierte en amigo!

¿- Asombrado? Prepárese para sorprenderse más.

----

Superman no "murió" únicamente en la muy publicitada saga de finales de 1992 a manos de Doomsday. Ya lo había hecho antes en un episodio de la Edad de Plata titulado ¡LA MUERTE DE SUPERMAN! publicado en noviembre de 1961 en SUPERMAN #149, una historia con guión de Jerry Siegel, dibujos de Curt Swan y tintas de George Klein donde Lex Luthor asesinaba a Superman, y lo mataba de verdad. Bueno, "de verdad" teniendo en cuenta que se trataba de una historia "imaginaria", como se avisaba desde el comienzo en un truco narrativo típico de la época. Fueron estos relatos imaginarios, antecedente de los luego conocidos como Elsewords en DC, los que también permitieron contar la vida de Superman en un Krypton no destruido, narrar la boda del Hombre de Acero y Lois Lane mucho antes de que sucediera "de verdad" (en la cronología oficial de Superman eso no ocurrió hasta 1996, buscando la atención mediática una vez que se apagaron los fuegos artificiales de la "muerte" de 1992) o incluso la "última historia" de Superman en la conocida ¿QUÉ LE SUCEDIÓ AL HOMBRE DEL MAÑANA (1986), de Alan Moore y Curt Swan.

Este recurso de los imaginary tales fue interpretado por Umberto Eco en su ensayo sobre Superman de APOCALÍPTICOS E INTEGRADOS (1965) como un mecanismo para mantener incombustible un mito que era narrado en presente, como en la novela moderna, a diferencia de las historias ya sucedidas e inmutables de las mitologías tradicionales. Gracias a los relatos imaginarios, y también a la alternancia de historias "oficiales" del presente de Superman con las de su pasado como Superboy, el encuentro de ambos cuando viajaban al futuro, etc., se conseguía ofrecer una cronología difusa, onírica y no lineal de la biografía de Superman, diluyendo la noción de orden temporal del relato y creando en el imaginario del lector la sensación de que la vida del personaje no avanzaba aproximándole a su muerte. De este modo, los hechos que sucedían no eran irreversibles (ni siquiera su boda con Lois Lane o su muerte, al ser relatos "imaginarios"), y al terminar cada historia todo quedaba como al principio. Según Eco, gracias a este recurso la vida y hazañas de Superman podían ser narradas en un presente continuo serializado de forma cotidiana y mensual sin perder a la vez el aura mítica de intemporalidad de las antiguas leyendas heroicas.

Más allá de la interpretación de Eco, es muy significativo que el modelo que instauró Marvel por aquella misma época era precisamente contrario en ese aspecto al de DC. En Marvel todo lo que sucedía importaba porque cambiaba al héroe, determinaba los acontecimientos venideros y a menudo era irreversible: la muerte del Capitán Stacy, la muerte de Gwen Stacy, la muerte del Duende Verde, la salida del instituto de Peter Parker, la entrada en la universidad, un nuevo noviazgo con Mary Jane, etc. Un modelo que a la larga terminó generalizándose en los superhéroes hasta llegar a contaminar a la misma DC, no hay más que recordar la boda de 1996, esta vez oficial, entre Superman y Lois. Un modelo que, también significativamente, se ha ido diluyendo desde hace unos quince años tanto en DC como en Marvel, hasta volver a convertir en reversible prácticamente todo lo que sucede en la biografía de los superhéroes. De este modo, Superman no estaba muerto, estaba de parranda después de que le viésemos exhalar su último suspiro destrozándose contra Doomsday; el Duende Verde original volvía a pesar de que le vimos morir empalado por su propio deslizador en 1973, Tía May, muerta años atrás, estaba viva en realidad, etc. La diferencia fundamental con los relatos imaginarios de la DC de la Silver Age, claro está, es que ahora estamos hablando de la historia oficial de los personajes. Con este proceso actual se tiende a generar, al menos entre los lectores que conocen el pasado del personaje, la sensación de que nada de lo que sucede importa realmente, ningún hecho tiene un peso irreversible, los errores pueden ser corregidos y los sucesos más trágicos arreglados posteriormente. Qué nos dice eso de nuestro mundo es otra pregunta que también daría mucho para especular. En cualquier caso, esta constante recurrencia que lleva a reescribir una y otra vez hechos ya narrados en el pasado o a reproducirlos desde un punto de vista distinto, sólo puede deberse a que la historia de los superhéroes clásicos (y desde luego la del trío principal Superman-Batman-Spiderman) ya está contada: todo lo que en ellos importaba dramáticamente hablando se ha cumplido, no queda nada en ellos por realizar, su mito se ha consumido finalmente. Pero, por supuesto, hay que mantener vivas las franquicias.

Volviendo a una época más ingenua donde aún estaba casi todo por contar, la historia imaginaria de la "muerte" de Superman de 1961 estaba explícitamente dividida en tres actos. En el primer capítulo, ¡LEX LUTHOR, HÉROE!, el mad doctor calvo que había jurado acabar con Superman se encontraba preso en la cárcel de Metrópolis cuando descubría una cura universal para el cáncer gracias al "elemento X", una "sustancia química misteriosa" que Luthor ya "sospechaba que existía en algún lugar del universo". La sustancia la encontró en un meteorito caído en, ejem, el patio de la cárcel donde los presos realizaban sus trabajos forzados. Tras ofrecer la cura a los científicos, que efectivamente daba resultado, Lex afirma estar arrepentido de su pasado criminal, querer reformarse y seguir ayudando a la humanidad. "¡No deseo recompensas! ¡Yo sólo quiero reconstruir mi pasado!" Todo el mundo quiere creerle, y el primero Superman, que intercede para conseguir su libertad provisional. "Ahora que has cambiado podemos ser amigos" -le dice Superman tras sacarle de prisión-. "Bien, Luthor, ¡nuestra enemistad ha terminado, por fin!... Pero debo admitir que hubo un tiempo en que me tuviste muy preocupado."

En el segundo capítulo de la historia, los antiguos compinches de Luthor intentan asesinarle porque piensan que les ha traicionado al renunciar a matar a Superman, así que a Lex le sale un guardaespaldas muy especial. En ¡EL SUPER-GUARDAESPALDAS DE LUTHOR!, Superman le da a Luthor uno de sus superrelojes-alarma para que le avise en caso de peligro, cosa que efectivamente tendrá que hacer en un par de ocasiones: el Hombre de Acero acude para detener las balas y granadas de los gángsters e incluso tragarse un dardo envenenado (en serio) que iba destinado a Luthor. A fin de que éste siga trabajando tranquilamente en beneficio de la humanidad, Superman se lo lleva (en una nave-burbuja transparente) a un laboratorio espacial que construye al efecto. Aun así Luthor será objeto de un nuevo ataque, esta vez con un misil enviado por "los jefes del Hampa" -quienes "no reparan en gastos" para matarle- que el Hombre de Acero consigue detener igualmente.

Algo después, Luthor activa desde el laboratorio espacial la alarma de peligro (un extravagante cohete con la figura de Luthor) para atraer al superprimo a su trampa: cuando Superman llega a la estación espacial, Luthor le baña a traición con un rayo de kriptonita verde en una escena que recuerda inevitablemente a la del capítulo XII de WATCHMEN, cuando Ozymandias engaña al Dr. Manhattan para intentar destruirle. A continuación, Luthor lo ata a una camilla y le somete a una intensa sesión de rayos del único mineral que podía dañar a Superman. En ese solarium de kriptonita morirá envenenado el Hombre de Acero tras una larga y sádica agonía en la que, literalmente, se broncea hasta ponerse completamente verde. Luthor confiesa al fin, por si acaso hiciera falta, que todo lo que había hecho, la cura para el cáncer, fingir reformarse, etc., fue para que Superman se confiara y cayera en "esta trampa de muerte!". Para más inri, el letal bronceado verde de Superman había tenido lugar delante de sus amigos de toda la vida, Lois Lane, Jimmy Olsen y Perry White, a los que Luthor obligó a mirar desde una habitación con vistas, como los testigos en las cámaras de gas reales que observan detrás del cristal. Los amigos lloran ahora y claman venganza mientras Luthor se congratula de su "grandioso logro". Nada se interpone ya en sus ansias de gobernar el mundo.


"¿Será vengada la muerte de Superman? Lea el capítulo final de esta impresionante e inolvidable historia imaginaria".


En el tercer acto, ¡LA MUERTE DE SUPERMAN!, el mundo entero está de duelo. "Todo hombre decente de la Tierra siente una gran pena" por su muerte, en Metrópolis se celebra una capilla ardiente por la que desfila hasta Krypto el Superperro, etc.

Mientras tanto, Luthor y sus compinches dan una gran fiesta para celebrar la desaparición de su odiado enemigo que se ve interrumpida por la entrada a través de la pared de... Superman. La escena cumple ante el lector la función de resurrección física aparente del héroe muerto, mientras los malos se quedan horrorizados por la sorpresa. "¡Auu! ¡S-Superman está vivo!", grita uno de los hampones. Nada más detener a Luthor, el supuesto Superman -al que efectivamente le rebotan las balas- se quita el disfraz. Bajo él está Supergirl, que ha decidido salir del armario y ocupar el puesto del Hombre de Acero (hasta entonces le había ayudado en secreto, actuando desde la sombra). Luthor es reducido y juzgado en la ciudad embotellada de Kandor, mientras el villano se muestra tranquilo y sonriente pensando que tiene "un as en la manga". Cuando oye su sentencia de culpabilidad, ofrece a los kandorianos un trato: que le dejen libre a cambio de devolver a Kandor su tamaño normal, el que tenía antes de que Brainiac los redujese y embotellase. "¡Los kandorianos no hacemos tratos con asesinos!", clama el juez y ordena al verdugo ejecutar la sentencia. Éste envía inmediatamente a Luthor a la Zona Fantasma por toda la eternidad. "¡Se ha hecho justicia!"

En un pequeño epílogo de media página -la otra media la ocupaba un faldón publicitario en el cómic original-, Supergirl sustituye definitivamente a Superman en su tarea salvadora del mundo, cumpliendo ahora la función de resucitar simbólicamente al héroe: éste no ha muerto en vano porque su ejemplo ha inspirado a otros a seguirle, y de este modo el relato mesiánico implícito en el mito de Superman se cierra satisfactoriamente. "La Chica de acero continúa la cruzada por la justicia de Superman", reza un titular de periódico en una viñeta de la última página. Pero aún hay espacio para otra reflexión más: "Todo el tiempo que fui el arma secreta de Superman, esperaba con ansias el día en que pudiera actuar libremente. Ahora que finalmente sucedió, no siento ninguna felicidad por esta "gloria" que ahora... es mía", piensa Supergirl mientras deja atrás una inmensa estatua que corona el mausoleo de Superman y asciende volando hacia las nubes.


"Bien. ¡No hay que tomarlo todo tan a pecho! Después de todo, ésta es sólo una historia imaginaria. ¡Y sólo hay una probabilidad entre un millón de que suceda de verdad algún día! ¡Por lo tanto, el poderoso y valiente Hombre de acero seguirá surcando los cielos en defensa de la justicia, por muchos, muchos años más!", menos mal que nos avisaba el texto de apoyo final.

miércoles, abril 30, 2008

¿NO ME RECONOCE, DOCTOR?

SUPERMAN #330, diciembre de 1978, de la época en que DC intentaba "racionalizar" todas las superfantasías de Superman para que no pareciesen tan infantiles. Supongo que eran los 70 y su realidad sudorosa y cruda (que viene de crudo, el de los barriles), o que los fanboys se hacían mayores y necesitaban algo más acorde a su edad. O la poderosa influencia que venía ejerciendo el modelo Marvel desde hacía más de una década, o, quizás también, que era el año en que usted creyó que un hombre podía volar (ese mismo mes, diciembre de 1978, se estrenaba en USA la película de Richard Donner).


-LANA... ¿CREES AHORA QUE SOY CLARK KENT?
-¡POR SUPUESTO QUE NO! ¿POR QUÉ CLASE DE IDIOTA ME TOMAS? ¡CLARK KENT ES ASÍ!

REVELADO AL FIN... ¡EL ASOMBROSO SECRETO DE CÓMO SUPERMAN ENGAÑA AL MUNDO CON
SU IDENTIDAD DE CLARK KENT!

(¡UN SECRETO AMENAZADO POR LOS SINIESTROS PLANES DE SPELLBINDER!)

La portada era, evidentemente, del soberbio Ross Andru (tintas de Dick Giordano), que dibujó muchas otras para Superman en esa época. En el interior estaba la historia que nos interesa ahora, EL MAESTRO HIPNOTIZADOR DE METRÓPOLIS, guión de Martin Pasko, dibujos del clásico Curt Swan y tintas de Frank Chiaramonte. La cosa empezaba con un satélite que se salía de su órbita y caía directamente hacia el edificio donde Clark Kent trabajaba -que no era el Daily Planet porque en esa época el periodista trabajaba en la televisión- mientras Lois Lane, Lana Lang y Jimmy Olsen empezaban, todos a la vez, a meterle prisa a Clark para que se cambiara, se quitara de una vez esas "gafas falsas y ese traje tonto", echara a volar y detuviera la amenaza. Superman se despertaba sobresaltado de lo que en realidad había sido un sueño, o pesadilla, y se levantaba desvelado a mirarse en el espejo. De repente y después de tantos años de que los lectores se preguntasen lo mismo, nuestro héroe caía en la cuenta de cómo era posible que la gente no se percatara de que Clark Kent era Superman simplemente por las gafas que llevaba. "¡...Y si hay algo de verdad en ese sueño! ¿De verdad es tan malo mi disfraz de Clark Kent? Incluso aunque cambio la voz ligeramente cuando finjo ser Clark... ¿De verdad que mi doble identidad puede ser descubierta tan fácilmente?"


"Mmm... ahora que me paro a pensarlo... ¡Es el disfraz más tonto que haya visto nunca!"
"Oh-oh, Superman usando gafas, ¡eso es lo que parezco!"
"¿A quién intentaba tomarle el pelo cuando me imaginé este disfraz ridículo?"
"Mmm! "¡Chico, eso es!" "Era Superboy cuando me inventé lo de las gafas! ¡Un crío joven, ingenuo! No supe imaginar nada mejor!"


¿DE VERDAD ES TAN MALO MI DISFRAZ?
A lo largo de la historia de Superman se han dado varias explicaciones para justificar cómo era posible que funcionase "el disfraz más tonto que hayamos visto nunca", algunas mejores y otras peores. En los tebeos y sus personajes de tinta y papel impreso estas cosas podían ser verosímiles (aunque Christopher Reeve, un actorazo de carne y hueso, supo hacernos creer que Superman y Clark eran dos personas distintas), especialmente cuando nadie se las cuestionaba y la situación se daba por hecha al lector sin mencionarse siquiera en las historias, que es lo que hicieron de buen principio Jerry Siegel y Joe Shuster cuando crearon al personaje. Una de las explicaciones más sencillas para la efectividad del absurdo disfraz de Clark (juraría que fue de John Byrne en su refundación del personaje en 1986, aunque a lo mejor ya se había usado con anterioridad) era el hecho de que la gente no tenía por qué imaginar que Superman tenía una identidad civil secreta. En el episodio que comentamos, precisamente, se daría otra explicación. Volviendo a la trama de la historia, mientras Superman se cuestionaba ante el espejo su propio statu quo de tantos años, casi como tomando conciencia de su propia condición de personaje de tebeo (casi, aún faltaban años para que aterrizara Grant Morrison en DC y en ANIMAL MAN), el supervillano Spellbinder llegaba a Metrópolis y usaba sus poderes como hipnotizador. Para contrarrestar la amenaza, Superman se veía obligado a usar su super-hipnosis (un vestigio de la Edad de Plata) dando una orden a todos los ciudadanos de Metrópolis para resistir cualquier orden hipnótica. La orden la emitió desde esta particular "televisión de plasma":



El nudo de la trama llegaba cuando, a continuación, Lana Lang pillaba a Superman in fraganti mientras se cambiaba


...pero Lana no le reconocía como Clark. "Perdona mi curiosidad, Superman, pero ¿por qué llevas esas gafas? ¿Y ese traje?"
("¿¡¿Queeé?!? ¿Lana no me reconoce como Clark Kent?? ¡Es absurdo!")



Cuando Superman admite desconcertado e indefenso su disfraz civil a Lana, ésta no se lo cree y porfía en que Clark no se parece en nada a Superman. "¿Ese se supone que es Clark? ¡Vamos, cariño! Admito que hay un parecido superficial.. Pero tú eres de complexión demasiado fuerte... ¡y también demasiado guapo! ¡No... olvídalo! No te pareces en nada a Clark!"


EL MAESTRO HIPNOTIZADOR DE METRÓPOLIS
Tras la rocambolesca escena, Superman volvía a enfrentarse a Spellbinder no sin antes hipnotizarse a sí mismo para ser inmune a la hipnosis del villano. Incomprensiblemente, el truco no funcionaba y Spellbinder hacía creer a Superman que había perdido sus poderes, ganaba la pelea y se marchaba. Pero Superman ya había descubierto el truco de Spellbinder y también su propio pastel, aunque por supuesto todavía no lo revelase ante el lector. Suspense. Primero tenía que derrotar al villano al haberse percatado de que hipnotizaba mediante el sonido y no a través de poderes visuales, y luego, por fin, Superman nos ponía al tanto de por qué los demás le veían diferente cuando era Clark:


Por su propio poder hipnotizador inconsciente, intensificado por un objeto inesperado. He aquí por qué nadie veía el parecido entre Supes y Clark:



Las gafas. Pero las gafas de Clark Kent no eran unas gafas cualquiera. Superman, lo explicaba a continuación, se hizo las lentes con el plexiglás de la claraboya de la nave que le trajo de Krypton para que fueran indestructibles. Alguna "propiedad desconocida" del plexiglás kriptoniano de las gafas intensificaba el efecto hipnótico de baja intensidad que proyectaba Superman de forma inconsciente; sin saberlo, Superman usaba constantemente su super-hipnosis cuando adoptaba la identidad de Clark Kent para aparentar ser más débil y frágil de lo que era. Un efecto hipnótico que, reforzado por las gafas especiales, hacía que cuando la gente miraba a Clark no le viera tal como era, sino como... "¡la imagen de Clark que intentaba proyectar!"


Como Superman había hipnotizado a todos los ciudadanos de Metrópolis precisamente para resistir cualquier orden hipnótica, sin saberlo había neutralizado su propia hipnosis inconsciente. Por eso Lana, bajo los efectos de esa orden, cuando le pilló cambiándose no vio al Clark que solía ver sino a alguien "distinto", concretamente a Superman con gafas y corbata. Pura lógica DC.

En fin, como dice uno de los blogers de los que sacado el material (aquí el otro), en la historia hay agujeros por los que podría volar el superperro Krypto, pero las dos tramas cruzadas de hipnosis, el embrollo seudopsicoanalítico y la idea de que Superman usara sus poderes inconscientemente para parecer alguien diferente cuando era Clark Kent me siguen pareciendo absolutamente fascinantes. Por lo visto, la idea primigenia no era del guionista Martin Pasko: la dio un fan que escribía constantemente al correo de la redacción, un tal Al Schroeder III. Y algo parece tener esta historia porque, si buscas en internet el episodio, aparece comentado y recordado por los aficionados en un número sorprendente de sitios. Llevaba tiempo acordándome de ella, sobre todo porque no la conservo y me hubiera gustado hacerlo. La leí de chaval, en retapados de Bruguera que vete tú a saber dónde y por cuánto dinero se pueden conseguir a estas alturas (reedición ya). Ahora, gracias a internet, he recuperado el episodio aunque sea virtualmente.

¿QUÉ FUE DE CURT SWAN?
En realidad, recuerdo muy buenos episodios de toda aquella etapa, dibujados, igual que éste, por Curt Swan (1920-1996), dibujante omnipresente en distintas series de Superman durante nada menos que tres décadas. Lo cruel que puede ser la vida, sobre todo estando una gran compañía de por medio. Después de haber redefinido a Superman -refinando el look que le dio Wayne Boring y haciéndolo más naturalista- y haberlo dibujado a lo largo de más de treinta años fijando su imagen para varias generaciones de lectores, a mediados de los ochenta el estilo de Curt Swan se había quedado anticuado para el gusto de la época. Se daba la circunstancia añadida de que, debido al descenso general de ventas de los títulos de DC, la compañía empezó a buscar nuevos autores para modernizar a sus personajes bandera, empezando por Superman. Como es bien sabido, uno de los autores elegidos por DC para el remozo fue el (entonces) hot artist John Byrne (otro fue Frank Miller, que se encargó de relanzar a Batman primero narrando sus últimos años de carrera en EL REGRESO DEL CABALLERO OSCURO y algo después su origen en BATMAN AÑO UNO, aquí junto a David Mazzucchelli). Byrne, tras recibir la oferta de DC para relanzar sus personajes, escogió precisamente a Superman siempre que le dejaran libertad para volver a contar su origen e introducir cambios para modernizarlo. Lo hizo en la miniserie de 1986 MAN OF STEEL y luego continuó durante algunos episodios más, abandonando dos años después en el número 22 de la nueva serie.

Pero justo antes de que Byrne metiera mano al personaje, el editor Julie Schwartz acordó cerrar definitivamente la historia del Superman pre-Crisis con una "historia imaginaria" en dos partes que puso punto y final al Superman y la Superfamilia que procedían de la Edad de Plata. La historia, magnífica, la escribió Alan Moore, la dibujó precisamente Curt Swan y se tituló ¿QUÉ FUE DEL HOMBRE DEL MAÑANA? (septiembre de 1986). Después de ella, el ahora anticuado Curt Swan "fue jubilado" de Superman para dejar paso a Byrne y luego a otros dibujantes, los que ahora prefería el público. Obtuvo algunos encargos posteriores de DC, pero fueron escasos y cada vez llegaron con menos frecuencia. Sin embargo, Swan tenía 66 años, había trabajado de freelance toda su vida y no podía retirarse porque no tenía plan de pensiones ni un patrimonio que le permitiera la jubilación. Tenía que seguir trabajando para sobrevivir.

miércoles, septiembre 19, 2007

ERAN LOS OCHENTA


Fotos de Colleen Doran de los años ochenta: estaban todos. Kirby, Eisner, Archie Goodwin, Curt Swan.

(vía The Beat)