–Falta de referencias para comprender la creación más joven. Es éste un reproche grave, respecto al que todo crítico deberá mantenerse alerta, y que plantea la conveniencia de buscar mecanismos de regeneración por parte de quienes regentan los espacios en que la crítica opera. La mayor virtud que puede adornar a un crítico es el olfato para lo nuevo, y no sólo para “lo bueno”; su mayor hazaña será la construcción de un lenguaje de acogida para la recepción de aquello que, por dilatar el campo de la sensibilidad establecida, carece todavía de un registro público. Con todo –y como no he dejado de decir en más de una ocasión–, una de las funciones menores de la crítica, puestos en lo peor, sería la de actuar como obstáculo, como frontón mediante el cual la sociedad y la época se defienden de las transgresoras innovaciones del joven artista. Éste se forjará, para bien y para mal, en la perseverancia y en la entereza que emplee ya en imponerse, ya en adaptarse a las convenciones con que la crítica de su tiempo lo juzga.
(Ignacio Echevarría, crítico literario)
------------------
ACTUALIZACIÓN
Como me interesa debatir este tema, lo comento echando un poco de carnaza. Es éste un problema muy antiguo: cuando un creador es realmente innovador, en muchas ocasiones -no en todas, no hay que generalizar- no es comprendido en su momento sino sólo con posterioridad, precisamente porque no puede ser juzgado con arreglo a los parámetros de su época -las convenciones ya asumidas-, al haber sido capaz de trascenderla y adelantar logros artísticos hacia un nuevo paradigma que sólo al cabo de los años serán plenamente entendido y asimilado por la mayoría de la "comunidad artística" (autores-espectadores-críticos). Y no siempre el crítico tiene la capacidad de comprender esas propuestas nuevas, limitados en tantas ocasiones a aplicar una y otra vez los mismos paradigmas ya consensuados, incluso a obras que por su trasgresión y carácter innovador no se ajustan a ellos porque han creado el suyo propio.
¿Ejemplos concretos? Hay muchos. Está el caso tópico pero significativo, tantas veces se ha repetido aquí en los debates, de Hitchcock. Ninguneado en su momento por buena parte de la crítica, que no sólo era incapaz de entender sus logros artísticos sino que además los despachaba como el producto de un artesano de lo comercial, su consideración artística sólo empezó a cambiar desde que voces francesas como François Truffaut (luego también director de cine), entre otros, reinvindicaron a quien hoy es considerado uno de los mejores autores de toda la historia del cine.
¿Ejemplos en el cómic? Propongo algunos:
Uno.
Las primeras páginas se publicaron en la revista Muchas Gracias. Me habían encargado otra cosa pero no se me ocurría nada, me tomé una centramina, me quedé toda la noche trabajando y llevé página y media, que era el espacio que me habían dado. Era la primera historia, la que suele publicarse antes de los títulos. Y entonces la llevé en el momento en que la revista entraba ya en máquinas. La llevé, la leyeron y no entendieron nada, pero no podían hacer nada ya y la metieron. La semana siguiente hice lo mismo, y me parece que la segunda historia también la publicaron. La tercera ya no, "Es que esto es una cosa muy deprimente". Curiosamente los mejores trabajos que he hecho o que más éxito han tenido a la larga, han sido los que el editor de turno no los ha querido ni ver, no los ha entendido.
--Carlos Giménez, sobre las primeras páginas de esta obra publicadas en 1977, entrevistado por David Muñoz y Antonio Trashorras en la revista U (número 9, 1998)--
Dos.
Sólo un puñado de bienaventurados que reconocen y disfrutan de la obra de los genios allí donde la encuentran (...) van a romper la hucha con alegría para comprar la más reciente colección de las crónicas de Coconino, sabedores de que el tomo recopilatorio es lo mejor que van a poder hallar este año en las librerías.
(...) Pero, si es un cómic tan manifiestamente delicioso, por lo menos para un grupo de lectores -y escribo manifiestamente, ya que la mayoría de ustedes han disfrutado ya de las páginas de Herriman mucho antes de ojear esta introducción-, tan irónico, áspero y poético, ¿por qué no despertó el interés de tantísimo lector inveterado de tiras de prensa que se deleitaba con las logradas, brillantes e imaginativas páginas de Gasoline Alley, Bringing Up Father y Popeye, de E.C. Segar? La respuesta casi universal es que esos lectores no entienden el cómic ni a los personajes. Afirmaban (y afirman) que el tema de Ignatz pegando ladrillazos a Krazy resultaba reiterativo y que no eran capaces de entender la mayoría de los chistes. Lo peor de todo era que no encontraban nada atrayente (es decir, chulo) en los personajes, como era de esperar en una tira de animales graciosos. Esos lectores se hallaban muy lejos del espíritu de este cómic. Por eso, se enojaban y escribían virulentas cartas a los redactores de las secciones de entretenimiento de los rotativos involucrados. La mayoría de estos diarios -en apariencia valientes al publicar una tira de esas características- pertenecían a la cadena de periódicos de William Randolph Hearst, el joven y temible magnate de la prensa, que admiraba con fervor a Krazy Kat y que debía enfrentarse continuamente a sus editores. Estos le imploraban que les permitiera eliminar la irritante tira por culpa de la cual recibían un sinnúmero de cartas de protesta contra aquel desconcertante cómic, cartas difíciles de responder, ya que ellos mismos lo encontraban desconcertante. Las cartas quedaban sin contestar y el edicto de Hearst prevalecía: el cómic de Kat permaneció en sus periódicos durante décadas. Por supuesto, también hubo muchos lectores que compartían la opinión de Hearst; algunos vivían en el extranjero y procuraban encontrar a quien les recortara y enviara "los kats". Eran lectores de la talla de Gertrude Stein, Ernest Hemingway, Cummings, T. S. Eliot, y otros personajes conspicuos que apreciaron de inmediato el talento de Herriman. Compraron, valoraron, escribieron y hablaron de los libros -pocos y difíciles de conseguir- en que se recogían las tiras, y seguían sus apariciones en los periódicos cuando les resultaba posible.
--Bill Blackbeard, en la introducción al primer volumen de la nueva edición de Fantagraphics/Planeta DeAgostini de KRAZY KAT--
Tres.
Este tebeo reciente, mayoritariamente incomprendido, ignorado por buena parte de la crítica, un "auténtico truño" para muchos aficionados. Que bien podría ser uno de los máximos logros artísticos de sus creadores y una obra adelantada al menos diez años a su tiempo por muchas y diversas razones.