Bueno, yo comencé copiando a Benejam, que me gustaba mucho por el movimiento que daba a sus personajes, pero poco a poco me fui distanciando de él para encontrar una personalidad propia. Entonces me dediqué a no mirar nada de los demás sino lo mío sólo, todo el conjunto de lo que dibujaba, para así ver los defectos y mejorarlo. Yo tengo un dibujo lento, para hacer una página necesito dos días, completos, porque si un monigote no me ha salido bien lo borro y lo vuelvo a hacer y luego me lo vuelvo a reflexionar y a mirar bien y digo "estaría mejor un poco más curvado", lo vuelvo a borrar y lo curvo un poco más, "demasiado curvado, no", lo vuelvo a borrar... y así hasta que digo "ahora está bien". Y entonces sigo adelante, y claro, cuando me doy cuenta, caramba, se me ha pasado el día y aún me falta pasarlo a tinta. Trabajaba mucho el lápiz y a la goma, era con lo que más estaba, luego la tinta ya no, el pasar a tinta era para mí como un descanso, aunque aún aprovechaba para pulir y rectificar muchas cosas. Ya le digo... dos días completos. Sin tener en cuenta el tiempo de pensarme la historieta y el tiempo de encajarla.
(...) Intenté dibujar para el extranjero y mandé muestras a Escocia, México, Alemania, Francia y el norte de América, pero por mi estilo yo no tenía ningún campo fuera y aquí, en España, sólo tenía el TBO y, aunque me pagaban bien, con esto sólo no podía vivir. Entonces decidí ponerme a trabajar, hablé con dos amigos que tenía, que eran albañiles, porque yo antes de dibujar era albañil, les pregunté cuánto ganaban y yo me dije "caramba, pues sí estoy perdiendo el tiempo haciendo monigotes"... O sea, que en el tiempo que yo hacía una página no ganaba ni medio jornal de lo que ganaban mis amigos poniendo ladrillos. Y fue cuando dejé las historietas.
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Entrecomics ha subido una entrevista a Josep Coll(1923-1984) que publicó Antonio Martín en la revista Cairo, pocos años antes de la muerte del autor.
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