domingo, abril 29, 2007

SER CAPAZ DE COMPRENDER LO NUEVO

–Falta de referencias para comprender la creación más joven. Es éste un reproche grave, respecto al que todo crítico deberá mantenerse alerta, y que plantea la conveniencia de buscar mecanismos de regeneración por parte de quienes regentan los espacios en que la crítica opera. La mayor virtud que puede adornar a un crítico es el olfato para lo nuevo, y no sólo para “lo bueno”; su mayor hazaña será la construcción de un lenguaje de acogida para la recepción de aquello que, por dilatar el campo de la sensibilidad establecida, carece todavía de un registro público. Con todo –y como no he dejado de decir en más de una ocasión–, una de las funciones menores de la crítica, puestos en lo peor, sería la de actuar como obstáculo, como frontón mediante el cual la sociedad y la época se defienden de las transgresoras innovaciones del joven artista. Éste se forjará, para bien y para mal, en la perseverancia y en la entereza que emplee ya en imponerse, ya en adaptarse a las convenciones con que la crítica de su tiempo lo juzga.

(Ignacio Echevarría, crítico literario)

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ACTUALIZACIÓN

Como me interesa debatir este tema, lo comento echando un poco de carnaza. Es éste un problema muy antiguo: cuando un creador es realmente innovador, en muchas ocasiones -no en todas, no hay que generalizar- no es comprendido en su momento sino sólo con posterioridad, precisamente porque no puede ser juzgado con arreglo a los parámetros de su época -las convenciones ya asumidas-, al haber sido capaz de trascenderla y adelantar logros artísticos hacia un nuevo paradigma que sólo al cabo de los años serán plenamente entendido y asimilado por la mayoría de la "comunidad artística" (autores-espectadores-críticos). Y no siempre el crítico tiene la capacidad de comprender esas propuestas nuevas, limitados en tantas ocasiones a aplicar una y otra vez los mismos paradigmas ya consensuados, incluso a obras que por su trasgresión y carácter innovador no se ajustan a ellos porque han creado el suyo propio.

¿Ejemplos concretos? Hay muchos. Está el caso tópico pero significativo, tantas veces se ha repetido aquí en los debates, de Hitchcock. Ninguneado en su momento por buena parte de la crítica, que no sólo era incapaz de entender sus logros artísticos sino que además los despachaba como el producto de un artesano de lo comercial, su consideración artística sólo empezó a cambiar desde que voces francesas como François Truffaut (luego también director de cine), entre otros, reinvindicaron a quien hoy es considerado uno de los mejores autores de toda la historia del cine.

¿Ejemplos en el cómic? Propongo algunos:

Uno.

Las primeras páginas se publicaron en la revista Muchas Gracias. Me habían encargado otra cosa pero no se me ocurría nada, me tomé una centramina, me quedé toda la noche trabajando y llevé página y media, que era el espacio que me habían dado. Era la primera historia, la que suele publicarse antes de los títulos. Y entonces la llevé en el momento en que la revista entraba ya en máquinas. La llevé, la leyeron y no entendieron nada, pero no podían hacer nada ya y la metieron. La semana siguiente hice lo mismo, y me parece que la segunda historia también la publicaron. La tercera ya no, "Es que esto es una cosa muy deprimente". Curiosamente los mejores trabajos que he hecho o que más éxito han tenido a la larga, han sido los que el editor de turno no los ha querido ni ver, no los ha entendido.

--Carlos Giménez, sobre las primeras páginas de esta obra publicadas en 1977, entrevistado por David Muñoz y Antonio Trashorras en la revista U (número 9, 1998)--

Dos.

Sólo un puñado de bienaventurados que reconocen y disfrutan de la obra de los genios allí donde la encuentran (...) van a romper la hucha con alegría para comprar la más reciente colección de las crónicas de Coconino, sabedores de que el tomo recopilatorio es lo mejor que van a poder hallar este año en las librerías.

(...) Pero, si es un cómic tan manifiestamente delicioso, por lo menos para un grupo de lectores -y escribo manifiestamente, ya que la mayoría de ustedes han disfrutado ya de las páginas de Herriman mucho antes de ojear esta introducción-, tan irónico, áspero y poético, ¿por qué no despertó el interés de tantísimo lector inveterado de tiras de prensa que se deleitaba con las logradas, brillantes e imaginativas páginas de Gasoline Alley, Bringing Up Father y Popeye, de E.C. Segar? La respuesta casi universal es que esos lectores no entienden el cómic ni a los personajes. Afirmaban (y afirman) que el tema de Ignatz pegando ladrillazos a Krazy resultaba reiterativo y que no eran capaces de entender la mayoría de los chistes. Lo peor de todo era que no encontraban nada atrayente (es decir, chulo) en los personajes, como era de esperar en una tira de animales graciosos. Esos lectores se hallaban muy lejos del espíritu de este cómic. Por eso, se enojaban y escribían virulentas cartas a los redactores de las secciones de entretenimiento de los rotativos involucrados. La mayoría de estos diarios -en apariencia valientes al publicar una tira de esas características- pertenecían a la cadena de periódicos de William Randolph Hearst, el joven y temible magnate de la prensa, que admiraba con fervor a Krazy Kat y que debía enfrentarse continuamente a sus editores. Estos le imploraban que les permitiera eliminar la irritante tira por culpa de la cual recibían un sinnúmero de cartas de protesta contra aquel desconcertante cómic, cartas difíciles de responder, ya que ellos mismos lo encontraban desconcertante. Las cartas quedaban sin contestar y el edicto de Hearst prevalecía: el cómic de Kat permaneció en sus periódicos durante décadas. Por supuesto, también hubo muchos lectores que compartían la opinión de Hearst; algunos vivían en el extranjero y procuraban encontrar a quien les recortara y enviara "los kats". Eran lectores de la talla de Gertrude Stein, Ernest Hemingway, Cummings, T. S. Eliot, y otros personajes conspicuos que apreciaron de inmediato el talento de Herriman. Compraron, valoraron, escribieron y hablaron de los libros -pocos y difíciles de conseguir- en que se recogían las tiras, y seguían sus apariciones en los periódicos cuando les resultaba posible.


--Bill Blackbeard, en la introducción al primer volumen de la nueva edición de Fantagraphics/Planeta DeAgostini de KRAZY KAT--

Tres.

Este tebeo reciente, mayoritariamente incomprendido, ignorado por buena parte de la crítica, un "auténtico truño" para muchos aficionados. Que bien podría ser uno de los máximos logros artísticos de sus creadores y una obra adelantada al menos diez años a su tiempo por muchas y diversas razones.

18 comentarios:

Urbs dijo...

Pero a veces también ocurre todo lo contrario: la crítica (o parte importante de ella) acoge alborozada a un "nuevo Orson Welles", un "nuevo Picasso" o un nuevo lo que sea, que finalmente acaba resultando un auténtico bluff.
Es lo que hemos comentado muchas veces por aquí, que se necesita una cierta perspectiva temporal para valorar en su justa medida lo nuevo. Aunque si que es verdad que cierta parte de la crítica esta cómodamente instalada en su ensimismamiento y es bastante miope con nuevas propuestas.

Lenin dijo...

A mí me parece muy difícil eso de ser crítico: coincido con la idea del post de que hace falta una intuición especial para apreciar lo nuevo. Estar abierto a la vida, a la experiencia directa de las cosas es una virtud bastante difícil de encontrar en la crítica de todas las épocas. Siempre nos encontramos ese “esperar a que el tiempo ponga las cosas en su sitio”, uno de los subterfugios más ruines para sumarse a posteriori al consenso general, como si éste surgiera del propio tiempo que pasa…

Una crítica vitalista, abierta a la experiencia y al error, se parece al fin y al cabo a lo que decía id en algún post anterior: un género literario más. En España se mira con mucha desconfianza lo de que los artistas sean a la vez teóricos, y no digamos ya que desarrollen una faceta crítica, aun dentro de su obra. Pero no en todas las tradiciones locales sucede así, por ejemplo en Rusia existe cierta tradición de artistas teóricos, desde las primeras vanguardias hasta cineastas de postguerra como Tarkovsky.

Lo de encontrar “un nuevo Welles”, o un nuevo Bisbal, es asunto de críticos aborrecedores de lo nuevo, de esos que utilizan expresiones como “aúna tradición y modernidad”, o cosas aún más tristes. A esos hay que evitarlos como la peste, fssssss!

pepo dijo...

lo de los artistas teóricos y críticos es algo universal y ha existido en todas las disciplinas. En algunos casos, además, hicieron aportaciones teóricas trascendentales. En cine hay bastantes casos famosos, pero en artes plásticas también.

Thalcave dijo...

Pepo,¿te parece mejor el DK2 que el DK1, que Batman Año Uno o que Ronin?.

pepo dijo...

sí. Es mejor cómic, probablemente. Sí.

pepo dijo...

Lo que el DK1 tiene más de historia y personajes clásicos, el DK2 lo "compensa" (es un modo de hablar, no se trata de una competición ni hay nada que compensar; son planteamientos distintos) con un mayor atrevimiento -y virtuosismo- formal que el primero. Como mínimo creo que está a la misma altura. Y puede que DK2 sea mejor en su conjunto, porque llega más lejos que el primero en cuanto a innovaciones formales, es más rupturista y tiene que ver menos con cualquier otra cosa. Al fin y al cabo, en DK1 el planteamiento formal es más tradicional o "de escuela", tiene raíces claras en los tebeos de Eisner y de Kurtzman. DK2 en cambio es más genuino. También si lo miramos desde la óptica del menos es más, logra más resultados con muchas menos herramientas. Digamos que es una obra más depurada en su conjunto. Lógico por otra parte, está hecha 16 años más tarde.

Batman Año uno es también de Mazzucchelli, no es sólo una obra de Miller; y de hecho es más del primero que del segundo (porque Miller siempre se ha adaptado a los dibujantes cuando ha trabajado con ellos). Luego dejémoslo mejor aparte de la "competición".

x-ternon dijo...

A mi el DK2 me supuso una gran "decepción" pensaba que iba a leer algo horrible y que había tirado mi dinero, pero fué empezar a leerlo y... no se si me pareció mejor que el DK1, a nivel de dibujo creo que si que me lo parece, el dibujo del Miller de ahora, a mi me parece que es mucho más maduro y expresivo, y a nivel de historia en DK1 se contaba una buena historia de Batman en el futuro, pero en DK2 me da la impresión de que Miller quiere hablar de más cosas através de la historia que cuenta.

En cuanto al color de Varley, me parece más que apropiado al tono de la obra, no veo yo el horror que mucha gente quiere ver, pero es que tampoco entiendo la aversión que le tiene mucha gente a los colores.

pepo dijo...

porque el blanco y negro siempre, en toda circunstancia, es glorioso. Especialmente en tebeos que se concibieron y publicaron originalmente a color, pero que diversas editoriales (en especial viejas editoriales españolas) mutilaron publicándolos en BN sólo para abaratar costes.

Thalcave dijo...

"DK1 se contaba una buena historia de Batman en el futuro, pero en DK2 me da la impresión de que Miller quiere hablar de más cosas através de la historia que cuenta."

No puedo estar de acuerdo con ese pensamiento. En el DK1 no solo se cuenta el doble de cosas que en el DK2 sino que toca muchos más temas.

Yo creo Pepo, que en el caso Miller tiendes a valorar más su evolución gráfica que a la obra en sí. En Ronin FM estaba empezando a experimentar y evidentemente encontró hallazgos que sí le servirían para un futuro (en composición de página, en la simplificación de la maquinaria o en el uso selectivo de los fondos) mientras que de otras cosas no quedó evidentemente satisfecho (el entintado a base de muchas rayitas o las líneas cinéticas, por ejemplo). Pero como historia global, a mí Ronin me parece mucho más redonda. Más densa, más emocionante, con más lecturas y sugiriendo muchos más temas. A pesar de ser un FM un poco verde en lo gráfico, me parece una obra maestra.
En Dk2 Miller está evidentemente totalmente hecho en lo gráfico (en el DK1 todavía no lo estaba y prueba de ello es la evidente evolución que hay en el dibujo a partir del tercer tomo, pero la historia no tiene el nervio y la brillantez de la absoluta inspiración de las tres obras que he mencionado. En DK2 Miller es mucho más cerebral, técnicamente mejor, pero no tan brillante.

A lo mejor me equivoco claro, porque el tema va de eso, de quién es capaz de catalogar una obra maestra en el presente, y de quién no.

En diez añillos, o menos sabré si acerté o no; Pero hoy mi apuesta sobre las obras maestras del Miller es:
1.- DK1
2.- Batman Año 1
3.- Ronin.
4.- Born Again.
5.- Elektra Assasin.
6.- Dk2
7.- Elektra Lives Again.

pepo dijo...

" En el DK1 no solo se cuenta el doble de cosas que en el DK2 sino que toca muchos más temas."

Toca los mismos temas, sólo que ya no le hace falta tanta trama, tantos páginas, tantos personajes tantas subtramas y tantas viñetas. Y no, desde luego que no valoro sólo lo gráfico. Lo valoro en su conjunto. Igual que BARDÍN es la mejor obra de Max, y desde luego todo lo que él ha perseguido desde siempre está ahí pero ahora de la forma más depurada y personal posible, DK2 bien podría ser el equivalente para Miller: es todo lo que lleva persiguiendo en su carrera, pero ahora en la forma más depurada y personal posible. DK2 es muy equivalente a DK1, pero, como digo, con una forma más pura y original si cabe.

Anónimo dijo...

A mí me encantó el DK2 más sofisticado,más atrevido,más corto (en el sentido de compacto menos páginas más contenido sin necesidad de crear un truño a base de diálogos) gráficamente lo mejor de Miller (le doy al menos un 38% del valor global a L.Varley,así que Miller/Varley)..... Pero no la incluiría entre las 10 mejores obras ni las más innovadoras de lo que llevamos en el S21.

pepo dijo...

claro, claro, Miller-Varley.

De todo modos, ¿qué os parece el tema genérico del post, lo de que a veces la crítica ni lo huele con determinadas obras innovadoras que son incapaces de entender hasta que "alguien se las explica"?

Thalcave dijo...

Que A VECES es totalmente cierto.

Pero todavía más peliagudo es el caso de autores aclamados por los consumidores (menos formados) y que solo después de muuucho tiempo la crítica acepta como brillantes.

Otro ejemplo de esto puede ser Tiburón de Spielberg. Para mí, una absoluta obra maestra que seguro que fue considerada en su día como una peli de miedo para quinceañeros.

Un caso de cine actual (esto va a ser controvertido, seguro) es El Club de la Lucha. La mejor peli que he visto en los últimos 10 años. Un ejemplo claro de sinergia. El director es bueno, el guion es muy brillante, los actores son muy buenos y el resultado es todavía mejor que la suma de las partes. Como el Genesis de Peter Gabriel.

En mi opinión el problema de fondo no es el paradigma sino el efecto distorsionador del componente modal de todas las obras de arte.
Cuando pasa el tiempo es cuando el efecto de distorsión de la moda desaparece mostrandonos si había en ella algo más que lo meramente coyuntural.

pepo dijo...

·Pero todavía más peliagudo es el caso de autores aclamados por los consumidores (menos formados) y que solo después de muuucho tiempo la crítica acepta como brillantes."

Gran tema éste también. Y Spielberg, otro maestro. Es un caso en cierto modo -en cierto modo- parecido al de Hitchcock. Ambos gozaron del favor del público, pero tardaron en ser reconocidos por la crítica como artistas. Es que el factor snobismo pesa muchas veces en el crítico, ¿eh? Bueno, también en determinado público snob.
El síndrome "Esto es comercial, luego mu güeno no debe ser", ya me entiendes.

Stereotopffer dijo...

Totalmente de acuerdo en el tema genérico...

De DK2 yo pasé como de la mierda porque no soy muy fan de Miller (aunque he leído la mayoría de lo suyo), pero es que ademas gráficamente y así por encima, al hojearlo/ojearlo, me pareció un horror. Curiosamente mucha gente, amigos, en cuyo criterio confío me han dicho que es muy buena, y siempre estoy por darle una oportunidad.

Por cierto el libro "Art Out of Time" de Dan Nadel trae unos cuantos ejemplos de artistas incomprendidos, pero por destacar alguno reciente destacaría a Rory Hayes.

pepo dijo...

" pero es que ademas gráficamente y así por encima, al hojearlo/ojearlo, me pareció un horror. "

es un cómic, hay que leerlo, no vale de nada ojear los cromitos por encima....

Stereotopffer dijo...

Sé que hay que leerlo, valer si vale de algo, vale para que me parezca un horror, por eso estoy deseando leerlo... De todos modos a mi me va el kitsch... incluso lo camp.

pepo dijo...

lo decía aprovechando tu comentario, Miguel, no a ti en particular. Por pontificar un poco ;-P