domingo, febrero 24, 2008

ALGUIEN VOLÓ SOBRE EL NIDO DEL CUCO - CÓMICS ENTRE LO VIEJO Y LO NUEVO



Así se titula un ensayo de Mathias Wivel sobre la relación entre el cómic y las bellas artes, un texto para el catálogo de una reciente exposición ya clausurada que reunió trabajos de David B., Phoebe Gloeckner, Anders Nilsen o Anke Feuchtenberger. Entre otras cosas, Wivel escribe sobre el particular lenguaje gráfico desarrollado por el cómic desde sus inicios, tendente por sus necesidades narrativas a la figuración no naturalista, caricaturesca y simbólica, en lugar de seguir la tradición del naturalismo propia de la pintura desde el Renacimiento (aunque, no obstante, haya ejemplos de esto último entre autores de cómic; entre otros Wivel cita a Foster, Raymond, Caniff o Giraud). Extracto:

What these two artists [David B. y Kevin Huizenga] have in common, however, is that their imagery is always simplified and clearly legible — as is Crumb’s, incidentally. They work within the classical tradition of cartooning, making use of the pictorial and narrative conventions developed in comics over the past hundred and fifty years — since the Swiss cartoonist and author Rodolphe Töpffer (1799-1846) in the years between 1833 and 1845 published seven extraordinary comics albums and if not invented, then more or less established the formal language of modern comics. This was all a development of a much older tradition of caricature and a direct offshoot of the popular prints of the time. Amongst the central characteristics of this approach to drawing is a clear, actively assertive use of contour and an iconically simplified representation of reality. This tradition has always constituted the main track in the development of comics and newspaper cartoons, forming an anti-mimetic counterpoint to the developments in fine art through the modern era, from the Renaissance on. A popular, low-culture pictorial tradition that seeks to condense and typify, rather than to describe and specify.

This pictorial style was developed to serve the purpose of storytelling. Because it eschews naturalism, it is well suited to depict the passage of time, not just from panel to panel, but within the individual panel. Thus action and reaction, or the questions and answers of a conversation, can be shown within the same panel without causing confusion. This form of ”elastic” time is much rarer in, for example, painting than in comics, where it usually occurs in almost every panel. Furthermore, the formal language of cartooning easily incorporates idiomatic symbols such as speed lines, flying beads of sweat, or smelly serpentines that would invariably seem out of place in a more naturalistically founded image.


Wivel también toca la cuestión de la interacción entre texto e imágenes propia del cómic:

Another decisive factor in the historical development and identity of comics is the sophisticated interaction in them of image and text. Just as all writing springs from an idiomatic abstraction of images, the cartoon is an abstraction of reality, and in comics these two go hand in hand. One thus often sees the overall artistic idiom of comics, the combination of images and words, described as the cartoonist’s ”handwriting.” (...) Inherent in the modern paragone were the seeds of a hierarchical ordering of the arts. With the classicizing, elitist art of the Renaissance tradition and the establishment of the academies came much clearer ideas of ”high” and ”low” culture than had been known earlier, and, as already noted, the combination of image and text came to be maligned in high culture. Fine arts moved in one direction, and the other art forms — including what would develop into comics — went in the other.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Ya, bueno, pero en los inicios del cómic, la pintura ya no seguía, o empezaba a desligarse de esa tendencia naturalista. El cómic y la pintura rompieron, casi al mismo tiempo, con esa tendencia figurativa

alfred holanda dijo...

Mmmm... muy interesante... Aunque discrepo en una pequeña parte.
Si el cómic, como medio, desarrolló cuando lo hizo, esa iconicidad, esa simplificación formal necesaria para los fines más básicos de lo que pretende -explicar algo- no fue sólo por esa necesidad, ni lo hizo rompiendo absolutamente con los paradigmas establecidos de las autodenominadas Bellas Artes.
Si nos fijamos en el momento en el que se desarrollan los cómics, observaremos que, también en la tradición gráfica que sigue la linea desde el Renacimiento, también hay una serie de parámetros que se rompen. Y no es por casualidad que sean acordes -en parte- al cómic... Fijémonos en dibujantes de la talla de Schiele, Ensor, Goya mismo, Grosz, y un largo ect...
Tampoco hay que olvidar que el cómic surge de la tradición gráfica, que no pictórica... Así, si observamos la historia del dibujo, podremos ver en su evolución (quizá sería más correcto hablar de desarrollo), que cuando el cómic acontece, no lo hace como algo absolutamente rupturista, sino todo lo contrario: es acorde a la línea evolutiva de la tradición gráfica. Incluso es un medio bastante conservador e inmovilista, como sabemos (los autores que experimentan son minoría, pero esto no es una crítica, ojo).
El tema tiene mucha miga, pero creo que Wivel peca de ingenuidad y desconocimiento de fuentes (sources les llaman los alglófonos).
Aunque, por otro lado, yo tampoco he leído todo su artículo...
En fin, hasta la vista, centrocampistas...

Anónimo dijo...

Donde dije figurativa quería decir naturalista... Sorry

pepo dijo...

Yo tampoco tengo claro todo lo que dice Wivel, pero me ha parecido un texto interesante para pensar sobre determinadas cuestiones.

Sobre lo que dices, Alfred, me refiero al tema "gráfico" y no pictórico, es lógico puesto que el cómic moderno nace con la mejora de las técnicas de impresión. Se dibujaba pensando en su reproducción posterior, el cómic del XIX surge de forma pareja a la caricatura satírica (donde aparecen ya recursos de la historieta) y la estampa, y ese soporte impreso (y por tanto la posibilidad de reproducir las viñetas) marca profundamente el desarrollo de los estilos gráficos del cómic desde el comienzo.