
Ayer me impresionó releer el texto de Clowes, EL HISTORIETISTA MODERNO (léelo mejor antes de seguir leyendo mi opinión, si aún no lo has hecho) por varias cosas. No me acordaba prácticamente de nada, son diez años ya desde que el texto se publicó, pero en primer lugar me asombró el realismo de Clowes al analizar la historia del cómic. Clowes acepta sin ninguna complacencia los comienzos más bien modestos del cómic, y no cree que el pasado sea insuperable ni que las grandes obras estén hechas todavía; más bien justo lo contrario. Algunos de los que a veces habéis escrito aquí, yo también, pensamos lo mismo. El resultado es que, a tenor de esta opinión comparada sobre la historia del cómic, es AHORA cuando el paisaje inexplorado se abre ante nuestros ojos, pero tenemos además tooodo el equipaje de la tradición del cómic para poder explorar ese nuevo y vasto territorio.
Segundo, hace diez años Clowes ya era consciente de que la generación actual de autores son los mejores, los más completos, de toda la historia, al menos hasta el momento. Son autores que tienen conciencia "de sí mismos", del cómic como arte (son "autores" y "artistas", no empleados desechables al servicio de una compañía), del valor de todo lo que se ha hecho antes de ellos, y también de lo que ellos pueden hacer, de que todas esas herramientas del cómic tradicional se pueden usar al servicio de contenidos que NUNCA ANTES habían existido en el cómic. Y, además, pueden hacerlo con una libertad creativa que YA NO EXISTE en otros medios más comercializados e industrializados, como el cine o la televisión. Y frente a la literatura, en claro retroceso ya en lo que algunos han llamado "era posliteraria", lo visual se impone entre las nuevas generaciones a las que tanto trabajo, cada vez más, les cuesta coger un libro (los que tengan hijos o den clases saben de qué hablo). Por eso el cómic, aunque emplee la palabra escrita, ofrece la ventaja de ser un medio visual y emplear imágenes: no es por tanto un medio anticuado sino válido para el mundo de comunicación visual en el que estamos inmersos.

Tercero, en la parte final de su texto, Clowes anticipa también la "explosión" de todo este nuevo movimiento del cómic ante el público general: las obras relevantes que se han producido en los últimos 20 años en el cómic empiezan a ser tantas y de tanta calidad que es imposible que el "mundo real" continúa ignorándolas. No ya por el interés de historiadores del arte y de la crítica cultural, que también (y yo siempre he creído que eso es positivo y necesario), sino sencillamente porque al público general inteligente siempre les va a interesar descubrir obras buenas e inteligentes. Y ese público empieza a descubrir tebeos "que no sabían que existían", tebeos donde les cuentan "cosas que no creían que los tebeos contaran", y más importante aún, esas cosas se les cuentan de un modo que les resulta fascinante. Porque la forma del cómic es distinta a la de otros medios y es una forma que ese público asocia con "los tebeos de toda la vida", que viene a querer decir los tebeos que leyeron en su infancia. ICE HAVEN (Mondadori), por poner un ejemplo con una obra de Clowes, es y no es un tebeo tradicional: usa herramientas del tebeo tradicional totalmente reconocibles (como hacen Chris Ware, Jaime Hernandez o Max, entre tantos otros), los estilos gráficos, las tiras de "distinto título", los personajes de "distintas series", la estética, los colores, que pasan a veces por los baratos bitonos que durante tanto tiempo se emplearon (incluyendo nuestra Editorial Bruguera). Sin embargo, NADA de lo que se nos cuenta en ICE HAVEN lo habías leído antes en un tebeo tradicional clásico. Por eso ICE HAVEN parece más nuevo aún de lo que en realidad es, pero por eso mismo resulta NUEVO de verdad: es una innovación sólida, con raíces, parte de una tradición perfectamente asumida sin traicionarla -y sin imitar las formas de medios ajenos al cómic: no quiere hacer seudocine, no quiere hacer seudoliteratura- y lleva esa tradición más allá: por su contenido y también porque esas formas tradicionales de repente le vienen como anillo al dedo al autor para expresar (con las herramientas tradicionales y propias del cómic, insisto) nuestro mundo contemporáneo: fragmentario, deslavazado, perplejo, carente de sentido y "autoconsciente" de ese sinsentido, etcétera.

Y lo mejor de todo este fenómeno, no me quedo con las ganas de volver a repetirlo, es estar asistiendo LIVE-EN DIRECTO a un proceso que Clowes, aunque con dudas, ya pudo entrever hace diez años: el cómic está "explotando" ante el mundo real, los aficionados ya no somos unos "frikis locos" que habíamos confiado en balde durante todos estos años en el medio, al mundo real el cómic empieza a importarle como medio artístico, y les importa no por simple casualidad sino porque, a), conocen y reconocen el medio cómic porque tuvieron acceso a él durante su infancia, y b), algo mucho más crucial, se están publicando todos los años un montón de obras de alta calidad que aportan su granito al movimiento de avance artístico del medio: Chris Ware, Daniel Clowes, Jaime Hernandez, Chester Brown, Charles Burns, Joann Sfar, Blutch, Christophe Blain, Max, David B. y bastantes nombres más de parecido nivel están vivos y activos, son jóvenes aún y están en las mejores facultades para seguir haciendo los mejores cómics de la historia. Y lo que es mejor, como digo, es que el mundo de ahí fuera empieza a hacerles caso precisamente porque se lo merecen, artísticamente hablando. Todo esto está ocurriendo AHORA y delante de nuestros ojos. Si nos seguimos quejando, es porque somos (patética pero conmovedoramente) humanos y nos gusta quejarnos por todo, pero éste es, a mi juicio, el mejor momento HASTA AHORA de la historia del cómic. Hasta ahora, por supuesto, porque aún quedan mejores cosas por venir; esto no ha hecho más que empezar, como suele decirse. Y no siempre te toca poder asistir a ello en directo, como les pasó a la generación que en los cincuenta vieron surgir el rock, o que en los sesenta vieron saltar a la fama a Andy Warhol, los Beatles y la nouvelle vague. Algo parecido está sucediendo ahora en el cómic, y tenemos el irrepetible e intransferible privilegio de poder ser parte de ello.