viernes, enero 02, 2009

LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE...


(...) En el fondo de ciertas viñetas que mostraban a Daredevil corriendo sobre los tejados de una dura y sórdida New York, se veían parcialmente carteles publicitarios mostrando las palabras “The Spirit“…una referencia a la costumbre de Will Eisner de incorporar el logo de sus tiras de Spirit a algún elemento del diseño de sus splash-pages. El logo aparecía en un poster roto pegado burdamente a una pared de ladrillos…o incluso en un cartel publicitario.

Se hizo obvio, por medio de esos chistes adyacentes y también por el propio método que Miller usaba para contar una historia en imágenes que aquí había alguien que había aprendido a los pies de impecables maestros. Había un toque de Eisner, un toque de Krigstein, una pizca de Steranko…pero más y más, conforme progresaba la serie, había una generosa ración de puro Frank Miller.


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Alan Moore escribía en 1983 sobre el DAREDEVIL de Frank Miller. El artículo se titulaba LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE FRANK y lo ha traducido e ilustrado Bruce en su blog 999 (primera parte del texto, de momento) --vía Entrecomics--.

No soy de los que piensan que aquel DAREDEVIL de comienzos de los 80 sea la mejor obra de Miller. No deja de ser el trabajo primerizo de un joven autor que estaba aprendiendo el oficio, por mucho que lo aprendiera a una velocidad inusual, eligiera a los mejores maestros y diera muestras en el proceso de un talento poco frecuente. Un talento que en su momento llamó poderosamente la atención de todos, también la de Alan Moore, como se ve. Creo sin embargo que las mejores obras de Miller son todas posteriores, más maduras en fondo y forma, y entre ellas no sólo hay piezas de los años 80 sino también algunos trabajos recientes. Aprovecho de todos modos una de las páginas de DAREDEVIL que Moore citaba en su artículo para comentarla.

Cuando Miller aterriza en Marvel a finales de los 70 era un joven dibujante que quería dibujar historias de género negro (no conseguiría hacerlo hasta 1991, con SIN CITY), pero tuvo que adaptarse al predominante mercado de superhéroes porque era el único que le ofreció trabajo. A ese género aplicó entonces todo su entusiasmo juvenil. La página a la que me refería apareció en DAREDEVIL nº 164 (fecha de portada mayo de 1980; guión de Roger McKenzie, dibujos de Miller, tintas de Klaus Janson, colores de Glynis Wein), un episodio que a mi juicio constituye el primer gran logro de Miller en la serie. Aunque el guión seguía firmado aún por Roger McKenzie, el ritmo de toda la historia, marcado por el diseño de página y la composición de las viñetas, es claramente milleriano. Los conflictos entre guionista y dibujante terminarían poco después de una gran discusión entre ambos; Miller habló con el editor, Denny O'Neil, y le pidió el trabajo de guionista. El editor eligió, Mckenzie salió de la serie y Miller se hizo cargo del guión y del dibujo, algo insólito por entonces en un título Marvel.


Volviendo a ese episodio en concreto, la historia arranca con una estancia en el hospital de Daredevil para recuperarse de las heridas que había sufrido tras un encuentro con Hulk dos números antes. La visita del periodista Ben Urich al hospital pone en marcha el desarrollo argumental del episodio. Urich sospecha que Daredevil es el abogado ciego Matt Murdock y quiere confirmar sus investigaciones previas –las cuales se han ido desarrollado a lo largo de escenas puntuales de episodios anteriores de la serie- por el expeditivo método de preguntárselo directamente. Cuando Urich se presenta en la habitación del hospital sin avisar, diciendo que tiene que hablar con él a solas, el superhéroe ciego acepta. Le vemos bajar de la cama apoyado en una muleta, vestido únicamente con bata de paciente y pantuflas, pero también con su máscara de Daredevil, que asoma debajo de las vendas que cubren su cabeza, una extravagante licencia del género que el lector de superhéroes es capaz de aceptar.


La página es un logro de ritmo narrativo y dramatización gracias principalmente a su diseño. Las cuatro primeras viñetas, alargadas, tienen una anchura casi idéntica, lo cual puede sugerir un breve paso de tiempo entre ellas, como en este caso. En las tres primeras se muestra cómo Urich irrumpe en la habitación de Daredevil mientras su cuidadora, la superheroína Viuda Negra –la amante del héroe por entonces-, intenta echarle. Daredevil acepta hablar con él en la tercera viñeta, cuya composición de dibujo es casi idéntica a la de la cuarta viñeta: en ambas viñetas Miller juega con la "profundidad de campo" al situar a Urich al fondo y al protagonista de la historia, Daredevil, mucho más cercano al lector. Probablemente porque la composición era similar en esas dos viñetas, y también porque la anchura de la cuarta viñeta es similar a las tres anteriores, el guionista Roger Mckenzie decidió introducir un cartucho de texto con un breve texto de narrador para indicar tanto el mayor lapso de tiempo transcurrido como la acción no mostrada en la elipsis entre la tercera y cuarta viñeta: “Y, después de que la Viuda Negra y la enfermera Willow se han marchado…”.


La quinta viñeta ocupa todo el ancho de página, un recurso que suele usarse para enfatizar dramáticamente una acción dentro de la escena, expresar un mayor transcurso del tiempo, permitir una conversación más larga entre los personajes (los diálogos suponen siempre un paso del tiempo, el que se supone que tarda en “decirlo” el personaje, o más exactamente el tiempo que el lector tarda en leerlo) o, como en este caso, todo a la vez. Algo importante va a suceder, algo que además va a marcar un giro en la historia. En esa sola viñeta, que además de ocupar todo el ancho de página está situada aproximadamente en el centro de la misma, el periodista Ben Urich expone sus sospechas acerca de la identidad secreta de Daredevil: “Es la historia de un pequeño y solitario chico que se quedó ciego por un extraño accidente. Y es la historia de cómo él superó su hándicap y se conviertió en un abogado de éxito y un hombre sin miedo.” “¡Es tu historia, Matthew Murdock, y puedo probarla!”. En esta viñeta vemos un plano medio de Urich, mientras que de Daredevil, situado mucho más cerca del lector, vemos únicamente sus grandes ojos entrecerrados y su ceño fruncido mientras, en su diálogo, comienza a negar las afirmaciones de Urich. El periodista le reta entonces, si de verdad no es ciego, a describir una fotografía que comienza a sacar de su bolsa. Todo esto se muestra en una sola viñeta, algo que permite precisamente la anchura elegida.

La última tira de la página (imagen de abajo) es el momento culminante de la escena. Las viñetas vuelven a ser alargadas, pero ahora son bastante más estrechas que las de la primera tira de la página, al menos las cinco primeras viñetas, y hay una intención de descomponer y alargar el "momento". En estas cinco viñetas Miller ha usado un plano americano (el personaje se muestra más o menos hasta sus rodillas), un plano además que repite desde el mismo punto de vista, para mostrar a Daredevil moviéndose delante de la fotografía que le enseña Urich mientras intenta mantener la compostura y negar la afirmaciones del periodista. Pero en la última viñeta Miller introduce un par de cambios. Uno en el diseño: esta viñeta tiene mayor anchura que las cinco precedentes, una anchura que por cierto vuelve a ser similar a la de las viñetas del comienzo de la página. El otro cambio está en el plano elegido, ahora un primer plano lateral. Ambos cambios marcan una pausa en el ritmo de lectura. Expresan un mayor énfasis dramático en lo que sucede (es un momento catártico para Daredevil: “¡…Es verdad…!”, dice admitiendo al fin las suposiciones de Urich) y un acercamiento introspectivo a las emociones del personaje. También nos preparan para lo que ocurrirá en la siguiente página, un flashback donde Daredevil rememora sus recuerdos sobre su padre boxeador (la fotografía que Urich le está mostrando es precisamente la del padre de Daredevil/Murdock) y sobre cómo llegó a convertirse en superhéroe.


El dibujante y teórico sobre cómics Robert C. Harvey analizaba en THE ART OF THE COMIC BOOK. AN AESTHETIC HISTORY (1996, University Press of Mississippi) esta última tira en los siguientes términos, traduzco:

“Como en los cómics más efectivos, las palabras y las imágenes se combinan para crear significado en este pasaje. (…) Las seis viñetas que atraviesan la parte de debajo de la página combina palabras y dibujos para conseguir alcanzar su trascendencia narrativa. Sin las palabras, no sabemos qué objeto sostiene Urich, ni tampoco que Daredevil admite que el alegato de Urich es verdad. Sin los dibujos, no sabemos qué es lo que provoca que Daredevil admita que es Murdock. Las imágenes y las palabras son de este modo mutuamente dependientes para su máximo significado.

Pero el drama de la escena viene aumentado por el desglose y la composición en la narrativa de Miller. Al extender el encuentro de Daredevil con la fotografía y su confesión durante seis viñetas, Miller estira el tiempo al modo del mejor [Harvey] Kurtzman, prolongando de este modo el encuentro. Y la composición de las cinco primeras viñetas capitaliza el tiempo disponible para contribuir narrativamente a la historia. Aunque Daredevil se mueve durante las cinco viñetas (nerviosamente, suponemos), la mano de Urich y la fotografía que sostiene permanecen iguales de viñeta en viñeta. La falta de movimiento la hace inamovible, terca, persistente, y, finalmente, innegable. La implacable presencia de la foto que constituye el ‘test’ de Urich sugiere su eficacia incontrovertible. La “prueba” de Urich no se mueve, su acusación no vacila, y la verdad de su afirmación parece por tanto ineludible. Daredevil busca evadirse de lo obvio, pero no llegará muy lejos. La implacable presencia de la fotografía hace mella en Daredevil, le fastidia, y, finalmente, le fuerza a confesar.

Nada en esta secuencia explica por qué, precisamente, Daredevil admite su identidad secreta. El guionista Roger McKenzie ciertamente podría haber puesto un párrafo explicatorio o dos, ahondando en la mente de Daredevil sobre sus motivaciones. Pero no lo hizo. Por entonces, Miller estaba al control de las historias, y claramente no sintió necesidad de palabrería para esta coyuntura. Y creo que la historia es mejor en consecuencia. Es más realista, por una razón. Sabemos de la motivación de Daredevil lo mismo que la de cualquier individuo en la vida real: le vemos y oímos hacer algo, y la única pista que tenemos de sus motivos es lo que vemos y oímos. Las imágenes y la construcción de Miller en la secuencia nos dan la mejor pista.”


ACTUALIZACIÓN

Segunda parte del texto de Alan Moore, traducida en 999. Extracto:

Primeramente, como escritor, admiro el acercamiento de Miller a la caracterización de personajes casi más que ninguna otra cosa. Antes de Miller, el típico acercamiento de Marvel era muy simple y bastante inefectivo.
Personajes con cara de piedra tomaban parte en peleas y escenas de amor con el mismo aire de indiferencia, mientras enormes bocadillos de pensamiento flotaban sobre sus cabezas, informándonos de las turbulentas emociones que estaban, de hecho, experimentando.
Este es un método torpe por un par de razones. Primero, parece tonto. La gama de expresiones faciales disponibles para una estresante cantidad de dibujantes es muy a menudo limitada a ‘boca abierta’ o ‘boca cerrada’. Decirnos simplemente que esos personajes están atravesando grandes crisis de identidad no es lo más adecuado. (...) Segundo, es antinatural. En la vida real, cuando ves a alguien por primera vez, estás obligado a llegar a una opinión sobre su personalidad dependiendo de las cosas que diga o haga. No tienes útiles bocadillos de pensamiento colgando sobre sus cabezas, informándote de que en cinco minutos te van a invitar a comer o a robarte la cartera.
No tienes recuadros explicativos para contarte que se están comportando como completos idiotas a causa de la angustia emocional causada porque el Duende Verde ha pasado a su novia por la batidora.

En la obra de Miller, los bocadillos de pensamiento y recuadros explicativos han venido formando cada vez menos parte de su técnica de caracterización. Sabemos lo que pasa por la mente de sus personajes por lo que podemos deducir de una ceja levantada, una mueca del labio o un estrechamiento de los ojos. Igual que en la vida real.

17 comentarios:

Bruce dijo...

Pedazo de post, Pepo. Complementa de puta madre al artículo de Moore. Yo podría estar leyendo sobre Miller todo el día sin cansarme...

Anónimo dijo...

Lo siento pero no puedo abstraerme de esas vendas sobre la careta. El efecto cómico que me produce me desmonta todo el chiringuito narrativo-visual

RAULE dijo...

Lo lamento por usted, amigo anónimo. Cuántos buenos cómics, novelas y películas se pierde. confío en que haya encontrado buenos sustitutos.

Anónimo dijo...

Pero no se porque me tengo que perder todas esas cosas.
Solo hacía un comentario sobre las vendas, que me dan la risa. Lo siento, no lo puedo evitar.

"...vestido únicamente con bata de paciente y pantuflas, pero también con su máscara de Daredevil, que asoma debajo de las vendas que cubren su cabeza, una extravagante licencia del género que el lector de superhéroes es capaz de aceptar."

Yo no puedo. Me da la risa floja cuando veo las vendas. Me imagino a un doctor vendando a alguien POR ENCIMA de una máscara y me parto. Lo siento mucho. No intento faltar al respeto a nadie.
Por lo demás, no tengo nada que objetar a la maestría narrativa de Frank Miller y esta página es una muestra elocuente. Pero las vendas sobraban, por Dios.

Anónimo dijo...

A ver si lo explico mejor.
Miller muestra claramente que DD esta en un hospital y herido (la habitación, la enfermera, la bata, las zapatillas, la muleta) ¿Hacía falta el obvio subrayado del vendaje en la cabeza? Pienso que no. Me parece un recurso demasiado cartoon, como dos tiritas dispuestas en forma de cruz o un chichón protuberante.
Y como ya digo, el análisis de Pepo me parece acertadísimo y la página de Miller soberbia (aún con el vendaje)

RAULE dijo...

Mis disculpas, amigo anónimo, leí mal su primer comentario. Interpreté que no le gustaba el género superheroico porque no podía creerse a un tipo con careta.
Por otro lado, el Daredevil de Miller está plagado de esos recursos cartoon (coches que se levantan dos metros de la calzada al tomar una curva, por ejemplo); lo cual no es extraño si su máximo modelo en aquella época era Spirit.
Saludos.

pepo dijo...

En 1980 los superhéroes no eran tan "realistas" como lo son ahora y lo de las vendas no cantaba, te lo tragabas perfectamente. Vamos, yo lo hice cuando leí este tebeo de chaval. Es más, creo que si ahora no hubiese llamado yo mismo la atención sobre las vendas en el texto, a lo mejor nadie se hubiese fijado.
Saludos a todos y gracias por los comentarios. Raule y Bruce, si os pasáis por aquí en breve tendréis más material que, me imagino, os "interesará".

homie dijo...

otra cosa que también canta mucho en la imagen gráfica de Daredevil es lo bien que se le ajusta la máscara a las orejas

Anónimo dijo...

"otra cosa que también canta mucho en la imagen gráfica de Daredevil es lo bien que se le ajusta la máscara a las orejas"

Si seguimos por ahí, no acabaríamos nunca, por ejemplo:

¿cómo hace Spiderman para ocultar el cinturon con cargadores, linterna y cámara de fotos debajo de una malla?
etc...

Juanan

homie dijo...

¿o el capitán américa para llevar el escudo debajo de la camisa sin que se le note?

¿y se le habrá metido alguna vez a Clark Kent la capa de SUperman por las perneras del pantalón?

;-)

Anónimo dijo...

"Es más, creo que si ahora no hubiese llamado yo mismo la atención sobre las vendas en el texto, a lo mejor nadie se hubiese fijado."

Posiblemente. Tal vez yo no le hubiera prestado atención al detalle de las vendas. Pero al percatarme de lo grotesco del asunto en contraste con la seriedad de lo que esta intentando contar Miller, me ha parecido un detalle muy cómico, muy de cartoon.

El género superheroico tiene unas reglas y convenciones que debemos asumir y supongo que si nos ponemos muy tiquismiquis con el realismo (o detalles tontos como este) nos cargamos la magia.
Mea culpa por reirme de un detalle sin importancia en un cómic tan bueno. Un saludo

Bruce dijo...

A mí que tengo este comic desde pequeño nunca me había llamado la atención el detalle de las vendas. Me impactó más ver a DD con camisón.

Mo Sweat dijo...

Si comenzáramos con este tipo de cosas no terminariamos nunca, podriamos ir del escudo del Capitán América al como pasaba desapercibida la Cosa solo con una gabardina y un sombrero, hasta los pantalones siempre irrompibles de Hulk, pasando por la identidad secreta de Superman, solo con ponerse unas gafas y recogerse el rizito.
Los cómics son los cómics y la vida real es la vida real, es imposible de ver de otra manera, por más que últimamente haya una tendencia a hacer más realistas los cómics.

Javi dijo...

Yo pienso que ese Daredevil primerizo de Miller es muy bueno, un tebeo muy adictivo. Pero ha envejecido de mala manera en el acabado formal, que tira para atrás a quien no lo conozca de la infancia. A mi me gusta ya Miller en el episodio del secuestro de la Viuda Negra y el parque de atracciones, un tebeazo, que, tal cual está, en una versión 2.0 con el entintado nervioso de Elektra lives again y un color remasterizado, funcionaría muy bien.

Sobre si alguien piensa que este es el mejor Miller... yo creo que sucede que una primera obra ambiciosa juega a más cartas que las posteriores más logradas, que en el proceso de depuración y afinación se ciegan vías con una potencialidad no inferior a aquellas por las que se opta, y de ahí que a veces haya quien prefiera el autor que se vislumbra en la obra primeriza al que se ve después en el dominio de sus recursos. En el caso de Miller es evidente que sus obras inmediatamente posteriores dejan a este DD muy por debajo, pero es igualmente cierto que hay puertas abiertas en esta serie que luego nunca se han traspasado.

Una curiosidad relacionada: a mi siempre me pareció que Love & War era un inequívoco arco argumental de un par de episodios de esta primera etapa, que un Miller al que hubiese entrado un cierto pudor ante su carácter melodrámatico hubiese decidido desarrollar bajo otra forma... sin lograrlo.

También digo que me temo que en los últimos años Miller ha puesto, como decía Oscar Wilde de si mismo y salvando las distancias, su genio en su personaje y sólo su talento en su obra.

Un saludo!

alfred holanda dijo...

A mí dejó de interesarme el género superheroico hace ya bastantes años y, realmente, Miller no me dice mucho por muy innovador que haya sido narrativa o gráficamente... Asumo que "me pierdo algo" (aunque hay más "cosas") pero es así.

El debate acerca del "realismo" en los cómics es el de siempre: o aceptamos ciertas convenciones o el intercambio (entendimiento) es imposible. Sea o no "verosímil".
A mí también me da risa lo de la venda pero ¿no es risible uno de los fundamentos de todo superheroe (a saber: tipos disfrazados imponiendo su idea del bien y del mal a base de hostias).
Quien disfrute de esa lectura tiene que tener asimilado, consciente o inconscientemente, todo ese "código", todo ese artificio. De otra manera, los "peros" serán interminables.
Como en cualquier tipo de lenguaje.

Martin Larreategui dijo...

Coincido plenamente en el analisis, que me parece brillante. Tambien coincido en que Miller ha evolucionado hacia una mayor sofisticacion formal, pero no coincido en la valoracion que se hace de esto. Si bien es cierto que forma y contenido convergen en el resultado final de la obra, no hacen el mismo recorrido, y el que un autor elija privilegiar un aspecto sobre el otro marca diferencias cabales. Para mi, Miller en un momento dejo de centrarse en el contenido para abrazar la busqueda formal, y esto a mi juicio jugo en detrimento de las historias y en favor del artificio visual y narrativo. Aqui ya es cuestion de gustos, pero creo que el resultado de privilegiar forma sobre contenido lo estamos viendo en buena parte del cine actual de Hollywood, y aunque no he visto la peli de Spirit por lo que he oido ahonda en ese camino. Personalmente prefiero el Miller de antes, con una narracion y grafismos mas sobrios y convencionales, pero con una historia mas trabajada desde lo literario.

Celestino dijo...

estaría bueno dedicar un post sólo a Ruleta...para mí esla obra maestra de Frank Miller...30 años después aún trastorna a todo aquel que la descubre.

en serio sensacionales los dos post...