By macanudo.

Hace unas semanas comentaba con unos amigos LOS DOMINGOS de Mauro Entrialgo (Edicions de Ponent), y yo intentaba explicar qué sensaciones me había producido el libro y por qué me las había producído. Sorprendentemente, me resultó más difícil expresarlo de lo que imaginaba. Básicamente, mis intentos de entender el efecto que me había provocado su lectura se pueden resumir en lo siguiente:
No deja de resultar significativo que Art Spiegelman, que estuvo detrás de la adaptación de CIUDAD DE CRISTAL como coeditor, pensara lo que pensó cuando Bob Callahan le propuso coeditar juntos una "serie de adaptaciones en cómics de literatura urbana de género negro". Spiegelman, un viejo zorro que siempre ha demostrado poseer olfato y visión, pensó en un primer momento que "quién demonios podría estar interesado en adaptar un libro en... ¡otro libro!" O al menos así lo cuenta él mismo en su prólogo al tebeo CIUDAD DE CRISTAL. Estamos hablando de hace casi quince años, porque esto sucedía a primeros de los noventa, pero ya por entonces Spiegelman lo tenía clarísimo. Pues claro, si también son libros.
Spiegelman, por su parte, ya había tenido antes, a finales de los ochenta, una idea distinta aunque no tanto en el fondo, de cara a salir del gueto y atraer al público literario: la de convencer a varios novelistas a los que conocía personalmente para que escribieran guiones de cómic que dibujarían "destacados artistas gráficos". John Updike, William Kennedy y Paul Auster fueron los contactados. Curiosamente, lo explica Spiegelman en el citado prólogo, Updike quiso ser dibujante de cómics en los comienzos de su carrera, y "le había costado cincuenta años llegar por fin a reconciliarse con la sola idea de poner palabras en sus dibujos". Lo cuenta Spiegelman, igual que esto otro: "Todos los novelistas con los que me puse en contacto se mostraban intrigados por mi propuesta, y después salían corriendo". El que más convencido estuvo del rollo fue precisamente alquien que ha dado al azar un papel protagonista en sus novelas, el propio Auster, que llegó a pensárselo en serio y a vislumbrar una idea de lo que podía ser el tebeo: la visión de un muchacho flotando en el agua. Lo siguiente que supo Spiegelman fue que aquella visión se había convertido en la nueva novela de Auster, MR. VÉRTIGO, y que el escritor le invitaba a ilustrar la portada. Auster, al parecer, también le había dicho en algún momento que estaba convencido de que la expresión "más pura" de la forma del cómic (y las comillas son de Spiegelman) exigía que el texto y los dibujos fueran realizados por la misma persona.
El cómic es un arte retrasado.
Norma ha comenzado una nueva edición de la serie VALERIAN, AGENTE ESPACIO-TEMPORAL, un tebeo de ciencia-ficción escrito por el guionista Pierre Christin y dibujado por el gran Jean-Claude Mézières, un dibujante de la generación de Giraud al que personalmente considero superior a éste, como historietista y narrador. Dejando aparte esa cuestión, VALERIAN, serie que comenzó hace la friolera de casi cuarenta años, en 1967, y aún sigue produciendo nuevos álbumes, se considera un clásico de la historieta francobelga y en particular de la historieta de ciencia-ficción vertiente space opera, género dentro del cual puede afirmarse con tranquilidad que es el mejor tebeo que se haya hecho nunca, al menos hasta el momento. El mismo Will Eisner era un gran admirador de esta serie. Fuera del cómic, su influencia en el cine de ciencia-ficción a partir de STAR WARS (1977, George Lucas) es indiscutible y en algunos casos descarada y plagiaria. Para no enrollarme más, ahí enlazo un texto sobre Mézières que publiqué originalmente en la revista U # 23 (2002). 

¿Es cierto que "Retour au quartier lointain" está inspirada en un cómic de Jiro Taniguchi? La gente suele buscar en tus canciones referencias literarias, pero, ¿sacas muchas cosas de otros sitios?
Street Fighting Man sonando en los títulos de créditos finales, otro capricho más que les habrá costado una pasta. Créditos en los cuales, efectivamente, no aparece Alan Moore, sólo se refieren al cómic "ilustrado por David Lloyd". Vista la película, uno sospecha por qué el barbudo decidió retirarse de ellos. No es que sea muy mala ni muy buena, ni siquiera llega a macarra, es que no es. El fenómeno ya lo conocemos: autores mediocres pagando por adaptar un material que "les fascina" pero que han sido incapaces de crear por sí mismos, para luego "hacerlo suyo" y recrear en él "su mundo propio", aderezándolo con multitud de guiños y caprichos caros que pueden pagarse porque tienen dinero para ello. Por supuesto, en realidad lo único que consiguen es distorsionar la obra adaptada y parir un raro engendro que ni es el original ni, por supuesto, un material genuino y personal que logre llegar a ser algo más que mediocre.
Por otra parte, y esto es la leche, parece que Hollywood no se puede resistir a introducir una trama romántica explícita en cualquier película actual, aunque no venga a cuento y distraiga de lo que se está hablando: sí, la chica se enamora de V y V de ella, y, fatal, se lo dicen expresamente uno al otro, cosa que en el tebeo nunca se llega a explicitar porque ni hace falta ni se trata de un amor de pareja literal. Es para verlo, cómo el terrorista implacable y sistemático de repente golpea el espejo y lloriquea cuando la chica le abandona. V llegará a decir agonizante, gran despedida final, que su amor por Evey le ha "cambiado por completo". Ya digo, distorsión de los temas. De esto no iba la cosa, ¿verdad? Porque esa cuestión no se ha desarrollado en absoluto a lo largo de la película. A ello hay que añadir que en el guión hay abundantes guiños "de actualidad", así como para decirle al personal que la historia tiene algo que ver con nuestro presente. Lo cual es el principal problema que veo a la película, porque abandona el terreno de la parábola hacia el "realismo" y con ello diluye el terrible Estado totalitarista de corte orwelliano que aparecía en el cómic para dejarlo en una entelequia borrosa, que ni es eso ni es tampoco un Estado occidental actual, a pesar de las poco disimuladas referencias a Estados Unidos, o a cómo el gobierno programa mentiras sistemáticas para meter miedo a la población... e incluso organiza en secreto atentados masivos contra sus propios ciudadanos para conseguir los votos y el poder.
Entretanto, disfrutamos de una ensalada aliñada con diálogos literales del tebeo encajados en escenas donde no tienen el mismo sentido, con un líder fanático e histriónico de cartón piedra, John Hurt como Hitler de pacotilla, con una revuelta popular también de pega que apenas vemos en pantalla porque nos la explica en diálogos el inspector Finch/Stephen Rea sobre un montaje encadenado; una revuelta que, como decía antes, emerge de la noche al día en pocos minutos de metraje (no te la crees, por supuesto). Y hay también, que no se me olvide, "doscientas mil máscaras" (sic) que el terrorista V envía cómodamente por mensajería, en un Estado se supone que policial, a todos los hogares para preparar la traca del 5 de noviembre. Un detalle de guión absolutamente inverosímil (¿no era más sencillo dejar que el pueblo se las fabricara por sí mismo? Así al menos hubiéramos visto que estaban preparando la revuelta) que sólo se ha colado para justificar luego las "estampas visuales impactantes" de una muchedumbre disfrazada de V que acude al Parlamento a ver si estalla o no. Es el cine, amigos. Visssual. La metáfora, en imágenes: todos somos V, porque V no es un hombre de carne y hueso, es un ideal. Al final, alegato-empanada de Evey/Natalie Portman que insiste "con sutilidad" en la misma idea, todos somos V, etc., mientras estallan los fuegos artificiales, la Portman que es la única que no se pone la máscara (¿para que se le vea la cara a la estrella quizá, que para eso cobra un quintal?) y, como decía al principio, Street Fighting Man para cerrar en los créditos. En medio de tanto capricho de nuevo rico, lo de menos son los cuchillos en bullet time.
"Liniers es mejor que yo y eso me fastidia." Lo dice Juanjo Sáez en el periódico gratuito ADN. "Personajes absurdos, ideas sin un final gracioso, seres misteriosos, niñas que hablan con gatos, señores que ponen títulos a las películas, pingüinos inteligentes, máquinas sensibles y gente que anda por ahí. No me refiero a las tiras de Liniers, sino a la realidad". Pues sí, Juanjo hace tiempo que es fan de Liniers, cuyo MACANUDO (nº 1), un recopilatorio de sus tiras para el diario argentino LA NACIÓN, acaba de salir en España de la mano de Reservoir Books (Mondadori). Otra admiradora de Liniers, como resulta bien sabido, es Maitena.
El historietista e ilustrador Javier Olivares también se apunta al carro. Y muy bien que ha hecho, así todos podremos disfrutar desde la red con uno de los mejores ilustradores que hay ahora mismo. En el mundo, me refiero.
Diane Arbus sufrió constantes depresiones a lo largo de su vida. La mirada que hay en sus fotografías nos ofrece un testimonio indubitable de ese hecho. Hay algo muy triste en ellas, profundamente triste, pero no se trata de una tristeza sentimental o romántica, como si dijéramos producto de una sublimación o de un procesamiento de sentimientos, construida artificial y deliberadamente para provocarla en el espectador. No, no es esto. Es una tristeza directa, profunda, no construida, congénita, sincera, inevitable. La visión de túnel del depresivo haciendo la selección natural del material. Tristeza también lúcida, porque la mirada de Arbus posee mucho de aceptación de aquello que mostraba, sin juicios ni lamentaciones. La inherente e irremediable soledad del ser humano, su perpetua insatisfacción, su frustración, su cansancio, captados de la manera más pura posible. Sin ensalzarlos, sin idealizarlos, sin rechazarlos. Como explican en el catálogo de DIANE ARBUS. REVELACIONES (hasta el 14 de mayo, CaixaForum, Barcelona), una de las novedades de su fotografía estribó en una "audaz dedicación a celebrar las cosas tal como son". Su obra fue ampliamente imitada, y desde luego influyó en un buen número de fotógrafos contemporáneos, desde el mismísimo Richard Avedon, que fue amigo de la familia Arbus, hasta Alberto García-Alix.






Penguin está publicando nuevas ediciones de clásicos literarios. La novedad es a quién han pedido que ilustren las portadas . La de Thomas Pynchon, por cierto, fue solicitada expresamente por el propio escritor; fíjense a quién eligió para tal efecto. Pynchon, otro que no se entera.
USTED. Número 1, dos euros. Desde Valencia, Esteban Hernández se autopublica varias historietas cortas donde practica un costumbrismo ciertamente personal. Muy buen dibujante, Esteban posee ya un grafismo propio y demás procura jugar con diversos recursos gráficos y narrativos en sus historias. Sorprendente en ocasiones, Esteban tiene además muy buen gusto para confeccionar portadas sencillas pero efectivas e impactantes. Se nota la mano y la profesión.
GUTTER. Número 5, precio 1,50 ridículos euros para un "fanzine" sin aspecto de tal (está impreso y maquetado como una revista, y son 50 páginas a todo color). El colectivo de jóvenes autores Estilo Gráfico de Granada sigue derrochando entusiasmo para confeccionar un producto donde hay varias historietas de cosecha propia, entrevistas a autores de cómic (en este número, a Shelton y Carla Berrocal), reportajes sobre salones de cómic (El Ejido y Expocómic) y hasta reseñas de tebeos recientes. A destacar sus artículos donde explican técnicas de grafismo e historieta en plan "cómo hacer" esto o lo otro, por ejemplo en este número, una tipografía propia. GUTTER, además, tiene blog.
GAGARIN. Número 4, no indica precio. GAGARIN, rezan los créditos interiores, es un "fanzine de cómics de Ferran Esteve", al que me supongo, no hay que ser un lince, de Barcelona. Todas las historietas y tiras las firma Ferran, salvo la titulada ALUNIZAJE DE MIEL, una historieta loquísima de Guille Martínez-Vela. A Ferran le van las historias "minimalistas" (emplearemos el tópico para definirlas, a falta de otro mejor) donde juega, bromea o idealiza la vida cotidiana de los veinteañeros indies. Adivino que a Ferran le gusta tanto el "mítico" fanzine CÍRCULO PRIMIGENIO como el trabajo de Juanjo Sáez. No es ninguna crítica; Ferran tiene su propio estilo, que oscila entre la languidez sentimental y lo humorístico.
¿Oportunismo, dicen algunos? Yo diría más bien capacidad, y también osadía, para tratar temas polémicos que están de candente actualidad y que preocupan a todos. Me refiero al nuevo caso de JACK PALMER, el incompetente detective creado en 1974 por René Pétillon (Lesneven, Francia, 1945), esta vez contratado para investigar la desaparición de una joven francesa de clase bien que, al parecer, podría haberse convertido en una fundamentalista islámica. El álbum se titula, como muchos ya sabéis, EL CASO DEL VELO y lo ha editado en castellano Norma, en un curioso formato híbrido que combina el tamaño de "novela gráfica" (el ancho y alto aproximado de un libro, vamos) con el álbum europeo, por el tipo de papel y el cartoné brillo de portada. 